En el terreno internacional, las noticias de nuestra prensa en estas últimas semanas han sido dominadas por dos grandes eventos: la cumbre de Miami y los ataques contra Irán. En términos de impacto directo, la cumbre es más importante para Bolivia que la guerra, pero sus consecuencias no se verán de inmediato. Al contrario, el conflicto ya está teniendo un efecto en todo el planeta a través de los precios del petróleo.
Sin embargo, sería prematuro hacer un balance de la guerra en Medio Oriente hasta saber cuánto se va a extender y cómo será esta vez lo que llamen paz. Lo que se ve por ahora es la determinación de Irán de resistir a pesar de los cientos de muertos y la destrucción, y que los efectos de la cadena económica ya se sienten en el principal responsable, que quizá acabe declarando victoria, con tal de que los precios de la gasolina no sigan subiendo en sus surtidores.
El menos complejo de los dos eventos es la cumbre. Estados Unidos convocó a un número de presidentes de la región para discutir y supuestamente ponerse de acuerdo sobre cómo llevar adelante la lucha contra el narcotráfico y otras amenazas externas, expresión críptica para referirse a la creciente influencia de China en este hemisferio. Los discursos han hecho muchas referencias al primer ítem de la agenda y han guardado un conspicuo silencio sobre lo segundo, pero no creamos que ha dejado de ser una preocupación del gobierno de Trump, pues la cuestión es de mucho peso.
“Durante años, la política de Washington para América Latina ha oscilado entre el abandono y el alarmismo sobre las amenazas a la seguridad, los flujos migratorios, los regímenes de izquierda y la influencia china. El resultado es una región que ha aprendido a reconocer las preocupaciones de Estados Unidos mientras cobra discretamente cheques chinos”, dice el analista Oliver Stuenkel (NYT, 10/3/26) y observa que la estrategia de Beijing ha sido basada en su característica paciencia y sus muchos yuanes. Sigue él:
“Desde 2005, los bancos chinos han concedido a la región más de 120.000 millones de dólares en compromisos de préstamos, en los sectores donde el capital occidental es reacio al riesgo. Incluso los líderes más alineados con Estados Unidos practican una especie de cobertura estratégica. Mantienen los lazos con este país, pero no quieren que Trump dicte los términos de su relación con China”.
Eso se debe en gran parte a que el enfoque de Trump no ofrece incentivos.
“Washington no ha sabido explicar cómo los países latinoamericanos se beneficiarían de distanciarse de China. (…) Algunos países tienen pocas opciones. (…) Pero la mayoría de los países de la región dependen menos de Estados Unidos y se han ido integrando cada vez más con China y otros socios. (…) Las relaciones con múltiples centros de poder proporcionan flexibilidad diplomática frente a la volatilidad de cualquier actor importante.
Este tipo de cobertura es también una cuestión de pragmatismo económico. Durante décadas, las empresas chinas han construido puertos, centrales eléctricas e infraestructura de telecomunicaciones en todo el hemisferio, financiando proyectos que los financiadores occidentales han sido reacios a apoyar".
Considerando el papel crítico que juega el dinero chino en los proyectos de infraestructura de la región y las pocas posibilidades inmediatas del capital gringo de ocupar su lugar, la pelea por desalojar a China será compleja. Esta es la dinámica en que Trump quiere actuar, pero, ante la ausencia de declaraciones al respecto, debemos suponer que esta agenda ha sido relegada a los pasillos para posterior seguimiento.
La reflexión final de Stuenkel es digna de tomarse en cuenta:
"Una estrategia centrada en la asociación resonaría más con los gobiernos latinoamericanos y recordaría a la región que una buena relación con Estados Unidos sigue siendo valiosa por sí misma, al menos por ahora".
En contraste, la lucha contra el narcotráfico -o narco terrorismo, como prefiere llamarlo Trump para tener más libertad de acción- ha estado en muchas declaraciones. Lo esencial se resume en lo que dijo Trump al final del evento:
"Trump comparó la ofensiva contra los cárteles con la estrategia utilizada por Estados Unidos y sus aliados contra el grupo extremista ISIS en Medio Oriente, y afirmó que su país está dispuesto a tomar las medidas necesarias para proteger su seguridad nacional". (BD, 7/3/26)
Nótese el adjetivo posesivo "su" en la última línea. En esta amenaza se ve la unidad de métodos y propósitos entre la diplomacia en Miami y las bombas sobre Teherán.
Si consideramos las acciones del gobierno de Trump contra embarcaciones en el Caribe, en las que ya se han asesinado a 150 personas -entre quienes han podido estar pescadores y traficantes - y la incursión en Venezuela, es probable que las intervenciones en la región sean decididas en Washington y los Gobiernos de la región sean forzados a “coordinar” con alfombra roja.
Ecuador ya ha recibido una de estas visitas armadas, pero dada la magnitud de su problema con el narcotráfico, es posible que haya sido en respuesta a un SOS. Ya nos tocará verlo en casa si se quiere meter a la República independiente del Chapare en el juego, y no creo que sea bonito.
En estos días, “Estados Unidos ha declarado al Comando Vermelho y al PCC -dos importantes organizaciones criminales del Brasil-como amenazas a la seguridad regional”, (Folha de SP, (10/3/26). Brasil está haciendo gestiones para que no se los denomine grupos terroristas, con lo que se abriría la posibilidad de una intervención norteamericana en territorio brasileño. Aparentemente, estos grupos tienen lazos con Bolivia, por lo que esta posibilidad podría afectarnos.
En esta misma línea, es difícil decir si Evo Morales, ya momia política, merece el esfuerzo de llevárselo en helicóptero, como él parecer temer, pero si sucediera, sospecho que muchos bolivianos celebrarían, como si no hubiese en ello mella a la dignidad nacional. Yo preferiría que sea nuestra Justicia la que se encargue de ponerlo tras las rejas, pero por corrupto y sedicioso.
Los titulares de nuestra prensa dedicados al evento en Miami han sido en su casi totalidad jubilosos, rayando en la ingenuidad. El Presidente ya hizo sus declaraciones bonitas; ahora le toca informar al país a qué acuerdos significativos ha llegado –o qué instrucciones ha recibido–con relación a China y la lucha contra el narcotráfico; lo bueno, lo malo y lo difícil, y sobre todo lo que potencialmente afecten nuestra soberanía; aunque sea nomás para saber a qué atenernos.
Jorge Patiño Sarcinelli es escritor boliviano.