La unificación cambiaria, es decir el cierre de las brechas entre el tipo de cambio oficial y los tipos de cambio paralelos, ha tenido un papel central en los programas de estabilización, incluyendo el del DS 21060 de 1985. En la actual coyuntura, es lo que está faltando.
Las brechas cambiarias entre el oficial y el paralelo causan una pérdida de eficiencia en la asignación de recursos, producen redistribuciones indeseadas de ingresos y riqueza, y comportan riesgos inflacionarios en la medida que disminuyen la demanda por moneda nacional. Hay numerosos trabajos académicos al respecto y numerosos ejemplos de distorsiones. El ejemplo más inmediato es el de la producción y exportaciones de oro.
Las exportaciones legales de oro del 2024-2025 estuvieron muy por debajo de las de 2023; las ventas de oro al BCB, en virtud de la llamada ley del oro, han estado también muy por debajo de lo que se esperaría.
¿Cómo lograr la unificación cambiaria? Hay varias avenidas posibles, cada una de ellas con sus pros y sus contras, pero todas tienen en común la importancia de la credibilidad y que tienen que ser sustentadas con políticas fiscales y monetarias rigurosas.
Una primera posibilidad es la de una maxi devaluación del tipo de cambio oficial, seguida de minidevaluaciones como las que se tenía con el bolsín, que parece ser la solución preferida por el FMI. Se volvería así al tipo de cambio fijo reptante, con una cotización en Bs por dólar, mucho más alta.
Una ventaja nada despreciable de esta solución es que se tendría un tipo de cambio real competitivo. El tipo de cambio real es el tipo de cambio corregido por las inflaciones nacionales y las de nuestros socios comerciales. Un tipo de cambio real competitivo ayudaría a nuestras exportaciones de manufacturas (los commodities se cotizan en dólares y la política cambiaria no tiene mordida), al turismo y, sobre todo, a la industria nacional que tiene que competir con importaciones, muchas de ellas de contrabando.
El peligro, nada menor, es que un tipo de cambio muy devaluado le dé un empuje a la inflación y desestabilice las expectativas inflacionarias.
La otra posibilidad es la de liberar completamente el tipo de cambio, en una fase inicial. En un principio el tipo de cambio quedaría determinado por la oferta y demanda de divisas. En esta fase la política monetaria debe ser muy estricta. Puede ocurrir que las primeras semanas el tipo de cambio aumente más rápidamente que la tasa de crecimiento del dinero, lo que se llama “overshooting,” pero esto será un fenómeno transitorio, si la tasa de crecimiento del dinero es baja.
Una vez que el mercado de divisas se haya asentado, el BCB puede intervenir comprando divisas, aumentando así sus reservas internacionales, para más tarde también venderlas si el tipo de cambio presentara subidas muy bruscas. El BCB tiene una propuesta muy interesante de doble subasta, como comprador y vendedor. Las intervenciones del BCB requerirán una calibración cuidadosa de la liquidez, tanto en moneda nacional como en divisas. Su Asesoría de Política Económica (APEC) tendrá un papel central, efectuando análisis y proyecciones.
Las actuales condiciones del mercado apoyan esta solución. Los tipos de cambio, de compra y de venta, del mercado mayorista, el mercado interbancario de divisas, muestran una gran estabilidad, que no debe ser confundida con inmovilismo. El mercado minorista ha sido también muy estable en las últimas semanas.
Por otra parte, la transferencia (el “pass- through”) es baja. A tomar también en cuenta que el dólar ha venido depreciándose con relación a las monedas de otros países industrializados y aún de economías emergentes. Sea dicho de paso, hay una relación entre los aumentos de precio de los commodities y las depreciaciones del dólar.
La liberalización de las tasas de interés también contribuiría al escenario ideal de tipo de cambio flotante e inflación controlada. La unificación cambiaria sumada a tasas de interés atractivas para los depositantes facilitaría la restitución de los dólares que están retenidos por las Entidades de Intermediación Financiera.
Juan Antonio Morales fue presidente del Banco Central de Bolivia.