Hoy domingo 8 de febrero de 2026 Bolivia luce más digna y espigada. El pasado jueves 5 de febrero, en horas de la tarde, en el Salón de Interpelaciones de la Asamblea Legislativa Plurinacional, la Cámara Legislativa Plurinacional procedió a la entrega de un Homenaje Camaral a Antonio Araníbar Quiroga (AAQ), sí a Toño, como le solemos decir con cariño y respeto, con un marcado y profundo respeto. Y ese día, todos los asistentes le brindamos aplausos de pie en diversos momentos, como corresponde cuando se está ante un hombre sistemáticamente grande de espíritu y moral.
Ese día sentí que la democracia encontró su voz, su espíritu y su consejo especial en el discurso que brindó AAQ. Una voz esculpida por la lucha contra las dictaduras y una voz tallada por la resistencia a la injusticia que el gobierno de Evo Morales y también el de Luis Arce infringieron a AAQ durante 20 años.
Todos ellos se ensañaron con uno de los mejores hombres que tuvo la política boliviana en las cinco últimas décadas. Y AAQ sobrellevó el duro castigo de no poder retornar a su patria con un estoicismo del mejor Séneca. Pero el pasado jueves 5 lo vimos de pie, alto y solemne como el Illimani. Y esperemos que igual de perenne, porque cuando un hombre lleva la integridad en su alma resopla eternidad.
Habló de los inicios de nuestra democracia, de cuando se la recuperó de las manos bárbaras de los militares golpistas, pero sobre todo habló de su futuro. Y lo que dijo merece ser gravado en piedra y bronce en el frontis de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Dijo, palabras más o palabras menos, que la construcción de Bolivia debe ser democrática o Bolivia nunca será un edificio sólido y pleno. Un mensaje conciso y que debería resonar en todos los confines de nuestro país.
AAQ ha vuelto, sus pasos resuenan en estas tierras que siempre deben mantenerse hechizas por la voz de sus mejores hombres y mujeres.
César Rojas Ríos es conflictólogo.