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Con la boca abierta | 04/01/2026

¡Saquen mi nombre!

Sonia Montaño Virreira
Sonia Montaño Virreira
En 1995 fui a Pekín, en mi calidad de Subsecretaria de Asuntos de Género, representando a Bolivia ante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, cuyo plan de acción es uno de los aportes mas importantes del movimiento feminista mundial. 

Casi 20000 representantes gubernamentales y alrededor de 30000 mujeres de la sociedad civil nos encontramos para debatir y lograr un consenso sobre 12 áreas de acción que sirvieron de hoja de ruta para las políticas públicas en todo el mundo. 
Fue la obra de un sujeto colectivo que se alineó con los astros de la igualdad, y aunque en cada momento de la historia se pueden identificar y reconocer liderazgos, este es uno de los casos en que es el movimiento  el protagonista.

Fue un ejercicio de soberanía que sí representaba a todas. Muchos de los objetivos han quedado a medio camino, otros se han cumplido y hasta mejorado, pero aún quedan numerosos desafíos, cuyo avance y consolidación están en peligro. 

Los 90 fueron tiempos de globalización económica, pero, paradójicamente, permitieron avances importantes en materia de institucionalidad –se crearon ministerios y organismos de alto nivel– se aprobaron leyes contra la violencia, en favor de los derechos reproductivos. Se sembraron las semillas para lo que hoy se conoce como políticas de cuidado y tantas otras que cada cinco años se someten a escrutinio. 

Tuve también la posibilidad de contribuir a la implementación regional de dicha plataforma durante los 15 en los que me desempeñé como directora de la División de Asuntos de Género. Siempre trabajé en equipo, construí alianzas inspirada en muchas líderes.

Entretanto, el mundo ha cambiado drásticamente y el multilateralismo que arropó esos cambios está en crisis. Una ola fundamentalista ha penetrado los partidos políticos y los estados y hoy no son pocos los gobiernos que proclaman el desconocimiento de los derechos de las mujeres,  disuelven las instituciones creadas para su protección y persiguen a las defensoras de los derechos humanos. Por su parte, el feminismo padece una implosión que la RAE define adecuadamente como la acción de romperse las paredes de una cavidad hacia dentro con cuya presión es inferior a la externa”.

En Bolivia el conservadurismo se mezcló con la izquierda autoritaria que gobernó casi 20 años gracias a los altos precios de materias primas, la persecución política y el miedo y condescendencia de quienes se dedicaron a proteger sus muros de contención, como es el caso de la Coordinadora de la Mujer (CM), sobre la que me he explayado en otros análisis.

Hablo del enfoque institucional  de esas instituciones, pues reconozco a muchas mujeres que han navegado contra la corriente. El caso de las Bartolinas, símbolo del sector más discriminado y excluido desde la sociedad, es el más emblemático por lo dramático. No pusieron muros contra el prebendalismo del MAS y aceptaron ser instrumentalizadas y beneficiadas por  la corrupción. 

No pusieron muros, al igual que los dirigentes del Pacto de Unidad; más bien  construyeron puentes de comunicación estrecha con los presidentes y autoridades de turno, arreglándoselas para conseguir el respaldo del Presidente que, suelto de cuerpo, autorizó el enriquecimiento ilícito de mujeres que habían luchado desde los años 80. 

“Ahora les toca”, les dijeron y varias estuvieron de acuerdo. Los gobiernos del MAS supieron enamorar a cierta cooperación internacional, cuyo papel en el financiamiento de entidades intermediarias permitió la sobrevivencia de muchas funcionarias que prefirieron callar y apoyar antes que esclavas vivir…

Ahora que estamos por conmemorar 35 años de la Conferencia Mundial me encontré con una publicación de la CM que incluye mi nombre como mujer destacada de los años 90. Esta selección forma parte de un estudio salpicado de nombres conocidos –y otros no tanto– no establece ningún criterio de selección. Es lo que en inglés llaman “lip service” o expresión insincera de admiración. Yo diría un gesto de hipocresía.

Me  resulta inadmisible aparecer junto a Leonilda Zurita y Sonia Brito, incondicionales de Evo Morales, cuyos abusos sexuales, corrupción y mentiras fueron ignoradas. Faltaba que incluyan a Margarita Terán, Nemesia Achacollo o Elizabeth Salguero, quienes figuran en la larga lista de y creyentes en el proceso de cambio y que parecen buscar reciclarse.

Este  “error “ compromete a financiadores y “amigas del pueblo boliviano”, que en época de vacas flacas están haciendo maletas.  Una autocrítica pública por parte de las dirigentes políticas y sociales sobre su silencio ante las innumerables violaciones a los derechos humanos, la condescendencia ante la corrupción y el aprovechamiento del servicio público no les vendría mal. Sería mejor que entregarse medallitas entre ellas para enterrar el pasado. Por ahora pido:¡ Saquen mi nombre de ahí!

Sonia Montaño es feminista.


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