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Sin embargo | 23/01/2026

Ir a la raíz del mal y Kushner (todavía)

Jorge Patiño Sarcinelli
Jorge Patiño Sarcinelli
La periodista Mariliz Pereira Jorge, ha publicado hace unas semanas (Folha de SP, 3/1/26) un artículo del que me voy a prestar para volver a un tema insoslayable: el papel de la educación masculina en el combate a la violencia de género. Sobre esto he escrito ya, pero la pertinencia y calidad de la reflexión de Pereira Jorge, justifica que vuelva al tema citando de su artículo. 

Las noticias confirman esa pertinencia. Los feminicidios en Bolivia siguen siendo hecho corriente y el país no tiene otros instrumentos para detenerlos que la ley y el castigo; que han demostrado no ser efectivos por sí solos. El artículo de Pereira Jorge aboga por una estrategia que ponga el énfasis en la educación de los hombres. La propuesta no es novedosa, pero no se trata de abogar por la novedad, sino por la adopción de una estrategia que vaya a la raíz del problema como eje de la lucha contra la violencia de género. 

Cito de su artículo:

“La realidad violenta exige un cambio de estrategia: atacar la causa de la violencia, la educación de los niños y el papel masculino en las relaciones y la sociedad, con políticas públicas que incluyan la escuela, la salud y la justicia”.

Los hechos en Brasil se parecen a los de nuestro país, con un número cada vez mayor de feminicidios, que no ceden a las medidas adoptadas. Con cuatro feminicidios y diez intentos de feminicidio al día, 2025 fue el peor de su historia. Cuando vemos la cantidad de estos crímenes que son cometidos por adolescentes, hay que reconocer que el desvío sicológico que los explica nace temprano. Aquí no estamos mejor, y nuestro instrumento, la mal formulada Ley 348, se ha mostrado poco efectiva. 

“Las cifras de feminicidio no cambian y los crímenes parecen adquirir nuevas formas de brutalidad. […] la indignación se convierte en satisfacción y las preguntas esenciales se evaporan: ¿cómo se forma un hombre que ve en su pareja una propiedad? ¿Qué repertorio emocional apoya la idea de castigo cuando escuchan un «no»?”

“El feminismo ha producido cambios innegables. Se ha arrojado luz donde antes había silencio: desigualdades, microviolencia, acoso en el trabajo, chantaje afectivo, control disfrazado de protección, humillación diaria, abusos tratados como una pelea de pareja”. 

“Este proceso cambia el lenguaje, presiona a las empresas, avergüenza a las instituciones, crea una especie de alfabetización social. Pero el aprendizaje se concentra en el lado que sufre y, cuando la conversación no llega a todos, la rueda patina”.

“El machismo no solo crea agresores, sino que genera expectativas imposibles. Los chicos aprenden que sentir es debilidad, pedir ayuda es vergüenza, ceder es perder estatus, ser rechazado es un insulto, ordenar es el destino natural”. 

“Cuando el feminismo desmantela privilegios, el resentimiento, la confusión y la ira permanecen. (…)  Sin un debate público sobre la masculinidad, la violencia se diagnostica como un producto social, pero sigue siendo la suma de casos aislados, sin un enfoque global”.

“Este tipo de problema solo se resuelve cuando se convierte en una responsabilidad compartida; no en una carga lanzada sobre quienes son golpeadas. El núcleo es el mismo: cómo hacer para formar hombres capaces de vivir con una mayor autonomía femenina sin recurrir a la coacción”.“Esta bandera debe también ser izada por los conservadores. Si la prevención se etiqueta como una agenda de izquierda, se convierte en ideológica, pierde alcance y muere en la intención. El debate debe ser abrazado por políticos de todo el espectro, con el mismo desafío: reducir la agresión contra las mujeres”.

Este punto es de extrema importancia. Mientras la agenda feminista sea rechazada como parte de la izquierda o falsamente asociada a lo woke, no lograremos los consensos necesarios para dar pasos concretos en todos los ámbitos relevantes. 

“Se trata de alcanzar diferentes clases, territorios y repertorios sin moralismo, sin guerra cultural. Los chicos aprenden la masculinidad en el colegio, en la casa, en la calle, en la iglesia, en su equipo, en sus móviles. La política debe entrar donde sucede la vida”.

“no se detiene una epidemia hablando solo con las víctimas. Si (los hombres) no entran en el debate como sujetos del problema y la solución, el país sigue alternando hashtags, duelo y estadísticas”.

En resumen, si no atacamos el problema de la violencia contra la mujer en la formación de los comportamientos desde la escuela, no habrá leyes ni castigos que logren una verdadera reducción de la violencia contra la mujer en todos sus ámbitos y formas. El hombre que alza la mano para matar no la detiene porque recuerda la 348 y de nada sirve a los hijos de la víctima que su padre vaya a la cárcel por 30 o 50 años, cuando lo único que querían era que su papá dejara de pegar a su mamá, y tenerla viva, claro. 

El caso Kushner es una muestra evidente del despropósito de nuestra estrategia de punición defendida por algunas personas; bien intencionadas unas y movidas por ideas fijas y sed de venganza otras. Mantener a este hombre en la cárcel es la consecuencia abusiva de una ley que no ha logrado que se cometa un solo feminicidio menos. Al contrario; tan defectuosa es su redacción y tan rígidas sus consecuencias, que ha logrado que se genere resistencia al objetivo mayor de combatir la violencia de género.

Para los que no lo recuerdan, nuestra Ley 348 elimina las distinciones de grado que hace el Código penal para otros crímenes; e.g. defensa propia, ausencia de intención, circunstancias mitigantes, insania, etc. Entre sus 50 páginas de lirismo, en gran parte inaplicable, está lo trascendental: "Artículo 252 bis. (FEMINICIDIO). Se sancionará con la pena de presidio de treinta (30) años sin derecho a indulto, a quien mate a una mujer, en cualquiera de las siguientes circunstancias: 

El autor sea o haya sido cónyuge o conviviente de la víctima, esté o haya estado ligada a esta por una análoga relación de afectividad o intimidad, aun sin convivencia.” …

Nótese la frase “cualquiera de las circunstancias”. Es decir, basta una de ellas para que la pena sea de 30 años sin derecho a indulto. 

La ley solo habla del autor y su relación con la víctima, sin mencionar si hubo intención de matar. Esto es relevante en el caso Kushner, ya que quedó claro por los hechos que él no tuvo intención de matar a Andrea y así lo ratifica la sentencia de los jueces, pero esto no fue suficiente, ya que la ley no contempla la falta de intención como mitigante.

Que se tratara de un caso fortuito -es decir, de un accidente- no importó a las valquirias que presionaron para que Kushner fuera sacrificado por una causa. Decenas de feminicidas, de esos de palo y cuchillo, están sueltos, pero la saña se ha volcado justo contra quien se ha visto envuelto en un trágico accidente. Esto delata el elemento de venganza que ha impulsado ese celo selectivo. 

He incluido aquí este comentario sobre el caso Kushner para poner en evidencia la importancia de reformar la 348 y quitarle este elemento de arbitrariedad que en nada contribuye al objetivo mayor de combatir la violencia de género, cuya estrategia se basa hoy en una mala ley, y no en la educación, como propone Pereira Jorge.

Como dije al inicio, sus reflexiones son tan directamente relevantes a nuestro país y la claridad de su argumentación tan difícil de mejorar, que me he limitado a ser comentarista de su artículo. Lo importante es divulgar y debatir estas reflexiones, que ojalá sean recogidas por quienes intervienen en la formulación de políticas y medidas concretas.

Jorge Patiño es escritor boliviano.


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