Edmand Lara ha decidido hacerle la vida a cuadros y círculos concéntricos al gobierno de Rodrigo Paz (que también es el suyo, por paradójico que parezca, pero ha decidido utilizar estos cinco años de vicepresidencia pagada para tenderse la alfombra roja a otros cinco años de presidencia también pagada).
¿Lo está consiguiendo?
Roberto Márquez (RM) en un sabroso escrito titulado Narcisismo de Estado, (publicado en las redes sociales) toca el tema con bisturí analítico y dosis mesuradas de ironía.
La tesis que esgrime RM para tratar de entender el comportamiento de Edmand Lara es que se debe “abandonar el análisis político convencional para adentrarnos en las oscuras aguas de la psiquiatría forense y la psicología de las masas”. ´
Luego procede a la tarea de desciframiento psicológico para llegar a la conclusión de que “Edmand Lara encarna al actor disruptivo cuya funcionalidad social se sostiene sobre un cimiento sociopático”.
No desestimo esta lectura psicológica, pero prefiero recurrir a la Navaja de Hanlon que dice lo siguiente: “No atribuyas nunca a la malicia (léase a la psicología) lo que se puede explicar adecuadamente con la estupidez”.
Y entiendo por estupidez la persona que cae presa del efecto perverso, o sea, quiere conjurar un escenario negativo para abrirse paso a uno positivo, pero el cálculo de sus medios es tan deplorable, que precisamente se instala en el escenario negativo.
Para mí esta estupidez prominente es la que, día a día, TikTok tras TikTok, forja Edmand Lara. Pudiendo hacer desde la Vicepresidencia algo positivo, más bien emprende deshaciendo críticamente lo que forja el presidente Paz. Y la gente, nada estúpida, entiende que quien saltó a la nave del Estado está para hacer, no para deshacer (más en un periodo de crisis y recomposición estatal después de la debacle masista).
En consecuencia, el Vicepresidente va a contra ruta: no rema, no suma; más bien se asume como un polizón que critica y genera fugas de agua en la nave estatal.
Esto no es inteligente ni constructivo, sencillamente es una estupidez, pues cansa a la opinión pública y desgasta a la política. Pero más vale que nos vayamos acostumbrando a sus expresiones, que por perennes y cotidianas, generan nuestra condescendiente apatía y rechazo risueño. Y debido a esto, Lara no tendrá la Presidencia, sino una anodina y chirriante Vicepresidencia, eso sí, en contante y sonante.
César Rojas es conflictólogo..