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Librepensamiento | 18/03/2026

Adiós plurinación, bienvenida nación

Pedro Portugal
Pedro Portugal
El 12 de marzo, la Fundación Pasos Kanki auspició un conversatorio sobre el tema Nuevo ciclo o transición. Indudablemente el sujeto es importante. Se trata de vislumbrar la importancia de la ruptura del actual gobierno respecto al anterior: si existen diferencias, solo circunstanciales, o si comportan quiebres sustanciales y duraderos.

Intervinieron ponentes de reputada valía en el campo del análisis: Carlos Hugo Molina, Gustavo Fernández, Dennis Lema y Quya Reyna. Sin embargo, ninguno de los expositores desarrolló en profundidad el tema del conversatorio. Sí hubo, empero, observaciones profundas y atinadas sobre diversos aspectos relacionados con el futuro social y político de Bolivia. Me detendré en lo expuesto por la analista e influencer Quya Reyna.

Quya Reyna expuso su percepción de las actitudes y posicionamientos de los migrantes del occidente del país en Santa Cruz. Estos, en su gran mayoría de origen indígena quechua y aymara, no exhiben obcecaciones identitarias sino que se caracterizan más bien por su esfuerzo para “insertarse” en el marco social y cultural cruceño en un esfuerzo por lograr sobre todo un empoderamiento económico y luego, seguramente, político. Es más, Quya remarcó el bolivianismo que esos grupos exhiben, y no así sus identidades, quechua o aymaras. 

Una evaluación superficial de conductas nos podría conducir a creer que el migrante indígena se comporta de una manera en su lugar de origen y diferente en su sitio de nueva residencia. 

En el Occidente sería tradicional y en el Oriente del país innovador; en el uno aferrado a símbolos y hábitos culturales que lo diferenciarían del resto y en el otro abierto a usos y costumbres nuevas. Sin embargo, no es así. Quya Reyna explicó que el migrante mantiene en Santa Cruz su identidad –fiestas, “entradas”, comidas, núcleo familiar como articulador económico… –, pero la impronta que deja es diferente de la que se constata en Occidente.

El asunto es, pues, de contexto histórico y social. En Occidente subsiste el conflicto colonial originado en la persistencia de la mentalidad altoperuana, de sus instituciones y de su proyección en el modelo económico –extractivista, burocratizada y centralista–. El Oriente del país estuvo alejado y en contradicción histórica con el modelo altoperuano. La potencialidad que ahora exhibe es fruto de esa contradicción histórica. Es pues normal que el indígena se exprese diferentemente en situaciones disímiles.

Sin embargo, aquello que en Santa Cruz es fácilmente percibido en cuanto iniciativas y conductas del migrante de origen indígena, es también notorio, aunque con mayor esfuerzo, en el Occidente del país. No hablamos solamente de los socorridos cholets, sino de cualquier manifestación urbana, social y política en la que interviene el indígena… Y sobre todo del simbolismo que exhibe. La iza de la bandera boliviana en las horas cívicas de cualquier escuela rural muestra un civismo nacional ausente ahora en las escuelas de la mayoría de las grandes ciudades en Bolivia.

¿Hay una transición o se abre un nuevo ciclo respecto a lo indígena en Bolivia? El periodo del MAS ha sido el de la implantación de una visión del indígena culturalista y pachamámica. Esa visión se impuso sobre todo por la supremacía del discurso de agencias de cooperación internacionales y de ONG locales. 

Casi 20 años de ese relato se soldó con el fracaso de aplicaciones concretas: fiasco de las autonomías indígenas, frustración en los experimentos de empoderamiento concreto, descalabro en los temas de justicia indígena, reveces en la gestión de las universidades indígenas… por no citar el escarnio de la administración de recursos en el famoso Fondo Indígena.

Indudablemente se abre un nuevo periodo en la conceptualización y el accionar indígena, que se puede resumir en la definición de si el empoderamiento indígena se dará en los marcos de la nación o de la plurinacionalidad.

Es altamente simbólico, al respecto, el conversatorio de la Fundación Pasos Kanki al que nos referimos. Ese evento fue inaugural de una nueva dirección. Sintomáticamente, en uno de los últimos eventos de la anterior dirección de esa Fundación se analizaban algunos parámetros que el partido Unidad Nacional (UN) debía presentar como ejes doctrinales en las elecciones del 2025. 

Un aspecto que presentó discusión fue la caracterización plurinacional de Bolivia. La totalidad de quienes opinaron presentaron reticencias a esa caracterización (alguien ironizó, por lo bajo, que así UN tendría que cambiar su sigla a UP). La palabra final del director de ese entonces fue que plurinacional se había definido y plurinacional se quedaría.

Ojalá la exposición de Quya Reyna motive mayor discusión al respecto. Indudablemente el espectro político deberá renovar sus formulaciones y, sobre todo, los activistas y la naciente clase política indígena deberán hacer escuchar su palabra al respecto.

Pedro Portugal es historiador, especialista en temas de indígenas.



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