Vivo a 28 kilometros de la maltratada plaza Murillo, el centro del poder Ejecutivo y Legislativo del país, y no puedo llegar a la ciudad si no es haciendo ridículos transbordos, porque la única ruta que une La Paz con mi municipio esta bloqueada al inicio de este. Es un secuestro soft, no es que no pueda pasar, es que simplemente es mucho más difícil.
La ruta que ha sido bloqueada, técnicamente lleva hasta Cochabamba, pero nadie en su sano juicio usa ese camino, que es largo y accidentado; en realidad termina tal vez unos 30 kilómetros más abajo, en medio de las vegas que se forman al pie del illimani.
¿Quienes son los más perjudicados con este bloqueo? En primer lugar los productores de hortalizas que suplen el mercado de La Paz; luego todos los que vivimos en la zona, entre otros muchos citadinos que por diversas razones se han ido a vivir a ese lugar de clima amable.
En la zona donde vivo están los vecinos, gente como yo, que dejó la ciudad, y los comunarios, que son quienes siempre vivieron allí, ya sea bajo régimen de hacienda, antes del 52, o como comunidades autónomas. La convivencia de estos grupos es amable, los unos se benefician de los otros, y vice versa.
Hay diferencias culturales profundas, no solo el idioma, sino conceptos de vida muy distintos. También hay diferencias económicas, aunque ese no es necesariamente un plano de blanco y negro: hay vecinos con economías restringidas y comunarios con ingresos importantes. De hecho, las fiestas más fastuosas las hacen los miembros de las comunidades.
El bloqueo de la carretera perjudica a la gente del lugar. Si este persistiera no haría mucha mella en la vida, ni siquiera de La Paz, la verdura llegaría de otros lados, Cochabamba o Arequipa, y esta zona podría languidecer en un bloqueo sin fin. No es importante para el país que esta carretera quede expedita.
Uno se pregunta, ¿por qué la gente, vale decir los comunarios, se hacen a sí mismos este daño? Una respuesta sencilla sería primaria, y seguro prejuiciosa. El asunto es complicado y nada alentador, el fantasma de Evo sigue caminando por estas vegas.
El triunfo electoral de Morales hace 20 años se dio porque precisamente la población indígena se sintió por primera vez identificada con un candidato, y este, ya en calidad de presidente, gobernó un país que había heredado las condiciones ideales para gozar de una bonanza nunca antes vista. Esta bonanza fue utilizada para hacer una serie de obras en la zona rural; mientras, de paso, se consolidaba la imagen mesiánica de Evo, todo para garantizar la permanencia en el poder de Evo y su entorno.
La gente identifica el gobierno de Morales como un período dorado. Evo les habría dado dinero para una serie de obras que se hicieron en su municipio. Su memoria es frágil, no se acuerdan de que antes de Evo hubo la Participación Popular, pero ese es otro tema.
Los abusos de poder, las violaciones a la Constitución, el referendo no respetado no significan mucho para la gente; pesa más esa identificación étnica, que no puede ser soslayada ni minimizada, y esas obras que no sirven de mucho si no hay dinero ni para pagar el combustible que se debe importar.
Tampoco juegan un rol importante las acusaciones contra Evo respecto a su afición por mujeres jóvenes, ese comportamiento es ilegal y debería tener consecuencias legales, pero no tiene una condena social explicita (aclaremos que no hay pedofilia en juego).
La gente ama a Evo, o lo que él significó. En la sede del sindicato de Huajchilla, su foto como presidente del Estado Plurinacional sigue adornando su salón de honor.
Quienes están haciendo el bloqueo, lo hacen por disciplina comunitaria, posiblemente un tanto forzada, con amenazas de por medio, ya sean estas concretas, o porque si no se participa en estas acciones más adelante no se tendrá voz en la comunidad. Pero también lo hacen por convicción, porque aman lo que fue el gobierno del MAS y porque la demagogia vende discursos bellos.
Y bloquean también porque están siendo desinformados, les han dicho que cobrarán impuestos por cada vaca que tengan, o por cada carga de verduras que lleven a la ciudad; es como cuando en 2000 hicieron creer a los ribereños del Titicaca que el gobierno iba a privatizar el lago.
El masismo no solo se gastó toda la plata de la bonanza del gas, no solo creó un Estado que impide inversiones serias, sino que se gastó ingentes cantidades de dinero en hacer de Evo casi un ser inmortal ( ahora convertido en zombie). El programa Evo Cumple era también un mecanismo corrupto que utilizaba el dinero del Estado y la construcción de infraestructura necesaria, como lo dije más arriba, para consolidar la imagen de ese líder y para eternizarse en el poder.
No creo que sea fácil o posible convencer a esa parte de la población boliviana –que seguro no es mucho más del 20% de todos los bolivianos– que Evo no es lo que les hicieron creer que fue. Espero que el cansancio, o un par de días de torrenciales lluvias acaben con los bloqueos, que son anticonstitucionales, nocivos y que atentan contra los más elementales derechos del ciudadano. Y esperemos que la conspiración que está en marcha y que aprovecha estos sentimientos fracase en su intento.
Agustín Echalar es operador de turismo.