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Wila k'ank'as everywhere | 01/02/2026

Correos

Sayuri Loza
Sayuri Loza
Hace algunos días fui con mi esposo a enviar una postal a la oficina de Correos y se me vino a la mente que nuestro país invirtió presupuesto para su funcionamiento desde la fundación bajo el entendido de que era necesario mantenerse conectados; claro que en aquel entonces, las cartas eran la única manera de comunicarse y en nuestro territorio, el sistema de chasquis y postillones había funcionado bastante bien, por lo que su institucionalización con el nacimiento de la república nos dio un sistema de comunicación aceptable.

Para el siglo XX, Correos servía para recibir cartas y paquetes del mundo, pero también para darle seriedad a las empresas. Muchos enviamos nuestro currículums buscando trabajo a casillas de correo que brindaban los anuncios de periódico solicitando empleados (¡así de viejos somos!). En algún momento me gustarían profundizar en la historia de correos en Bolivia, pero como esta columna no debe ser muy extensa, y en un rato debo salir al mercado, voy a saltar un poco en las épocas y voy a pasar a la fundación de Ecobol, en 1990. 

Ecobol, para la década de los 90, era una corporación estatal descentralizada y se administró bastante bien, pero a finales del siglo XX la comunicación digital estaba empezando a hacerle competencia al modo convencional de comunicarse enviando cartas. 

La empresa no pudo recuperarse y, como suele ocurrir al no ser lo que se conoce como empresa estratégica, de la cual se pueda sacar dinero, fue descuidada y terminó entrando en quiebra y cerrándose en 2018, dando paso a la Agencia Boliviana de Correos, que se encargó de liquidar la finada institución y de trabajar con un número reducido de trabajadores. Es decir, nunca hubo un esfuerzo real por actualizar la empresa.

La pregunta viene entonces, ¿es necesario tener una empresa de correos en Bolivia en estos momentos y con el avance tecnológico que hace innecesarias las cartas, y el envío de documentos que es mucho más eficiente con empresas privadas? 

Voy a responder con otra pregunta: ¿quieres hacer feliz a la gente? Pienso que en este momento, la respuesta del gobierno sería afirmativa, porque además le conviene para mantener una buena imagen. Pues bien, lo primero que hemos de hacer es dejar de pensar en Correos como una empresa de recepción de cartas y  mirar un poco a nuestro alrededor.

Hemos visto que la tecnología le quitó fuerza a la empresa de correos, pues ahora se la puede devolver. Existe, en la actualidad, una serie de páginas de venta online donde uno puede elegir, desde la comodidad de su teléfono móvil, diversos productos: desde ropa, pasando por gadgets, celulares, repuestos, libros, antigüedades…  nómbralo y puedes tenerlo. 

Como Bolivia no es un país productor, e incluso quienes se esfuerzan por producir suelen traer su materia prima de afuera, recurrimos a las compras por internet por necesidad, pero también por gusto, porque los jóvenes de hoy quieren tener lo que ven en internet… y los viejos también, que igual nos gusta la red.

Pues bien, no me voy a meter con los envíos a nivel nacional, que funcionan perfectamente con las empresas de transporte o flotas interdepartamentales. 

Si ustedes van a la calle Uruguay, en La Paz, siempre hay filas en las empresas porque la gente hace sus pedidos y nadie se queja porque tienen un sistema de rastreo online magnífico, y pienso que mal haría el gobierno en entrar a hacerles competencia a estas empresas que hacen bien su trabajo. Pero, ¿y los envíos internacionales? Hasta hace algún tiempo, éstos eran administrados por Correos, era una administración deficiente al punto de que si pedías algo en enero, te llegaba –si tenías suerte– en diciembre, y a veces no llegaba.

Actualmente, hay empresas, algunas legales y otras no tanto, que se han adjudicado la entrega de los pedidos. Hay un caso que ha tenido muchas protestas y cero atención de parte de los medios, que es la empresa Bolibox, que se ha adjudicado la entrega de los pedidos de la empresa Aliexpress. Varios usuarios denuncian que los cobros son excesivos, que las entregas son irregulares y que no se les da factura.

Se ha hecho denuncias formales a la ATT y –por mi parte– he tratado de alertar a las autoridades de manera verbal, pero hasta ahora no hay respuesta, y, una vez más, la decepción de estar desconectados y sometidos a grandes angustias para acceder a un producto, está presente en los bolivianos.

Por eso pienso que Correos podría reordenarse y establecerse como una excelente empresa de recepción de pedidos internacionales: Aliexpress, Amazon, Ebay, Alibaba, Mercadolibre, etcétera. 

¿Te imaginas hacer tu pedido de cualquier parte del mundo y recibirlo de manos de una empresa estatal bien administrada? Hagan números y la empresa podría sostenerse por sí sola, porque tenemos el nicho de mercado que –les aseguro– es enorme. 

Puedes gestionar la infraestructura, puedes coordinar con las empresas aéreas, tanto privadas como estatales, y, por encima de todo, puedes hacer sentir al boliviano que realmente nos estamos abriendo al mundo.

Ahora bien, los aranceles. Para no perjudicar a la Aduana se puede establecer una cantidad determinada de ítems a pedir o un límite del costo del pedido, digamos $us 500 dólares, para que la gente que pide, por ejemplo, una peluca de María Antonieta que no encuentra en el mercado físico, pueda hacer su pedido y recogerlo de Correos, sin que se le cuestione demasiado qué hará con ella o si establecerá un negocio ilegal…  ya que la premisa del presente gobierno es "eliminar el Estado tranca”, bien podría trabajar con la empresa de Correos como un gran paso que no necesita mucha legislación y que, sin duda, recibirá poca resistencia y mucho apoyo.

Think about it, como dicen los gringos. A menudo, los grandes cambios consisten en pequeños pasos, sin mucho alboroto, y es bueno entender que hoy en día los derechos ciudadanos también implican  tener acceso al mercado virtual y sus ventajas.

Sayuri Loza es historiadora.


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