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La curva recta | 15/02/2026

Reiniciando relaciones diplomáticas

Agustín Echalar
Agustín Echalar
Ayer se conmemoró 147 años de la acción que inició la Guerra del Pacífico, por la cual Bolivia perdió una importante cantidad de territorio; vale decir, toda su costa, el departamento del Litoral, ubicado muy al sur, al otro lado de la cordillera. 

La guerra fue abusiva y seguramente injusta, más allá de que fue Bolivia la que, confiándose en el Perú, la declaró. Se puede entender la reacción de nuestros antepasados respecto a ese conflicto, la animadversión hacia el país agresor e, inclusive, las ansias de volver al mar, hasta de recuperar Antofagasta, pero –reitero– eso está bien para los bolivianos de la primera mitad del siglo XX.

A estas alturas, la experiencia debería decirnos que el tema en cuanto a las relaciones con Chile va por otro lado. Casi un siglo y medio después, la realidad debe imponerse, sobre todo luego del enorme fiasco en La Haya, orquestado por el MAS con el solo fin de eternizarse en el poder.

Hago esta pequeña reflexión debido a que el nuevo gobierno ha ofrecido un nuevo enfoque para nuestra diplomacia con Chile. Se ha hablado de reabrir embajadas en Santiago y en La Paz.  La propuesta es lo más sensato que se puede hacer. 

Es ridículo, y lo fue el día en que se rompieron relaciones, en el año 1962, y, nuevamente, en 1978, el no tener una embajada bien puesta y operante entre vecinos, aún teniendo enormes desavenencias. 

La idea de formalizar las relaciones diplomáticas puede ser muy ventajosa, sobre todo porque se levantan resquemores, lo que podría ayudar a fluir de mejor manera el comercio, la inversión y un genuino acceso al mar. Vale decir, las mejores facilidades para que podamos usar los puertos chilenos, ante todo los que una vez fueron peruanos (Arica e Iquique) y también Antofagasta, que fue tomada ese luctuoso 14 de febrero.

La experiencia a más de un siglo desde la firma del Tratado de 1904 tiene que hacer entender al colectivo boliviano y a sus autoridades que se trata de un capítulo completamente cerrado,  y que por el bien del país se tiene que actuar a partir de los hechos consumados. Más vale tarde que nunca.
 Estos nuevos tiempos, que deben estar completamente alejados de los errores del MAS, tienen que tener la idea clara de que las nuevas relaciones diplomáticas entre ambos países son tremendamente importantes y pueden ser muy beneficiosas para Bolivia, pero siempre y cuando no sean parte de una estrategia para volver al reclamo marítimo. Bolivia necesita facilidades absolutas en los puertos, no necesita soberanía en los mismos. 

Si el reinicio de relaciones diplomáticas plenas se da, ya me imagino la plañidera del “Nocapi” Lara (nocapi, dicese de quien fue capitán de la Policía, fue retirado de la institución pero que insiste en llevar un apelativo que no le corresponde, para una nueva edición de la coda al diccionario de JPS) y la adscripción de los opositores oportunistas. No hay como el (falso) patriotismo para lucirse. 

El nuevo gobierno de Chile ha adelantado que tendrá una política muy estricta respecto a las fronteras, vale decir la peruana y boliviana. Eso no está mal y no debe preocupar a los bolivianos, aunque implicará un sinceramiento respecto al rol que juega el comercio de la droga hacia ese país y el lavado de las ganancias del mismo. 

Si este gobierno reinicia relaciones diplomáticas plenas con Chile estará demostrando que es el gobierno de una Bolivia que es capaz de librarse de sus fantasmas y, por ende, de sus traumas. 

Agustín Echalar es operador de turismo.


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