cerrarBrujula La Cascada Tapa Comodin 900x470Brujula La Cascada Tapa Comodin 900x470
Banner Carnaval Altoke Revistas 1000x155px (1)
Banner Carnaval Altoke Revistas 1000x155px (1)
De media cancha | 25/02/2026

¿El presidente del MAS y de Trump?

Diego Ayo
Diego Ayo
Necesito entender lo que está haciendo Rodrigo Paz Pereira. Se alinea a dos moldes antagónicos al mismo tiempo: asistirá a la Cumbre de Miami, convocada por el presidente Trump, el 7 de marzo, y mantiene a la estructura del MAS casi intacta en los ministerios, embajadas y empresas públicas. 

¿Cómo podemos calificar este desconcertante amague que va a la izquierda y a la derecha al mismo tiempo con envidiable destreza? No es fácil ser un trumpista masista o un masista trumpizado. No lo es, pero debería serlo, a pesar del riesgo que supone jugarse a dos líneas, a priori, contradictorias. ¿Por qué considero que no es fácil, pero debería serlo? La razón salta a la vista: en marzo son las elecciones municipales y Rodrigo Paz debe pasar de la batalla presidencial a la batalla por “las bases”. No hacerlo podría privarlo de pasar del veinteañero modelo masista hacia un nuevo modelo, condenándolo a un estado de quietud histórica apabullante. Un estado de transición inacabable. Una transición eterna. 

Conviene tener en cuenta este punto de partida: no puedes prescindir de Trump, quien te daría la maraña de créditos que necesita el país para sobrevivir, pero tampoco puedes prescindir del electorado masista debidamente apiñado en las diversas oficinas públicas señaladas, al menos ¡hasta la conclusión de las elecciones municipales! Tengamos en cuenta que hay un desafío mayúsculo en juego: derrotar al modelo masista. 

¿Qué es lo que significa esta certeza? Es preciso tener presente que el mentado modelo no está muerto. Podría decir que vive en cada funcionario público del MAS aferrado a sus espacios laborales. Sin embargo, no es cierto. El MAS subsiste por una sencilla razón: la Constitución promulgada en 2009 es suya. Su contenido cierra el camino a lo que Paz viene pregonando con notable carisma: la atracción de capitales privados. 

El cáncer del nacionalismo autosuficiente, pregonado por el MAS durante dos décadas, no se emparenta con la idea de una globalización tan propia de este tiempo. Una globalización atada a la tesis manifestada por Paz en el Foro de Panamá: “debemos ser el vínculo entre los océanos Pacífico y Atlántico”. No ser sólo los “estiradores de mano” del periodo del MAS pidiendo ayudas con el propósito de respirar, sino ser el centro geoestratégico de la América del Sur. 

¿Tenía razón Paz? Absolutamente. Empero, ese objetivo transita un derrotero antagónico a la Constitución de 2009, desconfiada y cerrada. Una Constitución de “nacionalismo hacia adentro”. No es un nacionalismo orgulloso que mira el mundo como oportunidad. Es un nacionalismo del miedo, la desconfianza y el resentimiento. Nuestra revolucionaria Carta Magna, aprobada por referéndum hace ya 17 años, es delirantemente pusilánime. 
Esconde nuestra incapacidad de mirar al mundo respaldándose en menciones repetidas y altisonantes de lo propio, la cultura, los ancestros, lo indígena, que tienen, precisamente, ese sello: miran orgullosamente hacia adentro. Hacia nuestro pluricultural, pero endogámico contexto. 

¿Qué es, pues lo imprescindible a hacerse? Impulsar ese “nacionalismo hacia afuera”, que no deja de hacernos bolivianos y profundamente bolivianos, pero nos saca de esta postración en la que cabalgamos, peleados con nuestros vecinos latinoamericanos, Estados Unidos y ¡el mundo capitalista!

Sin embargo, sepámoslo: soñar con ese viraje indispensable es y sólo puede ser un sueño, mientras las páginas de nuestra amada constitución respondan a ese modelo del lamento. ¿Lo entendemos? Quisiera hacerlo. Por ese motivo me inclino a pensar que el poder de Rodrigo Paz está en la seriedad burocrática, el cumplimiento de sus promesas electorales, el impulso a una descentralización real (aquello del 50/50) y demás “detalles”. Claro que sí. Seguro que sí, pero no es suficiente. O, mejor dicho, no es lo esencial. Lo esencial es y debe ser romper ese molde constitucional enfermo y podrido. 

¿Cómo hacerlo? En tres tiempos: ganando la elección presidencial, ganando en la elección “subnacional” y ganando en la imprescindible Asamblea Constituyente que debería terminar de quebrar este férreo masismo institucional. Eso permitiría dejar de ser un gobierno de transición o, peor, un gobierno de “eterna transición” para ser un gobierno de nacimiento de un modelo distinto. Un modelo acorde al mundo que nos llama. Un mundo que Paz convoca elegantemente con su “Bolivia hacia el mundo y el mundo hacia Bolivia”.

¿Qué tiene que ver esta reflexión con lo dicho en el primer párrafo? Pues que mientras las elecciones no se consumen y el “segundo momento” de acaparamiento de poder no tenga lugar, es necesario jugar a dos bandas. No es una sugerencia que pueda perdurar más que un tiempo determinado. Un tiempo corto. Alargarse ya situaría a Paz en la dualidad timorata de Mesa que un día era hormandista y otro día era evista. 

Eso no puede ni debe suceder. Su “juego” político con Trump es obvio: necesitamos préstamos y de la mano de este caballero podríamos obtenerlos del Banco Mundial, BID y Fondo Monetario. No hay otra. Sin embargo, el gobierno no puede ni debe mostrarse volcado plenamente hacia esa derecha continental a riesgo de perder las elecciones municipales o lo que llamo el “segundo momento” crucial. Debe seguir con esta antiestética estrategia de conservar en sus cargos a tantos masistas sólidamente parapetados los últimos veinte años de nuestra historia.

¿O es que todo es desorden y yo sólo me estoy imaginando esta estrategia dual? No lo sé. Me atemoriza creer que sí, en cuyo caso demostraría que Paz se ha enamorado mucho de Paz insinuando un nuevo caudillo que difícilmente logrará ser. 

Diego Ayo es PhD en ciencias políticas. 


BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
Recurso 4
Recurso 4
SAVE_20251124_165756
SAVE_20251124_165756
BEC_DPF-Digital-970x120px
BEC_DPF-Digital-320x50px