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20/11/2023
Ojo centinela

“El Estado soy yo”

Roberto Méndez
Roberto Méndez

“L’État, c’est moi” (El Estado soy yo), acostumbraba decir el rey absolutista Luis XIV a su corte de un centenar de súbditos que desde la mañana lo acompañaban, allá por el 1715, en los albores de la Revolución Francesa que luego, con la consigna de “Libertad, igualdad y fraternidad”, demostraría que en suma, el llamado Estado llano, es decir el pueblo, era el soberano que tenía el sartén por el mango, que al final se va a imponer nombrando a sus gobernantes, en el ejercicio de su derecho político de elegir y ser elegidos y dejando fuera de lugar la idea que el poder tiene un origen divino.

¿Y por qué recordar a este personaje? Porque en Santa Cruz se ha iniciado un proceso de recolección de firmas para revocar el mandato del alcalde Johnny Fernández y los afines al ala del expresidente Evo Morales anuncian también seguir esa ruta para destornillar de la silla presidencial a Luis Arce. Y como efecto dominó, la palabra revocatorio se ha puesto de moda en varios municipios del país.

Los temas de hoy son cambio, transformación, revocatorio y, especialmente, reconstrucción, como lo ha dicho el recientemente electo presidente de Argentina, Javier Milei, quien acaba de expulsar del cuadrilátero a los peronistas, léase socialistas del Siglo XXI, que habían dejado a la tercera economía de américa latina con 143% de inflación y 43% de pobreza.

Mientras eso ocurre en el vecino país, en Santa Cruz tenemos un panorama desolador de corrupción en la Alcaldía, un gobernador preso en Chonchocoro y hechos que no se entienden como la división del principal partido, el Movimiento al Socialismo, que en la Cámara de Diputados se alzó con la victoria de la llamada ala evista y en Senadores con el ala arcista tras componendas con una oposición que vive en peores nubarrones de humo que los que nos acosan, mientras los jefes de ambas, Evo y Arce, en el gobierno juntos durante 14 años, se lanzan reveladores piropos sobre corrupción, narcotráfico y negocios turbios y tenemos un Ministerio Público y un Defensor del Pueblo que ni siquiera dicen “esta boca es mía” para levantar una investigación.

Pero también vemos la baja reputación que tienen las instituciones pues se desconfía de la versión oficial del Gobierno, como ocurrió con el supuesto suicidio del interventor del Banco Fassil y la propia Policía que estaban realizando una operación encubierta de narcotráfico que arrojó un saldo de dos personas muertas; se da mayor credibilidad a quienes dicen que se trataba de un volteo.

Lo cierto es que “todo fluye” como lo decía el filósofo presocrático Heráclito de Efeso al señalar que nunca podemos afirmar que nos bañamos en el mismo río pues las aguas siguen su curso sin parar y cada persona cambia permanentemente.

Y se impondrá esa antigua frase que “la voz del pueblo es la voz de Dios”, pueblo que siempre ha exigido transformaciones o se ha revelado contra los malos gobernantes, como ocurriera en 1215 cuando los nobles se levantaron en contra del Rey Juan Sin Tierra, porque este se apropiaba de las parcelas de quienes fallecían en vez de entregarlas a sus familiares.

O en las revoluciones, como la de Virginia, en 1776, que dio lugar a la Revolución Norteamericana, porque las 13 colonias se cansaron que la corona inglesa les cobrara altos impuestos por vender sus productos y establecieron que en la libertad debería descansar la estructura de un nuevo Estado.

“Libertad, igualdad y fraternidad”, dirían los franceses cansados que una élite viviera llena de privilegios mientras el pueblo pagaba impuestos y se hundía en la pobreza.

La historia es el “testigo de los tiempos y la luz de la verdad”, nos decía Heródoto, el padre de esa especialidad, afirmando que quien no conoce los errores del pasado está predestinado a repetirlos; el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que el hombre puede “rebelarse contra la tiranía y la opresión” como un supremo recurso.

Roberto Méndez es periodista



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