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Sin embargo | 16/01/2026

¿Súper héroes o mansos de la COB?

Jorge Patiño Sarcinelli
Jorge Patiño Sarcinelli
Si alguien te dobla la mano en una pulseta, es porque es más fuerte que tú o porque tú eres más débil. El hecho es el mismo, pero el uso de palabras opuestas sugiere imágenes distintas. Es una versión de la famosa metáfora de la botella medio llena o medio vacía. 

La idea se aplica a las recientes negociaciones entre el Gobierno y la COB, que culminó con la abrogación del DS 5503. Los optimistas creen que la COB sigue tan fuerte que no era posible derrotarla. Los críticos consideran que, al contrario, la COB ya era un cadáver desprestigiado y era obligación del Gobierno imponer su autoridad. 

O quizá esta haya sido una de esas raras pulsetas en que ambas partes pueden reclamar la victoria para sí. 

Cito de dos opiniones representativas; una optimista y una crítica. De Raúl Peñaranda (Brújula, 12/1/26): 

"Nadie dijo que iba a ser fácil. (…) Bolivia es un país de alta conflictividad (…) con escasa capacidad estatal para imponer la ley. No se puede [ignorar] que el país tiene un entramado de movimientos sociales organizado y efectivo. El escenario era […] complejo. A eso se añadió un resultado electoral que dejó a un segmento de la población con una sensación de orfandad política: cerca del 15% votó nulo a pedido de Evo Morales (…). Esa falta de representación puede ser una de las explicaciones de la rapidez con la que se rearticularon sindicatos y grupos de presión frente a un decreto que (…) resultó excesivamente ampuloso.

El Ejecutivo pudo haber optado por un camino más simple: concentrarse en el ajuste al precio de los combustibles (…) mediante un decreto breve. Eso habría facilitado su defensa comunicacional. Se eligió otro camino y se complicó el escenario.

El gobierno hizo bien en retroceder. (…) Lo que algunos leen como una derrota, no lo es. Se logró el objetivo principal. (…) La primera batalla […] ha sido vencida”.

Y de Luis Fernando Sánchez (Brújula, 13/1/26):

“(…) el miedo es el principal insumo del chantaje. Cuando el Estado lo exhibe, se vuelve predecible y vulnerable. Así actúan también nuestros movimientos sociales: miden la debilidad del poder, calculan el costo político de la reacción y avanzan hasta donde saben que no habrá respuesta. El resultado es una capitulación disimulada, envuelta en sonrisas forzadas y llamados al diálogo. Luego viene la tregua, siempre provisoria, hasta el próximo episodio en el que volverán a cobrar su precio.

¿Alguien ganó la pulseta?... Los chantajistas, sin duda. No sólo resucitó la COB, que creíamos sepultada, sino que lo hizo con músculos. (…)

(…) no pretendo aquí calificar de cobarde a nadie […]; pero el exceso de prudencia puede parecer temor. Ahí radica lo valioso del coraje: sobreponerse al temor aún a riesgo de perder mucho. (…)

Es incomprensible que un Gobierno con mayoría en el Congreso, sabedor de estar haciendo bien lo que debe hacerse en materia económica, además de contar con amplio apoyo popular e internacional, se haya dejado llevar a un escenario de confrontación de estilo masista”.

Al respecto, hay algunos elementos que deben ser incluidos en el análisis:

Primero. Independientemente de quién haya ganado la pulseta, el gran perdedor fue el país, al que el conflicto le costó 40 millones de bolivianos y, apenas comenzados los esfuerzos de atraer turistas, tuvimos a cientos de ellos varados en todo el país. Esto no puede haber sido buena cosa.

Segundo. La aprobación del defectuoso DS 5503 es el resultado de la inexperiencia del presidente y su gabinete. ¿Cómo es posible que no supieran que no se promulga un decreto sin antes hacerlo revisar por el asesor legal de Palacio y el Ministerio de la Presidencia (o cómo lo firmó su experimentado ministro sin revisarlo)? 

No es imposible que alguien, en afán de lanzar el 21060 de Rodrigo, metiera el decreto por el atajo. El resultado de esa ineptitud u osadía fue un decreto Frankenstein, que quizá no haya alterado la estrategia de la COB, pero daña la imagen del Gobierno. 

Tercero. La COB, a la que se daba por moribunda, con este resultado resucita y reafirma su vigencia. Lo menos que se puede decir es que ha demostrado que es una fuerza que este Gobierno, ahora obligado a “consensuar” lo que la COB demande, no podrá ignorar en ocasiones similares. 

Que la entidad matriz de los trabajadores bolivianos se fortalezca no es malo en sí. Lo malo es que hayan sido capaces de llevar el proceso a una lógica que creíamos superada. El MAS ha sido derrotado en las urnas, pero sus genes sobreviven y volverán a engendrar monstruos si generamos las condiciones por acción u omisión. 

Cuarto. Por su lado, aunque es arriesgado juzgar desde afuera, el Gobierno ha demostrado poca habilidad en la negociación. Muestra de esto es el último episodio del proceso, cuando la COB exigió al Gobierno que se negociara el cierre en El Alto. Esto solo es aceptable en esa cultura de usurpación institucional que se viene imponiendo en el país desde antes del MAS, y más con este.

Después de un mal inicio, los ministros ya no pudieron recuperar el equilibrio. Cuando te has bajado el pantalón es difícil negar calzón. Los de la COB no habrán leído a Cervantes, pero tienen la suficiente intuición para saber que tenían enfrente un manso y los ministros allá fueron como corderos a ser trasquilados. No fue coraje, como dijeron algunos, sino sumisión. 

Quinto. En esta dinámica, los movimientos sociales son capaces de imponer su voluntad por encima de los demás grupos ciudadanos. Es concebible que el resultado obtenido sea también bueno para los agricultores de Santa Cruz, los universitarios de la Llajta y las amas de casa de Tarija, pero nadie les ha preguntado nada. Esta es una distorsión antidemocrática y muchos esperábamos que, como parte del retorno a la democracia que tanto se ha celebrado, desapareciera también este vicio de nuestra política. 

Sexto. En su discurso al anunciar el acuerdo, Rodrigo dijo que “El decreto 5503 cumplió su objetivo de conquistas económicas y sociales y evitó el colapso de la patria”. Estas palabras son engañosas. Este decreto fue abortado y su corta vida solo ha servido para convulsionar al país. Es aceptable que nos endulcen la píldora que debemos tragar, pero un poco sinceridad hubiera tenido más valor. La honestidad y el coraje presidenciales son parte de un imaginario que se construye en los momentos difíciles.

Poco importa si Rodrigo no fue elegido por votos propios. Él prometió arreglar el país y la ciudadanía lo recibió de brazos abiertos. Él era como el capitán del Bolívar, con toda la hinchada a su favor, jugando contra el Unión Maestranza de visitante. Pero, apenas comenzado el partido, Rodrigo se ha marcado solo y ha sufrido un auto gol. 

Estamos donde estamos y queda mucho partido por jugar. Esperemos que Rodrigo, después de recoger la pelota del fondo de las redes, sea capaz de reconducir su equipo y sacar el país adelante. No cambiará el score con discursos, sino con resultados. 

Jorge Patiño Sarcinelli es escritor boliviano.


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