Un aplauso sonoro al Presidente Paz. Tras 90 días tenemos un país estable. Tengo, pues, la necesidad de felicitarlo. Paz Pereira vive un tiempo de sonora legitimidad ante la novedad gubernamental. Empero, este fenómeno no es ni puede ser eterno. Quiero, por tanto, ser enfático en la tesis que defiendo: este periodo de jauja social no dura mucho ni en Bolivia ni en ninguna parte.
No hay una fecha exacta de quiebre que pueda alarmar a un gobierno, pero es pertinente entender que la deslegitimación, aunque tarde, llegará. Ejemplos: el expresidente Arce jamás lo supo y mientras su legitimidad era enorme se dedicó a encarcelar opositores. ¿No se dio cuenta que su “periodo de gracia” tenía fecha de expiración? No, no se dio cuenta. Podríamos pensar que este minúsculo sujeto no se dio cuenta casi de nada y eso lo exculparía.
Pero no, un hombre de innegable inteligencia como Carlos Mesa tampoco se percató de la deslegitimación en ciernes. Es difícil negar que el Presidente nacía en su cargo en 2003 del brazo de Felipe Quispe y terminaba su presidencia en 2005 echando bocaisapos desde el balcón del Palacio. ¿Qué quiero decir? Un presidente debe preparar el terreno para esta indefectible fase de deslegitimación prospectiva.
¿Lo está haciendo este nuevo Presidente? Hay evidencias sugerentes para dudar. Ya lo vimos con un Tribunal Electoral elegido al margen de figuras ejemplares como Jimena Costa, Mary Vaca, Raúl Peñaranda. Nadie reclamó. Ante la decadencia de un masismo saliente y la legitimidad presidencial, pareció todo correcto. No lo fue. La ausencia de reclamo no quiere decir que el asunto se haya zanjado con probidad.
Es de peor talante lo sucedido en torno al “caso 32 maletas”. Es de burla cantinflesca que la señorita Rojas esté presa y las maletas se hayan esfumado. El MAS plantó un país de narcotráfico y no es sensato que cosechemos el fruto en este nuevo gobierno. Insisto: no es un caso menor, ¡es la piscina donde chapoteaba Evo como un campeón!
¿Hay más? Claro. Colocar a una profesional masista en la Contraloría no es malo en sí mismo, no tengo dudas que debe haber muchos profesionales destacados del MAS (bueno, no sé si muchos, pero algunos), lo que es malo es dejar que el Presidente decida bajo el molde de Evo Morales. Es un cargo institucional y merece cubrirse con profesionales que ganen ese cargo como se debe y no como el Presidente lo disponga. Si al final ganan 25 masistas los más de 30 cargos institucionales que hay, pues bien. Qué así sea.
Lo que no podemos permitir es que se forje un hiperpresidencialismo continuador del masismo negando la institucionalidad que debe caracterizar a los entes estatales como la Contraloría, el Servicio de Caminos, Impuestos, Aduana, YPFB, el Banco Central y más.
Tampoco es sensato que un candidato prometa en campaña y no se le pida que cumpla sus promesas. El Presidente Paz prometió el 50/50 desde el primer día. Ahora resulta que lo hará el último mes de gobierno. No es correcto. Entiendo que no hay recursos, pero también entiendo que se debe avanzar en una suerte de “pacto por las regiones” o algo dialógico/pactista por el estilo desde ya.
Asimismo, recordemos que su perdonazo tributario, la rebaja del IVA y eliminación del IT, además del cierre aduanero, también fueron promesas de campaña que todavía no se cumplen. Entiendo las dificultades, pero al menos se debe tener un cronograma tentativo que diga cuándo se procederá a cumplir estas promesas.
También parece haber cierto desorden. Ya lo vimos: el Presidente “buscó” deslegitimarse ante el pueblo reduciendo los impuestos de “las grandes fortunas” en diciembre y ya, en febrero, ¡no se ha aplicado todavía esta norma! Eso es masoquistamente gracioso: te has desportillado un poco legislando para los ricos y ¡ni siquiera se ha aplicado esa normatividad!
¿Hay más? Sí, el peguismo respira aliviado. Las empresas públicas que consumen más del 30% del PIB están intactas, ¡hasta Quipus sigue vigente produciendo celulares! ¿Qué tal? Se ha decapitado a los jefes del MAS en ministerios, entidades descentralizadas y demás, pero sus cuerpos siguen rondando estas oficinas públicas día a día.
El masismo se resiste a morir. Y, lo que es más llamativo, los embajadores arcistas ¡siguen! Una lista larga de diplomáticos se mantiene en Asia, Europa, América. En suma, empresas públicas, aparato público y embajadas aún siguen esplendorosamente “masificadas”.
Hay más, ¡el futuro! Se debe tener una agenda mínima y clara sobre el conjunto de leyes que deben promulgarse ya! Las leyes de hidrocarburos, minería, inversiones, energía renovable y demás. En este escenario, no basta el carisma del líder. Se requieren acuerdos efectivos. No podemos seguir con la ilusión del “éxito de los 90 días”. Es el minuto 2 o 3 del partido, quedan al menos 87 u 88 por jugar y ¡hay que jugar!
El corolario: Lara. Cada día parece más derrotado, pero tengo dudas. Yo jamás creí que su poder venía de la institucionalidad estatal. Jamás. Su poder viene de la calle o de lo que los “luchadores de izquierda” denominan con triunfalismo erótico ¡lo nacional-popular! Ya veremos…
Diego Ayo es PhD en ciencias políticas.