cerrarBrujula La Cascada Tapa Comodin 900x470Brujula La Cascada Tapa Comodin 900x470
Brujula Digital BancoSol PDF 1000x155px
Brujula Digital BancoSol PDF 1000x155px
El Tejo | 18/01/2026

Recomponer un país roto

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco
Por donde se vea, en el país hay división, desconfianza, incapacidad de diálogo, dispersión y cuando aparece algún atisbo de acercamiento entre partes, surgen voces que optan por la insidia, la ruptura…

Esto se ha apreciado con nitidez, por un lado, en los últimos acontecimientos que hemos vivido desde la promulgación del ampuloso DS 5503 hasta su derogatoria manteniendo su principal objetivo: la eliminación del subsidio a los carburantes–, luego de un bloqueo nacional de carreteras y extenuantes reuniones entre dignatarios del gobierno y dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB) y de otras organizaciones populares. Por otro lado, en la mayoría de los análisis que se han difundido sobre este período, particularmente en aquellos que buscan clasificar, a como dé lugar, a vencedores y derrotados.

Sostengo que no hay ni unos ni otros, sino un país roto. Veamos: Se ha adjudicado al gobierno de Rodrigo Paz Pereira las tareas de enfrentar la profunda crisis económica y el fracaso del modelo de país propuesto por el Movimiento al Socialismo (MAS) a 20 años de su acceso al poder, y así abrir un nuevo ciclo histórico.

De una u otra manera, se le pide hacer en su gestión aquello que después de 18 años de dictaduras militares (con breves interregnos democráticos) pudieron cumplir Hernán Siles Zuazo y Víctor Paz Estenssoro, en 1982 y 1985. Pero, se olvida las características, las decisiones adoptadas, los precedentes históricos que viabilizaron esos momentos. 

El período militar fue acompañado de la emergencia de una élite empresarial que se benefició grandemente de la mayor bonanza económica que vivió el país en su historia hasta entonces. Esto permitió a este sector ser actor central de la vida política del país y en la conformación de los poderes del Estado… hasta hoy mismo. Fueron 18 años en los que el dinero fluyó como nunca antes se había visto y en el que la corrupción creció en igual proporción. Y fueron, por lo menos, 16 años de represión indiscriminada.

En el relevo de ese proyecto dictatorial los nuevos gobernantes tuvieron que incluir también a los eventuales “derrotados”, más aún cuando el país optó por la democracia representativa, por lo que esa inclusión era una condición sine qua non para seguir avanzando (como ocurrió, también, luego de la caída del MNR en 1964). Fue así que se crearon las bases para consolidar el nuevo ciclo histórico en el país que se extendió hasta 2005, con una etapa terminal que comenzó alrededor del 2000.

En 2006, el MAS tomó el poder y sentó las condiciones para inaugurar un nuevo ciclo histórico, y lo hizo en un nuevo período de bonanza económica (mayor, sostienen varios economistas, que el que se registró entre 1971 y 1978), en el que emergieron nuevos sectores que se convirtieron en actores importantes de la vida política y económica, lo que el actual mandatario reconoció a lo largo de su campaña electoral y que reiteradamente, junto a una propuesta de conciliación, destacó en entrevistas y discursos, posición que le dio dos victorias electorales frente a un adversario que más bien ofrecía confrontación.

Sin embargo, en la conformación de su gobierno esos sectores desaparecieron. Pero, obviamente, ellos no quieren desaparecer y han hecho escuchar su voz, una voz que desde el “establishment” intelectual, político, social, comunicacional y cultural se trata de deslegitimar con la acusación de ser masistas, evistas, agitadores profesionales (que seguramente también los hay, pero que no son centrales).

Es en la práctica de la realidad concreta que el gobierno se ha dado cuenta de esa ausencia y rechazó las presiones del “establishment” para optar por la confrontación, que desencadenaría violencia, privilegiando el diálogo.

Hacia adelante, esa opción significa aceptar la necesidad de incluir a esos sectores emergentes, que tienen poder económico, político y social, en la gestión estatal, como sucedió con el empresariado desde el primer gobierno de Banzer. Piénsese, a fuer de ejemplo, en comerciantes que trabajan en el comercio interno e internacional, campesinos productores, mineros, artesanos vinculados al comercio internacional, y una lista grande de emprendedores que ahora trabajan en el sector informal porque el formal los rechaza con sus “trancas”…

Desde otra perspectiva, el proceso que se analiza ha hecho más notoria aún la ausencia de partidos políticos y los esfuerzos que se deben realizar para recrearlos tanto por su función de intermediar entre el Estado y la sociedad como para presentar visiones de país. 

Lo que ahora se tiene son maquinarias electorales que dejan de existir luego de los comicios y los elegidos actúan a su arbitrio o al de su mentor principal, al que, a su vez, sólo le importa reproducir su poder. Esto hace que la Asamblea Legislativa Plurinacional no sea el escenario del debate político, y que los legisladores tengan que peregrinar por las redes sociales y los medios para hacer conocer sus propuestas, conformando un círculo vicioso peligroso.
En fin, si es cierto que el país está roto, se necesita, entonces, artesanos que pacientemente vayan pegando todas sus partes.

Eso, creo, es lo que nos han enseñado los últimos acontecimientos vividos.

Juan Cristobal Soruco es periodista.


BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
BRÚJULA-colnatur diciembre-2024 copia
Recurso 4
Recurso 4
SAVE_20251124_165756
SAVE_20251124_165756
BEC_DPF-Digital-970x120px
BEC_DPF-Digital-320x50px