Si los estudiantes urbanos tienen acceso a computadoras, nada más justo socialmente que no dejar atrás a sus equivalentes rurales y hacer que gocen del mismo beneficio. ¿Quién podría, entonces, oponerse a un proyecto que proponga llevar computadoras a todas las escuelas rurales? Es justamente lo que está preparando nuestra primera dama según un reciente titular de prensa:
“Enseña por Bolivia lidera el componente pedagógico de alianza que impulsa educación digital en áreas rurales” (La Razón, 6/3/26).
De la noticia se infiere, como veremos abajo, que se trata de una iniciativa ambiciosa; algo así como una reforma educativa digital en el área rural, por lo que es importante hacer correcciones a tiempo.
En la reflexión que sigue discutiré las siguientes preocupaciones que surgen de la noticia:
a) Un proyecto de transformación de la educación en escala nacional debe ser liderado por el Ministerio de Educación y no por el despacho de la primera dama o por un ONG, como informa la noticia. La ministra aparece en la foto, pero no se han difundido declaraciones de ella al respecto.
b) La ONG Enseña por Bolivia (ExB), que según la noticia “liderará” el proyecto, dista de tener las calificaciones necesarias para realizar esta tarea.
c) No ha sido informado el método utilizado para la selección de esa ONG.
d) Hay algunas deficiencias de orden técnico que deben al menos ser aclaradas.
Con la educación sucede algo peculiar. Casi todos creen que, con haber ido al colegio y la universidad, esos 18 años de pupitre los convierten en expertos en la materia. Es como si por haber sufrido diez cirugías, alguien fuera ipso facto cirujano.
Veamos ahora esas preocupaciones en más detalle:
Está bien que la primera dama se interese por la educación –y por un “reordenamiento de la gestión social” (¡nada menos1), como señala otra noticia (BD, 6/3/26)–, pero su participación no debería vulnerar el orden administrativo del Estado ni usurpar funciones que pertenecen a reparticiones existentes.
En el anuncio del proyecto, la primera dama se refiere a la sostenibilidad. Si ella conoce lo que significan los esfuerzos serios en educación, debería saber que estos tienen ciclos largos, y la única manera de asegurar la sostenibilidad es integrarla a una política de Estado, liderada por una unidad del Estado, y no dejarla en manos de una ONG.
La ONG que liderará el proyecto ha sido creada hace cuatro años, y su sitio web lista entre sus “impactos”: “776 maestros, 14 mil estudiantes y 97 unidades educativas. Es decir, no hace la elemental distinción entre cifras operativas y el impacto medible de estas operaciones.
Dice la nota que “El componente diferencial del proyecto radica en el trabajo directo que realizará ExB dentro de las escuelas. La organización acompañará a docentes y estudiantes para fortalecer liderazgo comunitario, habilidades digitales y metodologías pedagógicas que permitan integrar la tecnología de forma efectiva en el proceso educativo”.
En su corta vida, ExB ha capacitado a 776 maestros. ¡El proyecto en cuestión deberá capacitar más de 38.000! Hacer este ambicioso trabajo en 11.600 escuelas requiere un equipo y experiencia bastante mayores a los que parece tener la ONG.
¿La primera etapa del proyecto será entonces ampliar y capacitar al equipo de ExB a costo del proyecto? Nadie encargaría la construcción de un edificio de 30 pisos a tres albañiles, por hábiles que sean en su oficio.
Considerando las deficiencias para ejercer el liderazgo anunciado, cabe preguntarse ¿cómo fue seleccionada esta ONG? Creo que la actual ministra de Educación ha tenido alguna relación con la ONG, pero si es así, estaríamos ante una contratación directa de una organización vinculada. No está bien y se ha criticado mucho al MAS por cosas parecidas.
Que la ONG sea una organización sin fines de lucro no resuelve la observación, pues, aunque no realice un lucro, se beneficiará de la capacitación, de financiamiento y de poder jugar el papel anunciado; si lo logra. En todo caso, como mínimo, habría que ver si no hay otras organizaciones con más capacidad.
En la filosofía del 50/50 propuesta por el Presidente, el liderazgo operativo debe ser descentralizado para permitir que las regiones añadan sus perspectivas en lo que sea relevante, siempre bajo la dirección o coordinación del Ministerio.
Veamos algunos aspectos técnicos del proyecto, que analizaré con base en la nota de prensa.
Hay mucho énfasis en lo digital, pero no se dice nada de los textos escolares. Recordemos que la Reforma Educativa de la Ley 1565 elaboró textos en estas lenguas con contenidos expurgados de sesgos de raza y género. ¿Sabrá este equipo de su existencia? ¿Los textos escolares han pasado a la historia en esta concepción de la educación digital?
“La educación digital en Bolivia avanza bajo un modelo de alianza público-privada, que apuesta (…) por la transformación pedagógica en el aula”, se lee en dicha nota.
La transformación pedagógica suena muy bien, pero ¿hay un plan desarrollado para el efecto? ¿Hay un nuevo currículo digital? ¿Hay contenidos digitales en las lenguas originarias? ¿Qué nuevos métodos usarán los maestros? ¿No deberían ser desarrollados antes de capacitarlos? El presidente Paz ha dicho hace poco que los maestros son los actores más importantes de la Educación. ¿Se les dará espacio en el diseño?
El eje y sentido del proyecto está en proporcionar a los alumnos herramientas digitales. Al respecto, es importante señalar que las computadoras no son necesariamente buenas en el aula, y pueden ser perjudiciales para niños menores de 12 años. Es más, “recientes estudios muestran que leer en papel y escribir a mano generan más actividad cerebral” (El Mercurio, 16/2/25).
Sobre este aspecto, se debe señalar que los ejecutivos de Sillicon Valley mandan a sus hijos a colegios donde los celulares y las computadoras no ingresan al aula e incluso muchos de esos ejecutivos limitan su uso en casa, pues prefieren para sus hijos métodos de aprendizaje y entretenimientos más adecuados a la formación analítica y a la interacción social.
Los estudios muestran que la actual generación de niños es la primera cuya capacidad analítica y de aprendizaje es inferior a las de sus padres. Esto se explica porque las pantallas inducen menores tiempos de concentración en sus contenidos.
Estas son evidencias anecdóticas, quizá, pero, cuando se trata de la educación de los niños, la experiencia nos obliga a ver con mucha cautela las computadoras (en la que se deberá invertir millones) y reconocer la importancia a los textos escolares y libros en general, como instrumentos de aprendizaje.
“Cristóbal Roda y la Primera Dama coincidieron en que el desafío no es repartir computadoras, sino generar capacidades sostenibles y medibles en el tiempo”, se lee en la nota.
En esto estamos de acuerdo y esperemos que no adquieran las computadoras hasta que hayan capacitado a los capacitadores y a los maestros y se hayan desarrollado los nuevos contenidos y metodologías que estos deberán aplicar en el aula. Los proveedores de equipos, seguramente de ojo en el proyecto, deberían nomás esperar.
Para que no queden dudas; no digo que no se deba o no se pueda introducir computadoras en las escuelas urbanas o rurales, sino que se lo debe hacer respetando la institucionalidad y los procesos de contratación establecidos –tanto para equipos como entidades–, utilizando la debida capacidad técnica, habiendo desarrollado el nuevo currículo antes de lanzarse al campo y sin eliminar los textos escolares.
Si la Ministra de Educación cree en el proyecto debe asumir el liderazgo que le corresponde y le compete. El apoyo de la Primera Dama será, no lo dudo, siempre bienvenido. Pero si ella interfiere con los órganos responsables de la administración gubernamental, en lugar de fortalecer la gestión Paz –como debe ser su intención– estará contribuyendo a la improvisación destructiva, que el área de Educación, tan apaleada en los últimos años, no se puede permitir.
Jorge Patiño Sarcinelli es escritor boliviano.