Imagina a una niña o adolescente embarazada por violencia, abuso sexual o violación, obligada a parir en un centro de salud precario y muriendo desangrada por hemorragia posparto, evitable con una simple inyección de oxitocina. ¿Su culpa? Ninguna. Pero el Estado y la sociedad le cargan con toda la responsabilidad de "dar vida" eximiendo a los progenitores, a las familias y a la propia sociedad, que la ven como "madre predestinada" sin importar su edad o condiciones psicosociales.
El estudio Hilos de vida rotos que recientemente fue presentado por el Fondo de Población de Naciones Unidas-UNFPA ¡nos avergüenza! Bolivia tiene 146 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos (2020-2024), la tercera peor de América Latina (tras Haití con 350 y Venezuela con 178). Oficialmente, 111 al año, aunque en la realidad, más de 180 por los subregistros del 40 % en los registros civiles.
¿Por qué seguimos arrastrando el dolor de la muerte materna? Vivimos en sociedades machistas donde mandatos culturales y religiosos imponen la maternidad como un "mandato divino", una meta imperdonable para toda mujer. Las niñas y adolescentes son las más golpeadas: cargan solas el peso de la pobreza extrema que triplica su riesgo de muerte.
El UNFPA lo remarca con datos alarmantes: la Razón de Mortalidad Materna (RMM) alcanza 184 en indígenas aymaras frente a 112 en mestizas urbanas; la ruralidad la agrava (196 rurales vs. 98 urbanas); y fallas como la preeclampsia (25 % de casos) matan porque el sistema de salud precariza sus vidas por la pobreza extrema de los centros de salud, ausencia de insumos médicos, personal débilmente capacitado, maltrato naturalizado y los mandatos sociales.
Volvemos a preguntar, ¿dónde quedan los derechos de las mujeres? ¿Dónde está el Estado y la sociedad que normalizan esta tragedia?Desde los derechos conquistados por las mujeres, la maternidad no es destino, sino elección. Priorizamos derechos humanos, dignidad y vida por encima de todo. Obligar a una niña a parir viola su autonomía corporal (Convención sobre los Derechos del Niño, CEDAW). Como dice Simone de Beauvoir, "no se nace mujer, se llega a serlo" en estructuras que nos oprimen.
Como remarca Audre Lorde: El silencio no protege, por ello es urgente que exijamos al Estado inversión real en salud materna. Que la inyección de oxitocina esté disponible en cada posta y centro de salud, porque su escasez en centros rurales agrava las "demoras letales", donde niñas y mujeres indígenas, principalmente, mueren desangradas por falta de esta inyección simple.
Las vidas de las mujeres, niñas y adolescentes no son "hilos rotos" por azar, sino por negligencia colectiva. ¿Hasta cuándo?
Las tres demoras letales: patriarcado, machismo y religión que mata a las mujeres en Bolivia
En Bolivia, una de las naciones con más violencia contra las mujeres en la región –feminicidios al tope, embarazos adolescentes por abuso en 30 % de casos pobres–; la muerte materna no es "accidente".
El estudio del UNFPA identifica una cadena de tres demoras letales, estructurales, en las cuales el patriarcado impone maternidad sacrificial como "destino divino", una suerte de jaulas culturales que obligan a las niñas y adolescentes, particularmente de contextos rurales, a que estén expuestas a embarazos que pueden llevarlas a la muerte, "aguantando en silencio", culpadas solas; mientras varones, familias y sociedad se eximen. ¿Por qué? Mandatos bíblicos ("parirás con dolor", Génesis 3:16), imaginería mariana de abnegación y evangélicos que rezan en vez de curar, naturalizan el sufrimiento femenino.
En el estudio del UNFPA Hilos de vida rotos se identifican los tres calvarios que conducen a la muerte:
Demora 1: no reconocer el peligro (15 % de casos)Dolor abdominal, visión borrosa. Se minimiza por normas machistas. Mujeres pobres sin secundaria (60 %) ven el parto como "maldición divina". Mujeres de áreas rurales lo ignoran, 19 % versus 13 % urbanas. El 45 % sufre violencia obstétrica. Silvia Federici denuncia: “el patriarcado hace del cuerpo femenino un campo de reproducción gratis, excluyendo la paternidad compartida”.
Demora 2: camino al salud (35 % rural, 21 % general) Distancias de más de 50 kilómetros, sin transporte (70 % rural), cargas familiares aterrorizan a niñas ante discriminación. Ambulancias "inexistentes". El machismo obliga a priorizar a la familia; prejuicios religiosos culpan a la "pecadora embarazada".
Demora 3: atención inhumana (41 %) Demoras (22 %), trato deficiente, sin sangre (65 %) ni personal 24/7 (solo 49 % en primer nivel). Discriminación a indígenas (68 % muertes, Estudio 2011); subregistro 80 % en Oruro/Potosí. 40 % partos rurales sin calificación: negligencia estatal en un sistema que desvaloriza vidas pobres.Datos que corroboran que detrás a las cifras han factores inherentes que matan como la violencia machista y religiosa, esencia del patriarcado que exime a los progenitores, a la familia y a la sociedad; así como mitos que silencian alertas por "intimidad femenina".
Aun con 82 % de controles prenatales la calidad falla. Estudios nacionales (INE, UNFPA) muestran que la violencia ginecológica es sistemática, con embarazos forzados, generalmente en los propios hogares. ¡Los violadores están en familias, núcleo de la sociedad!. Naturalizamos feminicidios y abuso, atentando contra los derechos humanos, que deberían anteponer la dignidad y autonomía sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos.
No basta con condenar la violencia, el abuso y el encubrimiento familiar; debemos emprender campañas sistemáticas y educación permanente contra el machismo, que alerten sobre riesgos reales y empoderen a las niñas desde temprana edad.
Estos hilos rotos de la vida, tejidos por desigualdades que cortan trayectorias enteras, exigen que el Estado (nacional, municipios y departamentos) asuma su responsabilidad primordial: dotar a todos los centros de salud, en cada nivel, con recursos para atención obstétrica inmediata, controles prenatales de calidad, ambulancias, telemedicina y capacitación especializada en hemorragias y preeclampsia.
Y promover la paternidad corresponsable, equidad indígena/rural y demandar partos seguros, derrocando mitos religiosos y culturales, que naturalizan la violencia de género. ¡Basta de cargar a las mujeres con la obligatoriedad de "dar vida" atentando contra sus propias vidas!... ¡retejamos estos hilos rotos con políticas que prioricen la vida de todas, sin violencia y sin muerte!
Patricia Flores Palacios es Mgs. en ciencias sociales y feminista queer.