Hoy, cuando escribo esta columna, es 23 de marzo, ocasión propicia para recordar a Don Eduardo Abaroa, nuestro héroe nacional e inspirador de valores patrios de servicio y sacrificio en defensa de la patria.
Recordamos siempre su esfuerzo y su ejemplo, pero rara vez seguimos la historia más allá del instante heroico. ¿Qué ocurrió con su familia? ¿Qué destino tuvieron sus descendientes?
En esta oportunidad, quiero presentarles
al primogénito del héroe: Andrónico
Abaroa Rivero.
Huérfano a muy tierna edad, Andrónico acompañó a su madre viuda, doña Irene
Rivero, en la crianza de una familia de cinco hijos: Juan, Eugenio (mi abuelo
materno), dos hermanas menores –Amalia y otra– y él mismo.
De Andrónico y de sus hermanos se conoce poco, principalmente por relatos transmitidos por sus descendientes, cada vez menos, pues muchos se llevan a la tumba esos recuerdos. Sin embargo, de Andrónico conocemos algo más: aun viviendo en Antofagasta, estuvo al servicio de Bolivia como Embajador Plenipotenciario en misiones en Europa y, aparentemente, en Asia. Además, en calidad de ciudadano privado, realizaba viajes a Japón acompañado de socios, amigos y parientes, en periplos de varios meses, costeados por él mismo.
Para entonces ya era la cabeza de una familia que se había levantado de la pobreza tras la derrota, alcanzando un sitial prominente en la comunidad de negocios de Antofagasta, donde, al parecer, sirvió de por vida como Cónsul Honorario de Bolivia. Todo esto requiere confirmación mediante investigación en los archivos de la Cancillería, pues proviene de la memoria familiar, de cartas y fotografías conservadas.
Andrónico Abaroa tuvo una hija nacida en Tupiza, de nombre Elena, quien se convirtió en su principal heredera, no solo de su fortuna, sino también de su talento para los negocios. De fuerte acento boliviano, es vívido recuerdo de sus nietos Andrónico y Guillermo (+) Luksic Craig.
Elena, casada con un inmigrante croata que llegó a Antofagasta rumbo a California, tuvo dos hijos: Andrónico y Vladimir Luksic Abaroa. El primero, fiel discípulo de su madre, heredó la habilidad para los negocios del abuelo Andrónico. Vladi, como le decían, heredó más bien la afición por la bohemia de la otra rama de los Abaroa, incluido mi abuelo Eugenio, conocido por su buen gusto y su buen vivir, y apodado “Pommery” por su preferencia por ese fino champagne en los calores del Atacama.
Andrónico Luksic Abaroa –el segundo Andrónico, llevando el nombre del abuelo materno–, talentoso, inteligente y perspicaz, llevó la fortuna familiar a niveles internacionales. Su madre, Elena, dio a cada hijo el equivalente a diez mil dólares, a cada uno, al terminar la secundaria, y los lanzó a su propia suerte y habilidad, aclarándoles que allí terminaba su responsabilidad económica. Siempre dispuesta a darles consejo y guía, pero ya libre de ninguna responsabilidad material. Como se dice “eso era todo”.
Andrónico partió a Francia a estudiar leyes, luego de una breve estancia en la Contraloría de Chile, donde trabajó gracias a un amigo de su padre, otro croata de apellido Litvac. Vladi partió a Estados Unidos, de donde regresó pronto y sin un peso.
El tercer Andrónico es el hijo mayor del bisnieto del héroe: Andrónico Luksic Craig, hoy cabeza de la familia, junto a la viuda de su padre y madre adoptiva desde su infancia, tras el fallecimiento de la primera esposa de Andrónico Luksic Abaroa, quien posteriormente se casó con Iris Fontbona, una joven talentosa y bella de Antofagasta.
Su hermano Guillermo falleció hace algunos años, habiendo sido físicamente el más parecido al abuelo Andrónico original. Fue él quien conservó un pequeño escritorio del abuelo, sobre el cual se veía una fotografía en la que este aparece trabajando en ese mismo escritorio, debajo de un escudo boliviano enmarcado.
La tradición de Andrónico ha continuado. La nueva generación está encabezada por Andrónico Luksic Lederer, que también ha dado a su hijo el mismo nombre.
Un hermano menor es el primero en dar un paso en la política: el año pasado fue elegido como alcalde de una comuna de Santiago de Chile. Se trata de Max Luksic Lederer, a quien recuerdo de niño, muy pequeño, arrojándose, sin temor y sin traje de baño, a las gélidas aguas del Pacífico, en la playa de Hornitos, al norte de Antofagasta.
Continuará….
Ronald MacLean es catedrático; fue alcalde de La Paz y ministro de Estado.
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