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Catalejo | 30/01/2026

Cómo superar definitivamente el atraso

Iván Finot
Iván Finot
Para poder superar definitivamente el atraso deben ser adoptadas medidas de corto y largo plazo. 

El gobierno de Paz Pereira ha reducido la subvención a los hidrocarburos, pero no la ha eliminado: mientras el precio promedio de la gasolina se encuentra en $us 1, 31 (Global Petrol Prices) y en Brasil en $us 1,15, en Bolivia está en $us 1,01 al tipo de cambio oficial y  $us 0,77 al paralelo, lo que explica el actual contrabando de gasolina hacia ese país.

Y el tipo de cambio oficial aún se encuentra sobrevaluado: Bs 1 por dólar = 1/6,86=0.15, mientras en el  mercado está en 1/9=0,11, pero el gobierno ha ofrecido modificarlo en los próximos meses. En lo sucesivo no debe ser mantenido fijo, su crecimiento debe ser similar al del índice de precios o incluso algo superior a éste.

Y algo parecido se puede afirmar sobre los precios de los combustibles: deben ser similares a los precios internacionales -que no sólo suben sino también bajan-, tenemos que volver a insertarnos en la economía mundial.

¿Por qué es más conveniente no mantener fijo el tipo de cambio, sino que aumente ligeramente por encima del índice de precios? - Porque hacerlo sería un incentivo para la producción nacional: importar sería más caro que producir. 

En cambio, mantener fijo el tipo de cambio, como lo hicieron los gobiernos del MAS, sobrevalúa nuestra moneda generando efectos exactamente contrarios a una industrialización: a pesar de que la inversión pública pasó de representar un 28 % de la inversión total en el 2000 a 64 % en 2024 (Siles H.), la participación de la industria en el PIB, en vez de aumentar, disminuyó: en el 2000 era 18 % y en 2014 había descendido a 14 % y siguió disminuyendo hasta llegar a 10,5 % en 2020 y seguir descendiendo en los años siguientes (en 2024 ya estaba en 10,3 %) (INE).

¿Cómo se generó la sobrevaluación? –Cuando hubo abundancia de dólares al incremento cuantitativo de las exportaciones de gas generado por la capitalización realizada por el MNR se sumó un aumento de sus precios, y la abundancia de dólares hizo descender el tipo de cambio, pero no mucho: de 8,04 (FMI) en 2005 a 6,86 a partir de 2012, y allí se lo mantuvo, lo que fue un acierto mientras aumentaban las exportaciones, pues por oferta y demanda el precio del dólar podía bajar más.

Las exportaciones de gas llegaron a un máximo en 2014: $us 6011 millones, llegando el total a $us 13.400– y pero después comenzaron a bajar: en 2018 ya estaban en  $us 2.938 y en 2020 en $us 1.877 (INE). Cuando empezó esta tendencia se debió devaluar, pero no se lo hizo, e importar siguió siendo más barato que producir, cuando era imprescindible estimular la producción privada y exportar más, pues las empresas públicas creadas estaban fracasando.

Y las importaciones siguieron creciendo, incluidas las de combustibles subvencionados -ahora nos enteramos, para que saliera de contrabando hasta un 40 % – y se usó las reservas monetarias hasta agotarlas. El dólar se disparó en el mercado libre y se desató la inflación. Así perdió Bolivia su mejor oportunidad para empezar a industrializarse.

La política del actual gobierno, de orientar el crédito externo hacia actividades exportadoras como minería, agroindustria y turismo es acertada, pero faltó una, la de software, cuya expansión implicaría un cambio estructural que nos permitiría superar definitivamente el subdesarrollo. ¿Cómo?

La inteligencia artificial es la macro-innovación contemporánea y ya se ha iniciado la carrera de micro-innovaciones a partir de ella, es decir, aplicarla a todos los sectores. Corea del Sur, que era mucho más pobre que nosotros, salió del atraso cambiando sus exportaciones de productos primarios, primero a partes eléctricas y luego, electrónicas, haciendo en éstas constantes micro-innovaciones. Nosotros podríamos hacer algo similar con la nueva macro-innovación.

Como es sabido, ya somos exportadores de software y hay que estimular esa industria para que vaya creciendo. Pero sólo podríamos especializarnos como país en aplicación sectorial de inteligencia artificial si logramos una educación de primer nivel. 

Y ello es posible si, según ya lo he propuesto, instauramos la competencia en la provisión de educación y destinamos nuestra renta de recursos naturales íntegramente a recursos humanos, comenzando con la formación de educadores de máximo nivel. La educación de Bolivia debe llegar a convertirse en una de las mejores del mundo. Otros países antes mucho más atrasados que nosotros lo consiguieron: Corea, Singapur, China… ¿Por qué no nosotros?

Iván Finot es economista especializado en descentralización y desarrollo.



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