cerrarSAVE_20260301_150414SAVE_20260301_150414
SAVE_20260314_223345
SAVE_20260314_223345
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
WhatsApp Image 2026-03-03 at 09.11.50 (1)
Cuándo es cuándo | 16/03/2026

La batalla de los pequeños

Rodrigo Ayala
Rodrigo Ayala
​Probablemente la papeleta electoral de candidatos a la alcaldía de La Paz con sus 15 o 16 postulantes sea la que ilustre de mejor manera la chatura y la fragmentación que caracterizan a nuestra “clase política” en el periodo histórico que vivimos. En ese caso –y en otros como el de El Alto– el excesivo número se complementa con la pronunciada dispersión en la intención del voto, según indican algunas encuestas y la sensación térmica percibida.

Pero no se trata solamente del número y la dispersión; hay gobiernos municipales en los que la elección parece estar definida y otros departamentales y municipales donde hay una fuerte polarización entre dos candidatos. El tema se centra en la miseria que rodea al discurso y las propuestas.

​¿Hay algún candidato que supere el umbral del “obrismo”? el cual, en muchos casos, deriva en innumerables promesas que de antemano se sabe que serán imposibles de cumplir. Pero un poco más allá, el ofrecimiento más común es el que revela lo bajo que han caído nuestras expectativas como sociedad: “cortaremos la corrupción”, “no habrá coimas”, etcétera.

​El ejercicio político para la dirigencia establecida se ha vuelto una práctica rústica para ver cómo se organiza en las elecciones de turno con el objetivo de “agarrar” algo del aparato estatal; esa es la lógica de alianzas, agrupaciones, pactos, etcétera. Y, por supuesto, no se trata de un fenómeno nuevo; las elecciones nacionales, con su mezcla de “taxipartidos”, líderes sin organización política y saltos de una adscripción a otra, nos mostraron exactamente lo mismo. 

A estas alturas de la historia, los viejos pactos de gobernabilidad del periodo de la democracia pactada –el “acuerdo patriótico” y otros similares– dan la impresión de ser diseños de alta ingeniería política en contraposición a las prácticas de alianza a las que hoy estamos acostumbrados.

​Pero si los actores de la “exoposición” al MAS se encuentran deambulando entre ruinas, el estado de desastre de lo que últimamente se ha venido denominando como el “campo popular” –ex MAS, ex IPSP, ex “Instrumento”– tiene pocos antecedentes históricos. Y lo atestiguan dos hombres solitarios, cada cual a su modo. Uno se encuentra en el penal de San Pedro, salpicado por escándalos de corrupción y otros de índole familiar, hijos no reconocidos, hijos golpeadores de exreinas de belleza e hijos beneficiarios de préstamos inexplicables de millones de dólares por parte de la banca establecida

El otro está rodeado de sus seguidores en el Chapare, con una orden de detención por un caso de trata y viendo cómo los cambios que se están dando en el mundo lo están dejando, incluso, sin posibilidades de aplicar a su peor escenario: el del exilio.​

Lo peor en este caso es la percepción –sin duda compartida por una buena parte de sus seguidores– de que la “liquidación" del MAS no es mérito de sus oponentes, sino de estos dos personajes: uno responsable de una de las peores gestiones gubernamentales de nuestra historia y el otro preso de una obsesión extrema por no ser sustituido; la que sirve como un hilo conductor de su trayectoria que va desde el desconocimiento del 21F hasta la guerra liquidadora que implementó contra otros candidatos que pretendían emerger en su propio sector.

​Y solo para terminar de ilustrar el “enchastre” electoral boliviano, podríamos recordar esas insólitas elecciones judiciales que estamos condenados a vivir cada cinco años, en las cuales la sociedad no conoce a los candidatos y en las que el Órgano Electoral les prohíbe hacer campaña o restringe a los medios hacerles entrevistas. Una “elección” que, en sí misma, implica la negación de los más elementales principios democráticos.

​La precariedad formal y logística de “la política” boliviana actual no hace más que expresar sus limitaciones conceptuales: ¿Cuántos de los candidatos a munícipes están hablando seriamente de los problemas estructurales que aquejan a las ciudades? ¿Hay alguna propuesta que aborde de manera seria la reestructuración del “desgobierno del agua”, que mediante el actual sistema de gestión, expresado en las ya célebres EPSAS, está agotando nuestras posibilidades de vivir en urbes sostenibles? 

¿Se proponen soluciones viables a temas como el tratamiento de la basura y de las aguas servidas? ¿Alguien discute en profundidad la prevención de desastres en un mundo donde el calentamiento global se seguirá acentuando?

​El mayor atrevimiento que tienen los candidatos es el de mencionar el “50/50”, un reparto financiero que, cuando llegue, tendrá nombre y apellido, ya que el dinero no se inventa por más buenos que sean los instrumentos normativos y administrativos.

​Igual que en las elecciones nacionales ni se mencionaron temas como el de la explotación del oro, la reestructuración de la minería, la preservación de la biodiversidad o la uniformización impositiva entre sectores empresariales formales y “emergentes”, en estas subnacionales los candidatos se mueven en los límites del discurso marketinero.

​Si algo han mostrado periodos históricos recientes —como los de la “democracia pactada” y el “proceso de cambio”  es que la sociedad tiene límites, y que cuando estos se sobrepasan busca nuevas opciones; el problema está en que nunca hay la garantía de que estas sean mejores que las anteriores.

Rodrigo Ayala Bluske es gestor ambiental y cineasta. 

BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BEC_DPF-Digital-970x120px
BEC_DPF-Digital-320x50px