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En voz alta | 19/01/2026

Con lo que falta cabal

Gisela Derpic
Gisela Derpic
De vez en cuando es recomendable forzarse a optimismo e imponerse un cambio de perspectiva para comenzar a ver el vaso medio lleno y no medio vacío. En especial si las cosas se complican y la luz al final del túnel no se ve. Como está sucediendo otra vez en el país. 
Tal viraje de enfoque es característico de las personas sensatas que no se toman muy a pecho las cosas y, por tal razón, cuidan de su salud.

 Además, por qué no creer que sea posible que de esa manera las energías del universo entero decidan virar juntas en favor de los buenos deseos y éstos se hagan realidad; quien sabe.


 Tal vez aquello del famoso “secreto” sea verdad y todo dependa de los pensamientos, a la manera postmoderna que incluye la negación de la biología por “opción” de parte interesada, la que dejaría temblando de rabia al viejo Marx al refutar aquello de que la materia determina a la idea, lo cual defiende como nunca la validez del beneficio de la duda. 

Y de no ser así, de tratarse todo de un conjunto de ilusiones o patrañas, consuelo de ingenuos, desesperados o tontos, en último caso; y, de todas maneras, bien vale la pena recuperar el sentido del humor, el mejor de todos los sentidos, para procurarse un alivio en la desazón y, mejor aún, el único remedio infalible: la risa. 

Entrando de lleno en esa tarea pues, de inicio, habrá que convencerse de que no es muy importante que el gobierno no gobierne. Al final de cuentas, a falta de decisiones firmes para conducir al país por caminos distintos a los probadamente dirigidos al desastre, a quién le hace mal que las iniciativas del Presidente y sus ministros, escritas en unos extraños papeles llamados “decretos supremos”, presentadas como la panacea de todos los males, sean tan sólo unas ocurrencias de duración efímera, al parecer orientadas a despertar con eficacia a esa bestia adormilada por el desgaste acumulado en tantos años de impedir a la ciudadanía una vida sin malos tratos, a la par de torpedear lo más posible cualquier alternativa de fortalecimiento del comercio y el turismo. Esto es de generación de riqueza bien habida. 

Menos aún importa que al momento de rendirse ante la extorsión criminal, al abrogar una buena parte de uno de tales decretos, demostración de la falta de autoridad del gobierno, el Presidente haya repetido, con una energía apabullante que revela una convicción irreductible, que al menos desconcierta a sus detractores, esas fabulosas palabras con las cuales los comandantes de los ejércitos arengan a sus tropas para mantener en alto su espíritu en el camino hacia su victoria sobre el enemigo: “No pienso dar un paso atrás ni para el impulso”. 

¿Es esto o no digno de ser incorporado en la letra de la famosa marcha patriótica titulada “Ya el sol asomaba en el poniente" del todavía más famoso grupo musical Les Luthiers? Pues sí, totalmente, iría muy bien al final de aquellas estrofas que describen con el fino humor de los artistas argentinos una derrota militar de la siguiente manera: 

“¡Soldados! ¡Pelad los sables! ¡Una vez más! ¡Soldados! ¡A la carga! ¡A la carga! Ya el odiado enemigo se distingue alejándose deprisa en la llanura. Ya los fieros enemigos se alejaron, no resuena el ruido de sus botas. Nos pasaron por encima y nos ganaron, nos dejaron en derrota. Perdimos, perdimos, perdimos otra vez”, cantadas en coro y a voz forte.

Tampoco debe molestar la falta completa de congruencia entre la divulgación de los astronómicos ingresos de 50 mercaderes de la pobreza vía el sindicalismo pervertido –más que el presupuesto de 213 municipios– y las horas de negociación con ellos para terminar dándoles gusto en todo, declarando al final, sin ruborizarse: “Bolivia no negocia con los corruptos”, aseveración incompleta que debería terminar diciendo: “pero nosotros, ¡sí!”, en honor a la verdad. 

Como se pintan las cosas, ante las nuevas amenazas de los mencionados líderes del proletariado mundial rumbo a su liberación, no sólo se negocia con ellos; se les está convirtiendo en un cogobierno de facto con lo cual, entre las carencias se inscribirá la falta de imperio de las leyes. 

Asunto este por lo demás coherente con la nula predisposición del llamado gobierno para reponer el Estado de derecho, puesta en evidencia, entre otros casos, por el favorecimiento a uno de los hijos del señor Luis Arce Catacora, el mismo que, por falta de iniciativa oficial para ser entregado a la justicia boliviana, encontrándose detenido en Brasil fue puesto en libertad. 

En medio de todo, el Poder Legislativo, depositario de la soberanía popular, según la teoría que sostiene la estructura del Estado, se ha convertido en un fantasma. Será porque otra cosa que falta es una mayoría que actúe en función de la viabilidad de las políticas de gobierno, bajo el sistema de contrapesos funcionando. Como hizo saber el senador Ormachea de la Alianza Libre, el gobierno no tiene apoyo legislativo pues su bancada está fracturada en tres. 

Color hormiga está la cosa, ¿no? Pero felizmente, con lo que falta –gobierno, plan, conducción política, liderazgo y equipo– cabal. 

Gisela Derpic es abogada.




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