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Desde mi barbecho | 23/01/2026

Todavía hay tiempo

Alfonso Cortez
Alfonso Cortez
A finales de 2025, en uno de los tantos episodios en los que estuve hospitalizado, volví a escuchar una vieja canción de Billy Joel. Se llama Vienna. El nombre engaña: no habla de una ciudad ni de viajes, sino de algo bastante más incómodo y necesario.

Entre análisis y recuperaciones, la canción volvió a mí. No como descubrimiento —la conocía desde siempre— sino como revelación tardía. Una frase, casi al pasar, empezó a decir otra cosa: slow down. Bajá un cambio. No corrás. No te apurés a llegar a ningún lado.

Vienna es un permiso para desacelerar. Para entender, por fin, que esto no es una competición: no hay cronómetro, no hay un reloj maestro, ni una edad “correcta” para sentirse completos. Billy Joel lo dice sin solemnidad: “Dream on, but don’t imagine they’ll all come true”. Está bien soñar, pero es una fantasía creer que podemos controlarlo todo. No todo depende de nosotros, y eso también está bien. La canción no te pide que renunciés a nada; te pide paciencia con vos mismo.

Vienna no es una meta. Es ese lugar al que llegás igual, corrás o no. La vida esperándote, sin reloj en la mano, cuando aprendés a bajar el paso.“When will you realize, Vienna waits for you” es una invitación a frenar y respirar. A dejar de exigirte tenerlo todo resuelto antes de los 30, de los 40 —o incluso de los 60, como es mi caso—. La canción no apura: recuerda que tenés una vida entera por delante.

Vienna nació después de un viaje. Joel volvió a la ciudad en los años 70 para reencontrarse con su padre, ausente desde la infancia. Algo de ese encuentro —tardío, necesario— quedó flotando en la canción. Tal vez por eso terminó diciendo algo que va mucho más allá de una historia personal.Con el tiempo, esa idea dejó de ser solo una canción ajena y empezó a volverse experiencia propia.

La balada no habla de amor romántico. Habla de la presión —a veces enfermiza— de vivir apurados. Vienna no es un punto en el mapa: es la vida esperándonos sin prisa. La canción no cuestiona la ambición; cuestiona la ansiedad. Esa urgencia moderna que nos hace creer que, si no llegamos ya, fracasamos.

A los 20 uno cree que la vida es una carrera. A los 40, una prueba de resistencia. A los 60, empieza a parecerse más a una conversación. 2025 me enseñó eso a los golpes y a los abrazos. Agradecer lo mínimo —una mañana sin dolor, una caminata lenta, una risa intacta—. Entender que frenar no es rendirse, que cuidar el cuerpo no es traicionar la mente, que seguir vivo, despierto y curioso ya es, en sí mismo, un gesto suficiente.

Muchas veces entendemos tarde lo que la vida nos viene diciendo desde temprano. Las cosas importantes no responden al apuro. Vienna no es una ciudad —o no solo—, sino ese lugar simbólico al que llegás cuando dejás de exigirte ser todo ya. Cuando entendés que no hay medallas por adelantarse ni castigo por tomarse tiempo. Vienna es eso: una metáfora de la sabiduría. La vida no se escapa. “You can’t be everything you want to be before your time”.

Tal vez Vienna sea esto: dejar de correr hacia adelante y empezar, por fin, a estar. Viena espera. No apura. No empuja. La vida diciendo, en voz baja, que todavía hay tiempo.

Alfonso Cortez es comunicador social.

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