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Ortodoxias y heterodoxias | 19/02/2026

Un libro para leer y rumiar

Juan Antonio Morales
Juan Antonio Morales
Una de las publicaciones nacionales más importantes de los últimos años es el libro de Gustavo Fernández Saavedra La caravana sigue (Plural, 2026). Quiero sumarme a Carlos Mesa Gisbert, Sonia Montaño, Salvador Romero Ballivián, Carlos  Toranzo y Alfonso Gumucio en sus elogios al libro y a la extraordinaria carrera de Fernández. 

El libro contiene las memorias de un servidor público, nacional e internacional, ejemplar, y un fino tratado de ciencia política y de diplomacia. Cito al autor con relación a sus memorias “las ideas que abracé toda la vida, la integración latinoamericana, la democracia y el mar, laten tan fuerte como el primer día”.

En efecto, Fernández es un demócrata convencido. Apoyó el retorno de la democracia con los expresidentes Walter Guevara y Hernán Siles Zuazo. Guevara fue posiblemente el actor político más inteligente de la Revolución Nacional y a Siles Zuazo la historia lo juzgará más benévolamente que a sus contemporáneos.

Fernández fue también un estrecho colaborador del presidente Jaime Paz Zamora. Ha de destacarse su determinante contribución a la Constitución de 1994, no solamente por sus ideas que modernizaron al país, pero también por su gran capacidad de convencimiento. Si se hace una comparación de la Constitución de 1994 con la del 2009, se notará la gran diferencia cualitativa de la primera con relación a la segunda.

Gustavo Fernández hizo sus primeras armas de funcionario internacional en lo que entonces se llamaba el Grupo Andino (ahora Comunidad Andina de Naciones, CAN). A mí siempre me ha parecido que la integración económica era una gran idea. Por cierto, era un proceso laborioso, a veces irritante por sus lentitudes, pero al final del camino se lograría la tan deseada industrialización. La corriente neoliberal imperante en el segundo quinquenio asestó un fuerte golpe al proyecto de integración, del que no termina de recuperarse.

Como diplomático y Ministro de Relaciones Exteriores, en varias ocasiones, Fernández mantuvo cercanas y frecuentes relaciones con las personalidades políticas más descollantes del hemisferio y de más allá. Era y es muy respetado en los círculos políticos y diplomáticos de la región.  Preparaba muy bien sus estadías como embajador interiorizándose de la historia, el pensamiento y la política de los países a los que se lo nombraba. Siempre mantuvo una visión de toda la región y del lugar que Bolivia ocupaba en ella. Como comentario lateral, el libro es un Who is who de las Américas.

Luego de terminar sus funciones como Ministro de la Presidencia y luego de trabajar un tiempo en la sede de la Unctad en Ginebra, Suiza, regresó al país en la presidencia de Banzer y fue nombrado cónsul en Chile. Trabajó arduamente en el tema, que lo tenía cerca del corazón y lo obsesionaba, que es el de acceso soberano de Bolivia al mar. Se tenía el antecedente de la reunión de la OEA de 1979 en La Paz, que culminó con un apoyo sin ambigüedades a la reivindicación boliviana. 

Concibió la idea de un desarrollo tripartito entre el norte chileno, el sur peruano y el occidente boliviano, que sería un punto de partida para lograr la aspiración boliviana de salida soberana al mar.  Las páginas del libro dedicadas a plasmar esas ideas son de una gran profundidad y nuestros diplomáticos podrían leerlas provechosamente.

En un libro apasionante, la sección más apasionante es la que se refiere a las negociaciones con Chile y el Perú, así como con los consorcios hidrocarburíferos de una salida por el Pacífico para el gas natural líquido (GNL), para llegar a México y de allí a California.  Con Chile se había obtenido grandes progresos, a pesar de la oposición de una parte de su Ministerio de Relaciones Exteriores y de ciertos segmentos de opinión conservadores. 

Las negociaciones con el Perú fueron más problemáticas porque ese país veía con recelo el acercamiento a Chile y porque tenía el proyecto propio del yacimiento de Camisea. No tenía mayor interés en un proyecto tripartito.

Es una lástima que el proyecto del GNL no hubiese prosperado. No está en el libro, pero es mi criterio personal que la llamada Guerra de gas no tuvo sentido y que se basó en falacias.

Juan Antonio Morales es PhD en Economía, fue presidente del Banco Central de Bolivia.



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