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Vuelta | 07/02/2026

Ya esta bueno de milagros

Hernán Terrazas E.
Hernán Terrazas E.
Un milagro es un evento extraordinario e inexplicable, atribuible más a la intervención de los dioses que a la de los simples mortales. Por eso, no siempre es recomendable utilizar esta palabra para referirse a cosas de este mundo, como la economía, por ejemplo.

Hace algunos días, luego de que representantes de algunos organismos internacionales calificaran como “sorprendente” la rápida estabilización económica de Bolivia, algunos funcionarios de gobierno e incluso el propio Presidente se refirieron a este hecho como un “milagro”.

En tiempos de comprensible suspicacia pública y cuando acabamos de salir de un largo período en el que los excesos verbales y las metáforas abundaron para describir logros o contagiar entusiasmos, no parece lo más aconsejable seguir por el mismo camino.

El milagro económico boliviano de la década pasada fue eso solamente: un hecho “inexplicable”, que termino en colapso. A pesar de ello, hay que recordar que entonces, como hoy, los organismos internacionales también destacaban con mucho entusiasmo el toque “divino” en el mundano campo de los indicadores económicos.

De ahí que, después de hablar de exportar el modelo local para que otros países alcancen la prosperidad y de disputar los podios en los rankings de mejores ministros de economía, el último presidente del modelo de desarrollo social, comunitario y productivo haya terminado con el país quebrado y en la soledad de una celda húmeda, recordando con nostalgia, seguramente, aquellos días en los que presumía el “blindaje” anticrisis de la economía.

No hay duda de que las cosas están mejor que hace tres meses. Eso todo el mundo lo reconoce, pero no se pueden echar las campanas a volar cuando apenas comienza un proceso y hacen falta todavía muchas medidas para asegurar la sostenibilidad de éxitos que, por ahora, se sostienen –¿de milagro?– en frágiles alfileres.

Es cierto: los bolivianos necesitamos ser más optimistas, pero no al precio de celebrar hoy para sufrir la resaca mañana, como pasó en los tiempos todavía cercanos y “tibios” de los gobiernos del MAS.

El momento aconseja prudencia, la misma que el ciudadano común tiene cuando mira sus cuentas y observa con preocupación, pero sin derrotismo, que todavía no hay “milagros” que celebrar ni santos a los cuales agradecer.

Pero, sobre todo, es necesario actuar con mesura, con la sobriedad que demanda un país que estuvo muy cerca de tocar fondo y al que durante muchos años lo tuvieron sometido a un bombardeo retórico despiadado. 

Ya está bueno de “milagros”, de “mares de gas”, de “blindajes” y cosas parecidas, porque un auténtico cambio también debe comenzar por el lenguaje.

Hernán Terrazas es periodista.


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