Mami, pasan 19 años de tu partida, pero no siempre el tiempo ayuda con el dolor y las nostalgias de lo perdido; quizás solo nos hace más maduros para aceptar las leyes de la vida.
Me parece ayer cuando te llevé al hospital. Me daba la impresión que ya no volverías a tu casa, lo presentía y así fue. Al arreglarte te pasé una blusa y una falda. Me dijiste, como toda mujer lo diría: “No concuasa”. Aún tenías preocupación por el vestir.
Este año cumplirías 109 años de edad, más de un siglo entero. Al saberte enferma decidiste no aceptar los sueros, te los quitabas. No querías comer porque deseabas partir, no querías estar enferma, que te manejeran las enfermeras como quisieran sin que tú sepas qué hacían de ti. Tuviste lucidez y valentía para no aceptar alargar la vida de manera artificial; en el hospital, cuando más me aceptabas, como regalo de buena voluntad, el comer un helado Frigo, que te gustaba y nos gustaba mucho.
Toda la vida luchaste sola, sin pareja al lado para sacarnos adelante; a mi hermano Julio y a mí.
Nos hiciste estudiar, primaria, secundaria y universidad, porque apostabas a que el estudio nos podía sacar de la pobreza, de esa pobreza en la cual viviste en tu infancia, huérfana muy niña, sin padre ni madre al lado, sólo con hermanos niños a los cuales ayudar.
Primero trabajaste en la Said como obrera. Ahí ganaste tus primeros pesos, ahí ya fuiste dirigente del sindicato. Luego lo hiciste de enfermera auxiliar, también con alma sindical, fuiste dirigenta de ese gremio.
Con un sueldo magro nos criaste con sacrificio, siempre inculcando la necesidad de la educación para seguir adelante. En eso tuviste razón, pero no sólo nos diste estudios, sino que tuviste la capacidad de inculcarnos valores: lealtad, solidaridad, respeto por los demás, honestidad, amor por el trabajo.
Hoy que vivimos un mundo sin valores, valoro mucho lo que nos diste con tu visión ética de la vida. No precisaste acabar la primaria para ser portadora de valores.
La dictadura de Banzer asesinó a tu hijo Julio, en agosto de 1971. Ahí también aprendí lo que es el dolor de un madre y lo que es el sufrimiento de perder a un hermano mayor. Nunca te repusiste de ese dolor, con él caminaste largos años de tu vida.
Julio se sacrificó creyendo en la democracia, en las libertades. Como joven de su tiempo creía en las izquierdas. Hoya, tú y él sonreirían al saber que las izquierdas aprendieron a ser autoritarias, dictatoriales, ocupadas solo en la reproducción del poder y manchadas por la corrupción.
En fin, son cosas de la vida. Tú no lo sabes, hemos pasado 20 años de autocracia del MAS, pero, por suerte se fueron, cargados con el estigma de la corrupción, de la pedofilia y del estupro.
Querida Alicia, de tanto en tanto, voy al Cementerio, voy a dejarte unas flores, pero, ante todo, a recordar, a charlar a solas contigo; a contarte como nos está yendo, a pedirte que intercedas con el de arriba para que nos vaya bien, a Martha y a mí, a tus nietos Gabriela y Ricardo, y a tus dos bisnietos Luciana y Sebastián.
Ahora se sumó Clarita, hija de Ricardo, tiene cerca de dos meses, esa es tu tercera bisnieta. Sí, mami tienes tres bisnietos, son hijos de Gabriela y de su esposo David. La última es de Ricardo y su pareja Eli.
Nosotros, como abuelos, los gozamos porque todos los nietos del mundo son lindos. A Ricardo le llegó la pareja, y ya tiene a su Clarita. Martha dice: Gracias a Dios ya tiene compañía.
Mami seguimos viviendo en Cota Cota, en ese barrio donde pasaste tus últimos años, gracias a Dios, regando tus plantas y ya no viviendo en el hacinamiento de un solo cuarto, como en el que vivimos casi 20 años.
Me alegra que hayas pasado bien y sin carencias tus últimos años. Todo fue posible porque nos hiciste estudiar y nos marcaste en la mente el valor de la educación. Seguimos en la misma casa de Cota Cota, pero ya no está el travieso de Bruno que te movía la cola al llegar.
Como todos se hacen viejos, él también envejeció y se fue hace seis años; partió sin dolores, sin sufrimientos.
Viejita sigo siendo del Strongest, igual que tú, quizás eso también me sirvió en la vida, quizás también a ti, para ser fuerte, porque son más veces las que nos ganan todos, que las que gana el Tigre. Pero, aunque perdamos siempre, sigo fiel a mi equipo.
Mami, tu sacrificio de madre sola fue muy grande. Preferiste no tener otra pareja para dedicarte solo a nosotros. Tenías pocos estudios, la vida ni siquiera te permitió acabar la primaria, pero poseías mucha fuerza, mucho valor para enfrentar la vida y para sacar a tus hijos adelante.
Creo que eres una lección para muchos, para entender que con sacrificio, con fuerza, con valores y deseos de estudiar se puede ir adelante.
Querida Alica no olvido mi pasado, nunca hay que hacerlo, se los recuerdo siempre a mis hijos, después lo haré con los nietos.
Querida Ali, varias veces cierro los ojos, me imagino que bailo una cueca contigo, unas de esas cuecas que te gustaban a ti.
Mami te doy un fuerte abrazo ¡Felicidades por tus 109 años! Pásala bien con Julio, dile que los recordamos siempre con cariño.
Tu hijo Carlos
Carlos Toranzo es economista.