Hace un par de semanas me trasladé en minibús hasta Huajchilla, para visitar a un amigo, y tuve que soportar durante 40 largos minutos en la radio (que el conductor tenía a todo volumen), una larga sesión de adoctrinamiento político-místico en nombre de Evo Morales.
Durante ese viaje, que se me hizo más largo que otras veces, se turnaban dos locutores sin nombre para decir que “tenemos” que trabajar para que la “izquierda” regrese al poder con el cacique del Chapare a la cabeza.
Al margen de que considero (y lo he escrito muchas veces), que los gobiernos de Evo Morales y de Luis Arce nunca fueron de izquierda sino más bien reaccionarios, conservadores y nefastos para la población boliviana, para las libertades y para los recursos naturales de nuestro país, y que Evo Morales debería estar preso y condenado por el daño que hizo, lo que llamó más mi atención es que toda la perorata radial de impostura doctrinaria que estaba escuchando junto a los otros pasajeros, surgía de la radio Kawsachun Coca, que tiene su sede en la zona roja del Chapare y cuyos equipos pertenecen al Estado, pero es usada por Evo Morales como su emisora privada.
Recuerdo con nitidez el día que, casualmente, vi en Canal 7 (Bolivia TV) la llegada de Evo Morales para inaugurar las nuevas instalaciones de esa emisora que depende de las seis federaciones de cocaleros. Fue una casualidad del zapping que me permitió ver la ceremonia completa, que más tarde solo recogieron como un resumen en las noticias. Esa emisora que desde el 26 de octubre de 2006 existía con alcance local, de pronto se convirtió en un medio poderoso, con dinero del Estado.
Evo llegó a la localidad de Lauca Ñ -donde está instalado el principal estudio de la radio- en vagonetas de lujo y una cohorte de mujeres y hombres que le colgaban guirnaldas y lo recibieron alborozados. Hizo la challa tradicional de la emisora, con equipos modernos y potentes, y fue aún más lejos ese día. Como reyezuelo que desciende pródigo al nivel de sus vasallos para repartir dádivas, esgrimiendo en la mano varios juegos de llaves, llamó a uno de los dirigentes cocaleros amigos suyos y le hizo entrega de una vagoneta Toyota flamante. Luego llamó a otros dos dirigentes más e hizo lo mismo, como un Santa Claus tropical, entregando vehículos de más de 30 mil dólares a título personal, como si el dinero proviniera de sus ahorros.
En un momento dado, miró hacia un lado y con esa sonrisa burlona que lo caracterizaba (cuando no estaba perseguido por la justicia), dijo: “A ustedes, las bartolinas, ya les he dado muchas cosas”.
Como dije antes, la transmisión a nivel nacional del canal estatal (que solía acompañar con unidades móviles a Morales por todo el país y transmitir en directo sus partidos de fútbol, casi cotidianos), no se retransmitió en la noche en su totalidad, sólo como breve noticia. Valía la pena haber visto la transmisión completa para darse cuenta del desparpajo con que el cacique chapareño manejaba los recursos del Estado.
Desde entonces la red de emisoras Kawsachun Coca ("Viva la coca”) es el principal medio a través del que se expresa cuando quiere y como quiere el expresidente perseguido por la justicia, que se oculta precisamente en la localidad de Lauca Ñ, muy cerca de la emisora que le sirve para mentir sistemáticamente. Cuando los domingos es “entrevistado” por sus serviles locutores, siempre se le ve en el estudio delante de una pancarta mural que lleva su foto y la leyenda “Líder de los humildes”.
Como dato paradójico podemos añadir que el 23 de octubre de 2013, en una concentración de sus seguidores chapareños, Evo Morales consideró “equivocado” seguir gritando “¡kawsachun coca!”, porque la expresión—según él— ya había “pasado de moda”. “Ya no veo esa fuerza para gritar ´¡kawsachun coca!´. Tal vez hay que decir ´kawsachun piña, kawsachun naranja´, yo no sé. Ustedes sabrán eso, o ´kawsachun palmito´”, les dijo a sus atónitos feligreses, tratando de desviar la atención del principal producto de exportación del Chapare: la cocaína.
La emisora fue instalada y financiada por el Estado a lo largo de los gobiernos del MAS. ¿Cuál es la situación actual? ¿Por qué el Estado no recupera esos equipos que fueron pagados con nuestros impuestos y que no sirven sino para crear un clima de convulsión en el país? Esa emisora no hace periodismo ni comunitario ni independiente. Su única razón de existir es el ensalzamiento permanente de Evo Morales.
¿Cuántos salarios se pagan en la emisora? ¿Quién paga sueldos y beneficios sociales? ¿En qué condiciones y por cuánto tiempo ha sido otorgada la licencia para transmitir? Son preguntas que quienes están ahora a cargo del extinto viceministerio de Comunicación deberían responder, y quienes fueron autoridades en ese viceministerio también deberían responder, pero ante la justicia.
No es el único caso teñido de irregularidades. También está el canal de televisión Abya Yala, otro nido de masistas que sigue funcionando a pesar de su origen incuestionablemente ilegal.
Recordemos que el gobierno de Irán “regaló” las instalaciones completas del canal de televisión Abya Yala a la fundación Juan Evo Morales Ayma (JEMA), que en aquel tiempo estaba representada por un par de señoras que actuaban como “palos blancos” del caudillo chapareño. Un regalito de más de 3 millones de dólares… No solamente regaló Irán los equipos, sino que capacitó a más de cincuenta técnicos en Teherán. Uno de ellos me contó cómo surgieron conflictos a raíz de que algunos vivillos que viajaron allá para formarse llevaban clandestinamente botellas de singani, lo cual produjo un desagradable incidente con funcionarios iraníes.
¿Puede haber un ejemplo más claro de conflicto de intereses? ¿Cómo puede ser legal que un gobierno extranjero haga donación de un canal de televisión completo a la fundación privada de un presidente en ejercicio? El pueblo boliviano estaba (y está todavía) tan acostumbrado a ser humillado cotidianamente durante los 20 años del MAS, que a nadie pareció importarle la ilegalidad flagrante de esa transacción cuyos fines eran obviamente políticos.
No terminó allí el tema del canal Abya Ayala. Durante años recibió financiamiento del erario para pagar sueldos y beneficios de todos sus empleados (que me cuesta mucho llamar “periodistas”), y publicidad estatal para el mantenimiento de sus oficinas y de sus equipos. Para decirlo claramente: el Estado estaba financiando durante años un medio de información (más bien de des-información) perteneciente a Evo Morales Ayma.
Es probable que, ante tan anómala situación, en algún momento hayan hecho la jugada de alterar los documentos originales y convertir a Abya Yala en un canal del Estado, para justificar todo el dinero que recibió de nuestros impuestos. Y después, es probable que, para seguir sirviendo a Evo Morales, se haya alterado otra vez la personería jurídica para convertir al canal en un medio privado. Todo esto es muy oscuro, no hay información disponible, y los principales cabecillas están escondidos. ¿Rendirán cuentas alguna vez?
Sólo me queda preguntar a los nuevos responsables del área de comunicación del gobierno de Rodrigo Paz, cuál es el rastro de los cambios de propiedad o de personería jurídica del canal Abya Yala, que sigue defendiendo a brazo partido los intereses del MAS. ¿Sigue recibiendo financiamiento del Estado? ¿Quién paga los salarios y beneficios sociales? ¿Quién es dueño del edifico donde funciona, en la calle 6 de Obrajes? Un poco de transparencia haría mucho bien, luego de tantos años de oscurantismo. (Añado que, a diferencia de algunos colegas que aceptaron gustosos aparecer en las pantallas de ese canal, yo siempre me negué a cualquier participación en programas o siquiera entrevistas en Abya Yala).
Otro medio del cacique chapareño es Cambio, creado por Evo Morales en 2009, que también se financió desde el Estado (es decir, con los impuestos de los ciudadanos). Ese diario, subvencionado totalmente (a nadie se le hubiera ocurrido comprar un ejemplar del pasquín), cambió de nombre brevemente durante el gobierno de la presidenta Jeanine Añez (Bolivia) y otra vez cuando asumió la presidencia Luis Arce Catacora (Ahora el pueblo). Al parecer hay ahora la intención en el gobierno de Rodrigo Paz, absolutamente justificable, de dejar de subvencionar pasquines gubernamentales.
Nunca conocí a los mercenarios que fungieron como “periodistas” en Cambio y luego en Ahora el Pueblo, (entre ellos un tal Marco Santivañez, bien cebado durante años por el MAS), esos “colegas” no se hacían ver mucho en las organizaciones que nos representan como periodistas. Siempre tuve curiosidad de saber qué había en sus cabezas y si les quedaba un mínimo resquicio de ética después de haber halagado durante tantos años a Evo Morales y luego, como si nada, a Arce Catacora. ¿No sentirán vergüenza cuando llegan a sus casas y miran a su esposa o a sus hijos? Podríamos decir lo mismo de los mercenarios de ABI, la agencia de mentiras ahora desmantelada.
Ya lo decía Kapuscinski, que para ser buenos periodistas hay que ser ante todo buenas personas. Lo preocupante en Bolivia, es que todos esos mercenarios anónimos (o con nombre y apellido), al igual que los “guerreros digitales”, acaban siempre reciclándose y son tantos y tan desconocidos, que es difícil hacer un seguimiento. Quizás varios ya se han acomodado en el gobierno de Rodrigo Paz, como lo hicieron con otros gobiernos, o ya se infiltraron en las filas de algún candidato a las próximas subnacionales. Así es de triste y desolado el mundillo de los tránsfugas en Bolivia.
@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta