En el corto período de dos meses el gobierno de Paz Pereira ha tenido dos grandes logros: eliminar el subsidio a los combustibles –excepto al gas licuado de petróleo– y bajar y estabilizar el tipo de cambio libre. Pero aún no se vislumbra cuál será la nueva estrategia de desarrollo: ha habido un intento improvisado de estimular la inversión privada, incluida la extranjera, pero la oposición de la COB –primordialmente de las organizaciones campesinas– ha logrado que esta política se tenga que materializar en leyes y no en un decreto.
La eliminación del subsidio a los combustibles –en el decreto 5516 se establece los precios y el procedimiento para calcularlos en adelante– ha sido viable porque el costo de las esperas para comprarlo era muy superior al precio de venta, y la baja y estabilidad del dólar, principalmente por los compromisos de crédito de la CAF y ahora del BID: va a haber dólares.
Lograda la estabilidad, lo mejor para Bolivia sería contar con una estrategia de desarrollo para abandonar definitivamente el rentismo y el extractivismo. ¿Qué estrategia? Los resultados de pretender la eliminación de la propiedad privada están claramente demostrados con el caso de Venezuela: después de haber sido durante muchos años el país con mayores ingresos por habitante de América Latina, ahora se encuentra entre los que muestran mayores niveles de pobreza: 39% del que 7,1% en pobreza extrema (BM 2025). Y, aunque no hay datos registrados para Cuba, se estima que este indicador es aún mayor que el de Venezuela (PBS 2025).
En Bolivia, felizmente, no hemos ido tan lejos, pero con los gobiernos del MAS hemos recaído en el estatismo: es decir, en que nos endeuden para invertir en empresas públicas que fracasan y después tener que pagar esa deuda durante muchos años, con menoscabo de nuestro crecimiento.
La primera vez ocurrió con la dictadura de Banzer, lo que desencadenó la crisis a la que tuvo que hacer frente la UDP y finalmente fue encarada con la Nueva Política Económica definida por el MNR. La segunda, con el modelo económico del MAS. ¿Cuáles serían los lineamientos para no volver a equivocarnos?
El gobierno de Paz Pereira acierta al plantearse como objetivo primordial reducir la corrupción, la peor característica del rentismo: ¿para qué esforzarse en trabajar e innovar si la manera más fácil de enriquecerse es que un partido político te conceda una prebenda?
La primera condición para reducir la corrupción es la meritocracia: para empezar, rediseñar todo el aparato público a fin de reducir a un mínimo necesario el número de funcionarios, reducción que puede ser mucho mayor adoptando tecnologías de información.
En segundo, que el reclutamiento para todos los puestos públicos –con excepción de los de confianza, como ministros y viceministros– sea por examen de competencia y concurso de méritos.
En tercero, que los contratos tengan duración sólo de un año y sean renovados o no según rendimiento o necesidad del cargo: la tecnología irá haciendo que cada vez se necesite menos. Y la segunda condición es que la corrupción sea castigada efectivamente con las peores penas.
Pero aún no se vislumbra claramente que se terminará con el estatismo. Para empezar, cerrar todas las empresas públicas que no son socialmente rentables –incluyendo en sus costos la depreciación de sus activos– y a las que son, someterlas a la competencia de la empresa privada: terminar con los monopolios estatales. Garantizar la inversión privada y enfocar la inversión pública a los servicios de infraestructura, al desarrollo de los recursos humanos y a investigación y desarrollo.
Como lo demuestra uno de los premios Nobel de 2025, Joel Mokyr (1990) –y lo confirman experiencias en Asia Oriental– la única manera de crecer sosteniblemente es la innovación tecnológica, particularmente las “micro-innovaciones”, que consisten en mejoras incrementales, adaptaciones y perfeccionamientos acumulativos de macro-innovaciones. La macro-innovación actual es la inteligencia artificial y las micro–innovaciones consisten en adaptar esa macro–innovación a los distintos sectores económicos.
Lo estratégico es alcanzar este objetivo. En Bolivia ya se está elaborando software de exportación, actividad que debe ser alentada con inversión en investigación y desarrollo por parte del Estado, pero para que la economía boliviana pueda enfocarse enteramente a la micro-innovación es imprescindible lograr educación de máximo nivel.
Iván Finot es economista, especializado en descentralización y desarrollo.