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24/01/2022
Vuelta

Arce, la economía y el mando

Hernán Terrazas E.
Hernán Terrazas E.

Los discursos oficiales y los actos con motivo del aniversario del Estado Plurinacional dejaron varias reflexiones. En primer lugar, se confirmó la decisión presidencial de no hacer cambios en su equipo de colaboradores directos y de promover más bien la unidad de su gobierno y los movimientos sociales para reconducir el “proceso de cambio”.

"La victoria contra el capitalismo, el colonialismo y el imperialismo es mediante la lucha ininterrumpida contra la desigualdad (...). Nuestra lucha no tendrá éxito si florecen las ambiciones individuales y los enfrentamientos internos", dijo un Arce menos enfático que en otras ocasiones seguramente en referencia a las tensiones que surgieron por el prematuro debate en torno a las candidaturas para la próxima elección general.

Arce sabe que la unidad de su partido y el éxito de su gobierno dependen en gran medida de su liderazgo. Si algo ha proyectado debilidad precisamente ha sido la aparición de facciones que disputan “derechos”  electorales futuros y dejan de lado las tareas inmediatas de la gestión.

El Presidente necesitaba con especial urgencia retomar el mando en medio del fuego cruzado de los bloques y para ello era indispensable evitar que los conflictos internos se reflejaran en la atomización o reparto de su propio gabinete. Tal vez esa sea la primera batalla política en la que Arce sale victorioso dentro de su partido.

El jefe de Estado cerró el debate sobre supuestas fallas en su equipo de colaboradores y destacó más bien los aparentes aciertos que permitieron a su gobierno encaminar la reactivación económica, independientemente de factores externos como la subida de los precios de las materias primas o el denominado efecto rebote posterior a la recesión global ocasionada por la pandemia.

"Aquí no hay pilotos automáticos, no se trata de buenos precios internacionales, ni fortuna, ni es por efecto rebote. Tenemos un modelo económico construido entendiendo al pueblo boliviano, que ha demostrado resultado aun en momentos de duras crisis internacionales", afirmó.

Arce insistió en que la economía boliviana crecerá 6% durante el 2022, casi el doble de las previsiones de organismos internacionales como el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), pero admitió que el desempleo continúa siendo una tarea pendiente.

Fue tal vez un discurso menos confrontacional que los anteriores, sin referencias al supuesto “golpe de Estado”, la “derecha” u otros adjetivos que llenaban sus intervenciones pasadas, lo que obviamente no quiere decir que exista una disposición conciliadora hacia los grupos y débiles liderazgos de una oposición desorientada.

El mandatario prefirió no hacer propuestas, ni precisar cuáles serán las tareas prioritarias de su gobierno para los próximos meses y años. Una vez más habló de los resultados del primer tramo, pero no compartió una visión sobre el futuro salvo para reiterar, sin detallar nada, que el modelo de desarrollo pondrá el énfasis en la sustitución de importaciones.

"Que no les quede duda que la industrialización con sustitución de importaciones es una forma efectiva de liberación nacional", apuntó.

Como en otros discursos, también en este Arce no hizo mención alguna a los actores privados, pese a que durante las últimas semanas voceros empresariales insistieron en la necesidad de establecer un diálogo con el gobierno para participar de la solución de los problemas económicos. En el mensaje, el presidente solo dijo que las medidas impulsadas para reactivar la economía fueron y serán consensuadas con los movimientos sociales.


Arce entiende que la principal preocupación de los bolivianos en este momento, incluso por encima del COVID, tiene que ver con la situación económica y sabe que para muchos, tanto dentro como fuera de su partido, la principal virtud de su liderazgo es precisamente la del manejo de la hacienda pública. Tal vez por eso puso el énfasis en datos e indicadores, el terreno en el que pisa más fuerte y donde puede comenzar a gestionar el mando frente a sus críticos y “adversarios” internos.

Si hay ausencias que pesaron el 22 de enero una de ellas fue la de Evo Morales que no apareció ni siquiera para comentar el discurso, luego de varios días en los que había disputado el protagonismo mediático con otros dirigentes de su partido a propósito de eventuales cambios en el gabinete, primero, y de la carrera por la candidatura después.

Por primera vez en más de un año de gestión, el presidente se salió con la suya y comenzó a marcar distancia – al menos aparentemente – con el  jefe partidario,  quien no deja de parecer obsesionado con el lugar que debe ocupar en el futuro. Más silencioso, prudente y hasta filosófico, el vicepresidente David Choquehuanca volvió a lo suyo: discursos que no terminan de afirmar algo, pero que encierran mensajes con destinatario fijo: "En el Estado Plurinacional nadie debe sentirse dueño de nada ni de nadie".

Hernán Terrazas es periodista y analista 



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