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04/12/2023
Ojo centinela

Tres agendas se entrecruzan en el caso Marset

Roberto Méndez
Roberto Méndez

La reaparición de Sebastián Marset, un narcotraficante uruguayo buscado por cinco países –acusado de haber enviado 16 toneladas de cocaína a Europa y África– en el programa “Santo y Seña” de Uruguay, ha dejado en claro el cruce de tres agendas que convergen, cada una de ellas con sus propios intereses.

La primera agenda que salta a la vista es la del Gobierno del presidente uruguayo, Luis Lacalle, de tendencia derechista, cuestionado por haber entregado a comienzos de 2022 un pasaporte a Marset para que recobre su libertad en Emiratos Árabes, donde cayó preso por haber ingresado con un documento paraguayo falso.

“No gasté ni un dólar para obtener el pasaporte”, dijo Marset en la entrevista difundida el domingo 26 de noviembre, y “si hubiera que pagar, lo hubiera hecho, pero mi abogado me dijo que era un derecho, y por eso insistimos hasta conseguirlo”, dijo el traficante confeso de drogas, quien pintó a su país de origen como el menos corrupto de Latinoamérica y donde su sistema de justicia funciona.

De ese modo le lavó la cara al Gobierno de Lacalle; desde el principio su Cancillería insistió en que cuando entregaron ese documento no se tenía conocimiento de que Marset era buscado en Paraguay por narcotráfico y que por tanto no hubo corrupción. Lacalle ha expresado su intencionalidad de aprobar la reelección en ese país, en el que solo se permite un mandato y que vence en 2025.

La segunda agenda es la del propio Marset, que a fines de julio fugó de Bolivia, concretamente de Santa Cruz y que hasta ahora se desconoce su paradero y se presentó supuestamente “en vivo y en directo” ante la periodista Patricia Martín.

Después de la entrevista, Santiago Moratorio, su abogado, reveló que su estrategia era concretar una entrega en etapas, que tenía el objetivo de que sus familiares primero, y Marset en última instancia, viajaran a Uruguay y evitaran ser detenidos en Paraguay, el único país en el que son requeridos por narcotráfico. Esa es la segunda agenda que se entrecruza aquí. Pero sobre ese tema, el presidente Lacalle le respondió, este 1 de diciembre, que su gobierno “no negocia con narcotraficantes” y Moratorio contestó entonces que “Marset seguirá prófugo”.

Marset necesita oxígeno mientras busca cómo solucionar el tema de su esposa y tres hijos que conviven con él en su refugio mientras hace lo que sabe hacer, manipular y sobornar autoridades, como al parecer lo hizo en Paraguay, en las oficinas de Interpol, donde levantaron el sello rojo para su esposa.

Y en ese cruce de intereses aparece el programa “Santo y Seña”, que lleva 14 años al aire en Uruguay, 12 de los cuales tiene a la periodista Patricia Martín como uno de sus alfiles y quien dijo que aceptó la entrevista poniendo tres condiciones: ser acompañada por el abogado de Marset para poder comunicarse con su familia todo el tiempo y preguntar lo que ella quisiera.

Pero lejos de “preguntar lo que ella quisiera” se observó a una periodista aparentemente sometida a un libreto y que no preguntó ni cuestionó a Marset ni siquiera cuando dijo “el negocio que elegí no es muy bueno”; con un prontuario tan frondoso, había mucho que repreguntar.

Además de ser acusado de ingresar 16 toneladas de droga a Europa, también se lo acusa de ordenar la muerte del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, en Colombia, y quien dirigía el operativo “A Ultranza Py”. También se lo acusa de haber ordenado la muerte de otras dos personas.

Sin embargo, la periodista se ha cuidado de “elogiar un acto criminal” que podría ser tomado como apología del delito; la Ley No 1009, de Uruguay, y la Declaración Universal de Derechos Humanos permiten a los informadores ampararse en el secreto profesional, aunque en Bolivia Carlos Palenque fue detenido y su canal cerrado por entrevistar al narcotraficante Roberto Suárez en 1988.

Mientras esperamos la segunda parte de la telenovela en la que la periodista debe responder si usó o no helicópteros, como lo han negado ya autoridades paraguayas, en Bolivia ya casi ni nos sorprendemos  por la detención de dos capos de carteles, como uno de Sinaloa, México, que cayó en el Desaguadero, y otro del PCC , brasileño detenido en Santa Cruz; Tampoco parece importar que también en Santa Cruz se acaba de encontrar a un piloto carbonizado.



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