Recuerdo hace muchos años atrás, un escritor amigo de origen canario, escribió un cuento realmente estupendo titulado Aventura del Zorro. Lo leyó en un foro de nobeles escritores en un encantador pueblito español: Mollina. Allí cosechó muchos aplausos.
¿De qué trataba? Un canario, disfrazado del Zorro, retorna a su casa luego de haber disfrutado del jolgorio carnavalero. Al pasar por un callejón observa que dos malhechores pretenden abusar de una moza disfrazada de Cleopatra.
En principio decide pasar de largo para evitarse problemas, pero luego mira su traje y se da cuenta de que es el Zorro, entonces desenfunda su espada y logra espantar a los malhechores que habían dejado casi semidesnuda a Cleopatra.
El Zorro da la vuelta sobre sus pasos, observa a esa mujer de carnes incitantes, la mujer cruza la mirada con el Zorro agradecida por haberla liberado de los malhechores, pero también inquieta por la mirada lasciva del Zorro, y antes de tomar plena conciencia de su situación, el Zorro cae encima de Cleopatra satisfaciendo su deseo carnal.
Al marcharse, se ve y se da cuenta nuevamente de que es el Zorro, retorna sobre sus pasos, le da la vuelta a Cleopatra y sobre su nalga desnuda le planta una "Z".
Esta parece ser hoy la situación de Venezuela: primero, abusada por los chavistas, y hoy, por parte de Estados Unidos, a quien en principio vieron como un salvador de capa, espada y antifaz, pero está resultando ser otro canalla.
Reflexión de fondo: perder la democracia te deja en manos de los canallas internos, y que una potencia erosione su democracia la habilita para comportarse en la escena internacional como otro canalla.
Venezuela sufrió (y los sigue sufriendo) a unos y ahora encima sufrirá a otro. Tras los cuernos chavistas ahora vienen los palos estadounidenses. En su caso, no se trata de un cuento, sino de una tragedia, por lo pronto, en dos actos.
César Rojas Ríos es conflictólogo.