Tengo la mas absoluta antipatía por Lidia Patty y tengo las fundadas sospechas de que es culpable del delito que la ha llevado a la cárcel. Ella es una impostora sin medida ni clemencia. Su reclamo por declarar en quechua en el juicio que se le va siguiendo tiene que hacernos pensar que tal vez nunca entendió las demandas judiciales que inició contra el señor Camacho y la señora Añez, y da lugar a investigar cómo logró su titulo de abogada. La universidad que se lo concedió está también en entredicho.
Naturalmente habría que ver cómo hizo para rendir cuentas del dinero que se depositó en su cuenta, lo que ahora le está costando una estadía en la cárcel de Obrajes.
Mi antipatía hacia Luis Arce es aún mayor. Como Ministro de Economía y Finanzas durante casi todo el gobierno de Evo Morales es el responsable del increíble despilfarro que sufrió Bolivia de esa grandiosa y posiblemente irrepetible ventana de bonanza que tuvo. Eso también lo hace un impostor, más allá de que pudiera mostrar los títulos universitarios que avalan su currículum.
Arce ha demostrado ser pésimo en su profesión. Ha llevado al país al desastre económico y no como producto de las circunstancias, sino de sus malas decisiones y de su modo de ver la economía.
Arce es, además, un personaje de una enorme prepotencia. Sé de gente cercana que amenazó personalmente con cárcel al no poder cumplir con un capricho del gobierno. Eso en su rol de ministro.
Todos hemos visto la manera como durante su mandato, violando la ley, secuestraron, por separado, al gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, y a la expresidenta de Bolivia Jeanine Añez; en un momento en que la justicia estaba completamente sometida al Poder Ejecutivo.
Es comprensible que la inmensa mayoría de los bolivianos estén encantados viendo a estos personajes tras rejas, y, seguramente, lo merecen, y es posible que hasta sea una medida política importante, sobre todo para que esa parte de la población que cree que este gobierno es una continuación del MAS se convenza de que no es así.
Pero hay algo que es mucho más importante, y es la justicia en todo su espectro, que empieza con el justo proceso y con las garantías constitucionales para con los acusados. La prisión preventiva es una de las injusticias más grandes que se comente en nuestro sistema, y la que a más personas daña; y en la mayoría de los casos a personas completamente inocentes.
Todos quienes actuaron de forma prepotente, siguiendo el ejemplo de Evo Morales del “le meto nomás” y violando la ley tienen que ser juzgados y condenados, pero es muy importante –reitero– seguir el debido proceso.
Si queremos una mejor justicia, tenemos que ser claros respecto al combate frontal a la tan normalizada y aberrante prisión preventiva. Y en ese combate, no hay espacio para aflojar de acuerdo a la cara del acusado. No puede haber ninguna chicana. Una ex diputada o un expresidente, no es que no tengan domicilio conocido, y por supuesto que todo acusado en la justicia boliviana, va a tratar de fugar, precisamente porque sabe que la justicia no es confiable, (siendo culpable o inocente), ese es un circulo viciosa que se debe cortar, y una punta del ovillo, es precisamente acabar con la detención preventiva.
Puede ser que desde un punto de vista político sea mucho pedir que se actúe como lo mandan la ley y la Constitución, pero eso es tremendamente importante para reconstruir un país que ha sido desmantelado en sus instituciones y su justicia. Eso es lo que más debería interesarnos.
Que el justo deseo de venganza, considerando el enorme daño cometido a muchísimas personas en los últimos 20 años, no arruine la posibilidad de construir un país más justo.
Cárcel para todos los delincuentes si, pero luego de ser juzgados y condenados.
Agustín Echalar es operador de turismo.