El país se encuentra en un momento en el que se deben resolver problemas de corto plazo y sentar las bases para abrir un nuevo ciclo histórico, en una situación internacional, además, muy compleja, pues el planeta también se encuentra ante un dilema similar.
Se trata de un fenómeno que tiene precedentes. De hecho, entre 1982 y 2026 hemos vivido similares situaciones en dos oportunidades Una, entre 1982 y 1985. El primero, año fundacional democráticamente hablando, y 1985 cuando comenzó el cambio del ciclo del nacionalismo revolucionario instaurado en 1952, que alcanzó su clímax en 1993, hacia un modelo sui generis de mercado libre, con intervención estatal crecientemente regulatoria. La otra, en 2006, con el proyecto masista de la revolución democrática y cultural, como se autodenominó.
Al gobierno presidido por Rodrigo Paz Pereira le toca, pues, recoger el desafío de sentar las bases, reitero, no sólo para enfrentar los problemas de corto plazo heredados, principalmente de orden económico, sino crear las condiciones para que el país pueda transitar hacia un nuevo ciclo histórico que deberá ser, de acuerdo a su oferta electoral, necesariamente democrático, respetuoso de la ley y los derechos humanos, y con neutralidad ideológica en las relaciones internacionales.
Deberá hacerlo, además, enfrentando los dos tipos de oposición tradicionales: la del mundo sindical y corporativo, y la de las fuerzas políticas derrotadas electoralmente. A ambas hay que sumar las reacciones que vayan apareciendo conforme se avance en la consolidación del nuevo ciclo y se organicen nuevos sistemas de representación y poder.
Por ejemplo, en el tema de las autonomías, la distribución de recursos, la necesaria reorganización de los municipios en el país; en el campo de la reforma del Órgano Judicial y, seguramente a mediano plazo, de la Constitución Política del Estado (CPE), por citar los más visibles.
Ni qué decir de las demandas de los nuevos actores sociales emergentes y de la preservación del medio ambiente. Por último, las pugnas internas de poder que hay que administrar creativamente, lo que se dificulta por la profunda crisis de los partidos políticos.
Internacionalmente, deberá resistir presiones que buscan el alineamiento ideológico de la política exterior, que ya se expresa, por ejemplo, en las impertinentes declaraciones del mandatario argentino, en las que incluye al país, que propone la creación de un bloque “libertario” en la región, presión que no sólo el gobierno sino también la sociedad debe rechazar, como lo hicimos con la adhesión al denominado socialismo del siglo XXI.Es, pues, tarea muy ardua la que tienen el presidente Paz Pereira y quienes han acudido a su convocatoria para dirigir este proceso. Cuentan a su favor, entre otros factores, con una sociedad que se ha expresado claramente por un proyecto democrático, que ofrezca seguridad, certidumbre y desarrollo equitativo.
Que el país ha atravesado momentos similares (nunca iguales), lo que les permite revisar lo hecho para rescatar lo positivo y no caer en los errores cometidos. Y la inclusión de importantes segmentos de la sociedad que han optado por la democracia y la responsabilidad política y económica que implica su participación.
En resumen, el presidente Paz Pereira y su equipo de gobierno tienen un desafío de dimensión histórica. Esperemos que sepan gestionarlo…Siendo mi primera columna de 2026, deseo a mis lectores, mujeres y hombres, que tengan un buen año, renovando la fe y la esperanza en el provenir.
Juan Cristóbal Soruco Q. es periodista.