El Decreto 5503 ha sido abrogado. Es una derrota desde la lógica política del “todo o nada”. Sin embargo, la política hoy en día no es ni puede ser del “todo o nada”. Los mejores ejemplos de éxito económico de un país han sido precedidos de sendos acuerdos políticos. Un ejemplo paradigmático es la transición histórica de España, que pasó del gobierno falangista de Franco a la democracia española.
En 1977 se firmó el Pacto de la Moncloa, un acuerdo político entre falangistas, políticos de izquierda y demócratas en ciernes para restituir la democracia y remendar el estado crítico de la economía. ¿Lo lograron? No fue fácil, pero este fabuloso acuerdo sentó las bases de los arreglos económicos posteriores. El 23 de febrero de 1981, Tejero y un grupo de falangistas/militares buscaron derrocar la democracia y no lo lograron. La solidez instituida, a pesar de los problemas, ya era contundente.
Lo propio sucedió en Polonia. Acordaron los comunistas salientes, con los sindicalistas insurgentes, un plan para derrotar su gigantesca crisis económica. No fue fácil. En las filas comunistas de antaño “revivían” políticos del pasado autoritario; sin embargo, lo hicieron. ¡Acordaron con esta tropa de políticos añejos y desprestigiados! Lo que vino después fue un furibundo paquete económico que los acordantes, a pesar del embate, supieron respetar.
¿Hay más? Claro. Chile es otro ejemplo clásico. La dictadura pinochetista fijó la posibilidad de llevar adelante el referéndum de 1989 para ver si la población aceptaría la continuidad del régimen. El dictador pactó con los demócratas, todavía amateurs, con la certeza de llevarse la victoria. No lo logró y los militares, junto a los demócratas, abrieron las compuertas de un nuevo modelo político que fue seguido por evidentes mejoras económicas.
¿Qué es lo remarcable? En todos estos casos la política vino como punta de lanza. Sólo después vino la economía. Valga remarcar que el poder de los “viejos” mantuvo un peso enorme. En España se condicionó el retorno a la democracia de la mano de la monarquía; en Polonia se aceptó que el 65% de los asambleístas pertenezcan a ese oficialismo degradado y ¡sólo un 35% a los políticos de nuevo cuño!, y en Chile se permitió que los militares mantuvieran asientos en el Senado y conservaran la mayoría. ¿O sea? O sea, los insurgentes perdieron, pero ¡ganaron, perdiendo!
¿No es eso lo que se requiere en el país? No tengo la menor duda. Aplaudo la corta duración del Decreto 5503 que tuvo la capacidad de resolver lo que debíamos resolver: la enorme sangría de los subsidios. Sin embargo, lo que requerimos hoy es un acuerdo o un conjunto de acuerdos que haga ganar a los perdedores. Un acuerdo para aprobar las leyes de la minería, inversión e hidrocarburos.
Es difícil entender cómo un político versado como Paz Pereira prescindió de la política para aplicar el decreto mencionado. Imagino que el recuerdo de 1985 y la contundencia del Decreto Supremo 21060 lo enamoraron y obnubilaron. Aquella Bolivia tenía poco más de un millón de votantes, esta Bolivia ronda los ocho millones. La democracia se ha hecho democrática y un grupo selecto de economistas no puede ni debe tomar las decisiones finales en una realidad tan vasta de ciudadanos.
¿Hay contraejemplos? Sí. Milei es un ejemplo contundente, aunque es preciso saber que el Milei candidato anunció ya de candidato que haría furibundas reformas económicas. Su votación fue una suerte de pacto político que dio pie a las reformas económicas. No es, en todo caso, un pacto construido como pacto. Es un pacto tácito que aún es débil, pero lo que viene –un conjunto de reformas económicas mayores– no podrá seguir el mismo derrotero. ¡Deberá pactar!
A su vez, Margaret Tatcher empujó poderosas reformas económicas sin pactar. Lo logró, es cierto, pero hasta el día de hoy las diferencias socioeconómicas señalan la ausencia política de partida. La “neoliberalización” solucionó la crisis, pero acentuó las heridas que sangran todavía hoy. La economía no tuvo política.
Finalmente, Fernando Henrique Cardoso es el ejemplo más palpable de esta marcha señalada. Como Ministro de Economía puso andar el Plan Real en 1994 y ya como Presidente se dedicó a acordar con el Congreso, los estados regionales (lo que llamamos acá departamentos) y demás actores sublevados. Hubo política. Con algún rezago, pero la hubo.
Vale decir, Milei necesitará política, Tatcher nunca la necesitó, pero el país aún siente ese vacío y Cardoso combinó la marcha, aunque hubiera comenzado por el bastión económico.
Paz comenzó con economistas liderando el cambio, desprovistos de una lectura política. Se aplazaron, pero todavía hay tiempo de pactar. No sabemos lo que hará la COB de acá en adelante, aunque temo que esa cultura política acostumbrada a la política “suma cero”, o tú o yo, seguirá siendo una amenaza. Hay que lidiar con ello.
Por ende, de la fantasía ventiunosesentista retomada a finales de 2025 se debe pasar al periodo “real” de Bolivia, y acercarte al otro. ¡Politizar tu agenda! ¡Hacer pactos! ¿Sí? Claro que sí, aunque no te guste.
Diego Ayo es cientista social.