El presidente Donald Trump no está jugando. Lo que ocurre estos días con Irán y sus relaciones con Chile, Ecuador y España es elocuente.En el primer caso, la presión e intromisión contra el gobierno de Chile, por el proyecto de conexión marítima de un cable de internet entre China y el país sudamericano, es tan fuerte que el futuro presidente Kast pidió al mandatario saliente Boric que se retracte respecto a las comunicaciones entre ambos. El objetivo sería que Kast pueda viajar a una reunión con Trump descargando toda responsabilidad sobre el conocimiento del proyecto de conexión China-Chile.
El cobre chileno fluye comercialmente hacia China y varios empresarios impulsan un intercambio comercial, que hoy es objeto de veto abierto por parte de la administración Trump.
El presidente Trump ha convocado a una reunión de mandatarios aliados –o, mejor dicho, subordinados– a la política norteamericana de América del Sur, Centroamérica y el Caribe para una cumbre este 7 de marzo, en Miami. No dialogará, no preguntará; impondrá su política actual, incluyendo la dimensión militar.
Hace pocas horas, fuerzas militares de Estados Unidos y de Ecuador realizaron acciones de represión contra grupos de narcotraficantes en territorio ecuatoriano, en una operación conjunta enmarcada en la guerra contra los carteles, ahora identificados como organizaciones terroristas.
Concomitantemente, el gobierno ecuatoriano expulsó a la legación diplomática de Cuba y rompió relaciones con ese país. Semanas antes había impuesto a Colombia una serie de restricciones comerciales y sanciones, emulando el comportamiento del gobierno norteamericano.
Por otra parte, en el contexto del ataque a Irán, el gobierno de España se negó a permitir que las fuerzas estadounidenses utilicen dos bases militares en su territorio, lo que generó amenazas contra ese país al punto de declararlo objetivo de un eventual bloqueo económico.A esto se suma la guerra en Medio Oriente, cuyos resultados pueden ser impredecibles.
En este escenario, el gobierno de Rodrigo Paz, presidente de Bolivia desde noviembre de 2025, ha adelantado señales de alineamiento internacional: la salida de Bolivia del Grupo de La Haya de apoyo a Palestina y los intercambios del 24 de febrero entre el Comando General del Ejército Sur de los Estados Unidos y el comandante del Ejército boliviano.
Cabe entonces preguntarse: ¿en qué momento, de manera definitiva y oficial, Rodrigo Paz se subordinó a las políticas de Trump?La frase de que ahora “Bolivia está en el mundo y el mundo en Bolivia” no es real.
El mundo ha cambiado, especialmente desde la intervención en Venezuela, más allá de lo ocurrido en Ucrania. Hoy el sistema internacional es abiertamente hostil entre sus integrantes: vivimos en un mundo en guerra, y Bolivia puede ser arrastrada a ese escenario de forma contingente y abrupta. Creo que la fecha de registro oficial será este 7 de marzo de 2026.
Bolivia debe preservar su soberanía, definir con claridad sus intereses nacionales y actuar en un mundo abierto, procurando obtener las mayores ventajas posibles de su condición de país rico en recursos naturales.
El discurso anti–MAS ya no nos sirve. Alejarse –o romper– con el bloque del socialismo del siglo XXI para caer en manos de la política norteamericana es como saltar del sartén con aceite hirviendo directamente a las brasas.
Manuel Morales Alvares es investigador social.