¿Era lo más prudente despedir a Andrea Barrientos, viceministra de Autonomías? Conviene recordar que un pilar fundamental en la campaña electoral de Rodrigo Paz Pereira consistía en promover la descentralización inmediata del país poniendo en marcha el atractivo 50/50 como fórmula fiscal definitoria.
Ese 50/50 fue el eje electoral en el juego electoral y fue propuesto por el Presidente Paz para ser aplicado a “las 24 horas de asumir el cargo”. ¡¿A las 24 horas de asumir el cargo?! Sí, Paz prometió aplicar esta reforma inmediatamente. Por ende, recordar a los líderes cruceños que aquella promesa tomaría “algún tiempito” significativo, como lo hizo Barrientos, era, en realidad, un recordatorio de la “intrepidez” del Presidente.
La viceministra decía, en buena cuenta, que lo que promete Paz no es serio. ¡Mejor se quedan esperando! Barrientos no se percató de la posición enfática de su contratista-presidente durante la campaña jurando que el 50/50 correría inmediatamente, aunque ya ungido como Primer Mandatario aseguró que antes de dejar el cargo en 2030 vería el temita con más rigor. ¡Ahorita no puede!
Mi posición es clara: lo que es branding de campaña electoral debe cumplirse. Lo que es promesa electoral no puede “demorarse”. Los candidatos más deslumbrantes de nuestra historia fueron poseedores de seductores imaginarios de campaña. Recordemos la Revolución del 52 con un triplete de brandingología: nacionalización de las minas, reforma agraria y voto universal. ¿Se cumplió ese triplete? Sí, claro que sí. No había dónde esconderse.
Asimismo, las promesas de “democracia” esbozadas desde los 70, ¿fueron convertidas en realidad? Sin duda. La democracia del 2026 procede de aquellos años. Lo que era una idea de campaña devino en una realidad incuestionable. ¿Y Evo Morales tuvo la capacidad se convertir su derroche de sueños en políticas públicas? Sí, Morales planteó poner en marcha una Asamblea Constituyente, una nacionalización de las empresas privatizadas a través del proceso de capitalización e incluso “indigenizar” el aparato público. ¿Cumplió? ¡Como un campeón! No falló en nada. ¿Qué muestra, pues, la historia de Bolivia? Muestra que quien promete cumple.
¿Cuál es el branding de Paz? Terminar con el “Estado-tranca”, alentar el “capitalismo para todos”, permitir que “Bolivia salga al mundo y el mundo venga a Bolivia” y, como lo vimos, promover el disputado 50/50. No son los únicos elementos en disputa, pero son los principales. ¿Qué significa eso? Paz debe tener sendas realizables para cada componente. Propuestas claras. Pero, ¿se puede tener políticas públicas perfectamente nítidas ni bien se es gobierno?
No. A Paz Estenssoro le costó moldear, por ejemplo, la reforma agraria entre aquellos que querían una reforma menor que diera mejores derechos a los empleados-pongos hasta aquellos que querían una distribución audaz, como la que finalmente se tuvo.
La democracia de finales de los 70 tuvo un sello identitario que sólo se pudo ir mejorando en la siguiente década con la descentralización de 1994 y/o la elección de diputados uninominales (por dar un par de ejemplos). Y/o la misma Asamblea Constituyente tuvo que ser “pulida” por el Congreso Nacional con aproximadamente 145 reformas.
¿Qué quiero decir? Pues que la respuesta de Paz no puede ser hablar de las “60 leyes”, los cientos de decretos, las mil resoluciones y vaya a saber qué más que impidan el cumplimiento de lo prometido. Paz debe planificar un proceso de cumplimiento claro para el 50/50 que suponga la realización de seminarios, talleres, encuentros y lo que corresponda.
Vale decir, la respuesta de Barrientos no es mala ni buena, ¡es abstracta! No aterriza nada y genera obvia indisposición en líderes como Branco o Camacho. No se puede ni debe actuar como si el branding del Presidente sea un detallito menor. El branding debe cumplirse y para lograr ese propósito hay que tener un plan claro. Ojo: no sólo con este asunto del 50/50, sino con los otros pilares del imaginario electoral.
No hay duda que Paz no imaginó llegar a ser Presidente. Por ende, soltar promesas electorales demasiado audaces no parecía un pecado. Parecía sensato. Había que acortar distancias y prometer banalidades no parecía razonable. ¡Había que tirar la política por la ventana! Había que hacerlo casi sin responsabilidad, ¡sólo con el deseo de seducir!
Su campaña tuvo precisamente el mérito de seducir al electorado con idílica grandiosidad. Sin embargo, la realidad sorprendió a moros y cristianos y Paz fue Presidente. El branding electoral ya no fue más ensoñación electoral, ¡fue una promesa que requiere cumplimiento! Todos los presidentes de épocas cruciales lo hicieron. ¿Paz podrá hacerlo? Despedir a Barrientos es un esbozo de respuesta: “no hables Andreíta, ¿no ves que se van a acordar que hicimos una promesa?”
Diego Ayo es cientista político.