En 2025, el embarazo adolescente sigue siendo un desafío crítico, con reportes que señalan un aumento en niñas menores de 15 años (UNFPA).Juanita llegó a La Paz con cinco años para ayudar –así se decía del trabajo infantil– a su tía en el mercado; pero era muy traviesa y se iba al puesto, que quedaba a media cuadra de donde vendían casetes de música peruana, porque ella era de Moho y sabía cantar huayños y otros ritmos de su pueblo.
La tía la devolvió porque no era de mucha ayuda y su madre la llevó a probar suerte con una comadre que le enseñó a cocinar, lavar ropa y limpiar la casa. Al principio su mamá la visitaba, pero con el tiempo solo venía a “colocar” a alguna de sus siete wawas y a abrazar a Juanita que, además de los consabidos huayñitos, ya sabía las letras de la lambada y otros ritmos tropicales.
Cuando le vino su primera regla ya estaba trabajando en la casa de una señora “bien”, de esas que entonces cargaban unos celulares como ladrillo. La patrona le dijo que, si se portaba bien, la llevaría a hacer su primera comunión, lo que la ilusionó.
Tenía un sueldo que guardaba en un cupido de yeso. Un día, antes de la comunión, Juanita lo rompió y sacó Bs 300 en billetes pequeños, la mayoría azules de 10. Unos pocos anaranjados de 20, más algunas monedas de cinco. Nunca vio tanto dinero junto, razón de más para despedirse de la comunión. Se fue a la casa de su tía rezando para que no la pillen.
Durmió un tiempo con la tía, luego le consiguieron un colchón prestado hasta que volviera a trabajar. Cuando salía a la calle, los chicos –y los no tanto– la piropeaban y le invitaban a pasear. Con 14 años, Juanita ya conocía toda la ciudad y en la 16 consiguió trabajo "cama adentro", en un local donde vendían chicharrón. Cambió sus polleras por jeans, recogió sus cabellos, se pintó las uñas y dedicaba muchas horas a pensar en su familia, sus hermanitos y su madrina. Se inscribió a la escuela, donde estudió mucho para tener un mejor trabajo y ayudar a su mamá.
Juanita ya tiene 36 años, aparenta más y, aunque sigue tarareando mostrando su sonrisa sin dientes, apenas se ha enterado de que el aborto en Bolivia es legal, aunque depende.
Teóricamente, cuando era adolescente ya podía cuidarse tomando anticonceptivos. Hoy existe la píldora del día después y, en todos los años que ha vivido, los gobiernos se jactaron de haber mejorado la vida de las niñas. Hace un año que se acabó con el matrimonio infantil, pero a ella eso ya no le importa.
Irónicamente, en un pedazo de papel pegado a su pared dice: “146 mujeres por cada cien mil mueren de parto”. Más arriba está la cara de Evo con bigotes pintados a mano y más abajo un lienzo que dice “Cristo te ama”, que lo recogió un domingo.
En Bolivia, alrededor de 75 niñas menores de 15 años se embarazan diariamente. Diariamente significa más de 28.000 al año. Juanita salió de la escuela y perdió la oportunidad de estudiar y saber más. Ha pasado de las telenovelas al TikTok, ha visto morir gente en manifestaciones que la asustan y entristecen, y a veces se encuentra con sus excompañeras, algunas igualmente con bebés sin padre.
Juanita es una de las miles de niñas a las que no les ha llegado educación ni salud y que, gracias a su tía, hoy atiende el puesto en el mercado y lleva a su hija al coro de la escuela.
Las "Juanitas" se topan con el Estado que tranca oportunidades, pero que deja pasar mensajes sexualizados de alto riesgo. El nuevo gobierno tiene el desafío de identificar las causas y proponer soluciones sin esperar que las familias sustituyan la educación pública.
Sonia Montaño Virreira es feminista.