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Quien calla, otorga | 21/02/2026

Espejos transparentes

Alfonso Gumucio Dagron
Alfonso Gumucio Dagron
Los bolivianos hemos reaccionado con madurez, otorgando un voto de confianza al gobierno de Rodrigo Paz. Salvo algunos apresurados, que quisieran que de un día para otro se arreglen los enormes problemas que nos ha dejado el masismo en dos décadas de destrucción sistemática del Estado, y salvo las voces de unos cuantos masistas nostálgicos de la permisividad que llevó a la corrupción más grande y generalizada que jamás haya conocido Bolivia en su historia, el ciudadano de a pie ha respondido positivamente. 

Era algo impensable en los tiempos de confrontación que dividió en dos bandos a Bolivia: ahora se han aceptado y reconocido como ineludibles las medidas urgentes como la estabilización de los precios reales de los carburantes (para cortar el gigantesco contrabando a países vecinos), y se ha recibido con aprobación una mejor disponibilidad de dólares, unida a la generación de confianza en quienes lideran las nuevas orientaciones económicas, profesionales con experiencia y probos (no como el bribón –ministro kermese y luego presidente corrupto– que manejó la economía durante los gobiernos del MAS). 

Es fácil darse cuenta de qué sectores del Estado han generado confianza, y cuales están haciendo lo contrario: poner en riesgo la confianza de la gente y generar dudas. 

La diferencia es la transparencia. Mientras unos miran su reflejo en el espejo del poder, otros dejan que ese espejo permita a los ciudadanos ver cómo y por qué se toman decisiones, a la manera de esos espejos de doble vía, que permiten ver a través, según haya más o menos iluminación. Ahí donde se actúa de manera oscura, sin transparencia, se erosiona la confianza ciudadana, que en este momento es el principal puntal del Estado. Saben perfectamente los ministros que sólo el voto de confianza de los bolivianos sostiene al gobierno contra las amenazas de los nostálgicos del MAS y de los malos perdedores en las pasadas elecciones. 

Sin embargo, a pesar de saberlo, hay sectores del gobierno que no actúan con transparencia y crean zonas brumosas que socavan el buen trabajo que hacen otros. El Presidente debería ser consciente de que la desconfianza en un sector, puede afectar a todo su gobierno, y no se va a solucionar cambiando a uno o dos ministros.

Uno de los temas que permanece en la oscuridad y que inexplicablemente tarda en ser aclarado, es el de las 32 maletas ingresadas ilegalmente a Bolivia, en un vuelo privado desde Estados Unidos. ¿Acaso es un tema menor? No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que esas maletas no podían contener otra cosa que dólares en efectivo, muchos millones. 

La exdiputada de Creemos que abusivamente usó un pasaporte diplomático al que ya no tenía derecho, está coludida (y encarcelada) con un juez que ya tenía numerosos procesos por corrupción y vínculos con el narcotráfico. 

Hay que leer el artículo de Hernán Cabrera sobre este tema, “¿Cambio la justicia o a la justicia la cambiaron?”, para darse cuenta de la dimensión de estos delitos. Hernán aborda otros hechos que muestran la podredumbre de la justicia actual, con decenas de jueces que siguen “dictando” justicia mientras tienen ellos mismos un prontuario delictivo. 

Es una situación que no puede esperar la cacareada reforma de justicia, que tomará mucho tiempo. El gobierno, para salvar su propio pellejo, debe transparentar inmediatamente todos los hechos irregulares y sancionar drásticamente a los culpables, alejando del poder judicial y de la Policía Nacional a todos los que tienen cola de paja, las manzanas podridas. Si no lo hace corre el mayor riesgo: perder su base social, que no es partidista, es ciudadana. 

Se actuó rápidamente sobre los negociados de YPFB, y se despidió a varios centenares de personas que estaban asociadas a los contratos dolosos de Botrading, al contrabando de combustible, a los sobreprecios y a las mezclas de carburante con “gomas” (residuos sólidos que dañaron miles de vehículos), como el de mi colega y amigo Agustín Echalar. Lo mismo debe hacerse ahora con el “caso maletas”, porque no hacerlo sería una señal de que existe complicidad en los niveles más altos del gobierno. No nos vamos a olvidar de esas 32 maletas. Aclaren de una vez, qué están esperando. 

La transparencia debe aplicarse también en otros sectores del gobierno, por ejemplo en el ministerio de Relaciones Exteriores, que no ha actuado con la celeridad que se esperaba. La primera medida de ese ministerio debería haber sido la desvinculación de los embajadores que sirvieron políticamente al MAS durante 20 años. Algunos ni siquiera tuvieron la decencia de renunciar cuando Arce se hizo cargo del gobierno, y muchos han estado reciclándose en otros cargos con el nuevo gobierno. Eso no puede ser. Relaciones Exteriores sigue  arrastrando una cola de paja masista en los círculos más cercanos al propio ministro. 

Los embajadores son representantes políticos, por lo tanto, deben renunciar o ser cesados en cuanto asume un nuevo gobierno. El argumento de que no hay dinero para repatriarlos cae por su propio peso, porque seguir pagando tres o cuatro meses cuesta más que solventar su repatriación. Peor aún es el argumento de que no se los podía desvincular para no dejar sin cabeza a las misiones diplomáticas, lo cual permitió que siguieran representando al MAS. 

Dice el ministerio que ya no están en funciones (¿a alguien le consta?), pero que no se quiso hacer pública su destitución. ¿Por qué no? Esa actitud poco transparente daña la imagen del ministerio y opaca nuestras relaciones bilaterales y multilaterales.

No dudo que el desastre de la política exterior durante 20 años no es fácil de curar en 100 días. Pesa mucho la mediocridad proverbial de todos los cancilleres del MAS y de sus viceministros. Todos pasaron por el gobierno como fantasmas, sin dejar ninguna huella en la política exterior de Bolivia, al menos, ninguna huella que merezca ser recordada. Todos se caracterizaron por su enorme insignificancia y sus desatinos. Irónicamente, ahora pretenden ubicarse en organismos multilaterales (varios ya lo hicieron), y borrarse de Bolivia sin rendir cuentas. 

Por esa insuficiencia apabullante, personajes folclóricos como Choquehuanca, Huanacuni, Pary, Mayta o Celinda Sosa han ido desapareciendo del paisaje político sin que nadie se dé cuenta. Lo mismo sucedió con viceministros que fueron estrechos colaboradores de esos mediocres cancilleres. Se reacomodaron en otros ministerios o en directorios de entidades estatales sin hacer ruido, simuladamente, y siguieron percibiendo salarios. Rodearon a Choquehuanca exmilitantes de partidos que fueron de izquierda hace tres décadas (trotskistas, comunistas o maoístas), y arrepentidos de otras tiendas políticas caracterizadas por el oportunismo. Son ellos quienes construyeron la impostura de esa figura “indígena” cuyos discursos no tenían relación con la realidad. Pura palabrería con un barniz de poesía autóctona detrás de la cual no había ninguna sustancia.

En esa mediocridad estéril estuvimos sumidos tantos años, y mientras tanto, ¿cuánto costaron los centenares de viajes de toda esa tropa de inútiles, y cuánto costó mantener sus salarios? ¿Cuánto pagamos los bolivianos para mantener un servicio exterior tan pusilánime?

El gobierno de Rodrigo Paz ha recibido una Cancillería desorientada, con algunos funcionarios valiosos, de menor rango, que durante dos décadas tuvieron que tragar sapos y soportar los desatinos de sus cancilleres. Algunos son funcionarios con experiencia anterior al MAS, y otros son más jóvenes pero dispuestos a contribuir en la reorientación de nuestra política exterior. 

Es ahora la oportunidad de mostrar transparencia en nuestras relaciones internacionales igual que en las apremiantes decisiones económicas que debe tomar el gobierno. La apertura de relaciones con todos los países es una señal positiva, aunque no me parece necesario hacer tanto ruido con países como Israel, volcado al genocidio más brutal y condenado por las Naciones Unidas. 

Hay mucho que se puede lograr en las relaciones bilaterales sin necesidad de quedar atrapados en un círculo vicioso dominado por los grandes bloques que se enfrentan en el mapa mundial, China, Rusia o Estados Unidos. No se necesita improvisar: la Fundación Milenio hizo propuestas muy serias en julio de 2025. Que el ministro las lea por lo menos, ya ha demostrado que no es infalible.

Incluso las relaciones con Naciones Unidas deben manejarse con cautela, porque por una parte la ONU está asfixiada por el veto del Consejo de Seguridad, y por otra está llena de funcionarios oportunistas, exfuncionarios de gobiernos. 

En los años que trabajé en Naciones Unidas encontré corrupción en las oficinas en Nigeria y en Haití (los dos países donde más tiempo estuve), lo cual me hizo tomar la decisión de renunciar a una carrera internacional (dos veces, no una) mientras trabajaba en Unicef. Naciones Unidas tiene una manera poco ética de tratar la corrupción. Silenciosamente, separa a los corruptos o acusados de acoso sexual, y a veces apenas los traslada de país. En Naciones Unidas se evita el escándalo con el argumento de que se desprestigia la organización. Eso significa encubrimiento y malas prácticas. 

Menciono lo anterior, porque existe el riesgo de que el canciller del gobierno de Rodrigo Paz, debido a su experiencia anterior en el PNUD, pretenda actuar como funcionario internacional y no como jefe de la política exterior de un gobierno que debe acabar de raíz con 20 años de ineficacia, oportunismo y corrupción. Uno de sus asesores es nada menos que Fernando Ávila, involucrado en el tristemente célebre “Caso neurona”. Pero el ministro parece ignorar la gravedad de las acusaciones.

Ese es otro aspecto que el gobierno de Rodrigo Paz debe cuidar: el reciclaje de personajes que trabajaron en altos niveles del MAS. No me refiero a técnicos que ocupan puestos menores, sino a aquellos que levantaban el puño, orgullosos de pertenecer al MAS cuando juraban a sus cargos.Con frecuencia aparecen fotos de exfuncionarios del MAS, que ahora de manera oportunista juran con la cruz a sus nuevos cargos en el poder Electoral, en el Ejecutivo o en empresas descentralizadas del Estado. Son frecuentes las denuncias sobre vínculos familiares, nepotismo o clanes regionales (Tarija como epicentro). 

Otra vez: los ciudadanos que (todavía) apoyan al gobierno exigen más transparencia en las designaciones. 

La transparencia que esperamos del Estado, principalmente en los sectores de la economía, de la justicia y de las relaciones internacionales, debe ser manejada por los responsables de cada área institucional, bajo directivas presidenciales claras. Hay demasiado folclore en estos días, quizás por el carnaval y quizás por el otro carnaval, el de las subnacionales o “sub-racionales”, que ya preocupan seriamente a los ciudadanos. 

@AlfonsoGumuco es escritor y cineasta.


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