Después de revisar la más reciente encuesta sobre las tendencias del voto en las elecciones subnacionales, queda la sensación -en principio- de que el vacío dejado por el MAS todavía es muy difícil de llenar y que a la democracia boliviana aún le duele la inexistencia de un sistema de partidos políticos.
La dispersión es el elemento central, aunque no exclusivo, del panorama para los comicios que se avecinan, al extremo de que, en ciudades como El Alto, por ejemplo, el que más intención de voto tiene para las municipales no llega ni al 8 %, y en La Paz ese límite está por debajo del 20 %.
No hay partidos, sino agrupaciones de nombres misteriosos, formadas al vapor y con listas de militantes arrancadas de la “guía telefónica”. No hay proyectos, sino unos cuantos líderes que buscan seducir al electorado con más fantasías que propuestas serias.Y sí, el MAS dejó un hoyo que se siente. En ambas ciudades -La Paz y El Alto-, el voto masista que buscó una salida a través de la candidatura Paz/Lara ahora no se entrega con facilidad a nadie, aunque posiblemente se manifieste en alguna dirección hacia el final de la carrera.
Si “lo popular” se inclinó por afinidades con el discurso y el estilo de Edman Lara, ahora la apatía le gana con sobrada distancia al entusiasmo que suele acompañar los procesos electorales.
El “no hay por quién votar” es la expresión que se escucha con más frecuencia y el escepticismo la actitud que predomina frente a candidatos que o ya decepcionaron a quienes en algún momento les dieron su confianza o que van camino de hacerlo, porque comparten afinidades demagógicas.
Por todas partes se advierte la nostalgia “azul”, y no es para menos, porque si hubo un partido que fue propósito, que construyó sus propios mitos y articuló una narrativa efectiva, fue el Movimiento Al Socialismo.
Es difícil hablar de proyectos con esas características en el ámbito de lo que fue la oposición, devenida ahora en un oficialismo que intenta dotarse, a duras penas, de un proyecto para socializar.
Salvo en Cochabamba, donde tanto en la ciudad como en la provincia las tendencias parecen más o menos marcadas en favor de los liderazgos tradicionales y exitosos -Manfred Reyes Villa- o con raíces en la lógica popular y campesina, como Leonardo Loza, los departamentos del eje muestran similares “síntomas”.
El caso del candidato a alcalde de Santa Cruz, Mamen Saavedra, un verdadero fenómeno político, es una notable excepción, que se explica, sobre todo, por la decisión de los habitantes de la ciudad capital de poner fin a un ciclo de corrupción e ineficiencia representado por el actual munícipe, Jhonny Fernández.
Mamen Saavedra es, además, no solo un representante de una nueva generación, sino que insinúa la posibilidad de gestar un proyecto en el mediano plazo que signifique un “atajo político” diferenciado para una sociedad que se movió siempre entre extremos ideológicos.Falta por saber lo que ocurre en el resto del país, aunque no sería raro que la suspicacia y el desgano recorran también la geografía del voto que se avecina.
Ese es el paisaje de una Bolivia en transición política, económica y social. Es un saber de dónde venimos, con pocas certezas sobre la ruta que transitamos y ninguna claridad acerca de hacia dónde nos dirigimos. Tal vez por eso se sienten más los vacíos, se hace evidente que ya no funcionan los candidatos “memes” y que la política ya no se mide con el tic tac del Tik tok.
Hernán Terrazas es periodista.