Sebastián de Segurola, gobernador de La Paz, que luchó contra los Kataris hace siglos, no tenía la mínima idea –mínima por lo del tamaño Ekeko– del relajo que iba a crear durante siglos al comenzar con la Feria de las Alasitas.
Esta quiere decir “comprame”, así sin acento; es la radiografía más profunda del andino que quiere vender todo. De ese andino que tiene alma fenicia y, por ello, posee un chip de velocidad comercial para vender todo.
La prueba es el Alto de La Paz y la propia hoyada, que se han convertido en mercados de grandes proporciones. Es que en Bolivia no había qué producir en los último 20 años; no tenía sentido, menos aún con el tipo de cambio fijo que duró más de una década. Lo que había que hacer era vender, vender, desarrollar comercio. Por eso crecieron las burguesías cholas.
El Ekeko de las Alasas, aunque protesten los bolivianos, es andino; es decir, también es peruano o chileno, de tierras donde hay habitantes de los andes. Desde sus orígenes ya era intercultural –no cocalero–. Podía tener vestimenta de campesino o ir trajeado de levita.
No es necesario que los ministerios de cultura pierdan su tiempo diciendo que el Ekeko es solamente boliviano, esa es una falacia nacionalista y chauvinista, pues el dios de la abundancia es de todos los países andinos.
Otro tanto pasa con la música folklórica, la morenada, el tinku, la llamerada o la kullawada, son también andinas, de varios países y no solo de Bolivia. Tan es así que, en Arica y en Antofagasta, los chilenos, en las fiestas de la Tirana –esto no tiene nada que ver con la esposa de Pinochet– bailan hasta ritmos del oriente, como los tobas. Será una exageración, pero así sucede.
Tan fuerte es el apego al Ekeko, que el 24 de enero no se lo festeja solo en La Paz, sino en todo el país, incluido Santa Cruz, donde los collas generan sincretismo con los cambas.
Durante muchos años, en las Alasitas han vendido certificados de matrimonio. Aún se resiste, por ser muy conservadora la costumbre, a vender certificados de divorcio, pero una de sus especialidades es vender títulos universitarios, que bien podía haber comprado el exvisex que tan necesitado estaba de ese cartoncito.
Pero, también se vendían soldaditos de plomo, que el propio Mambrú- exvisex pudo haber comprado para hacer su guerra contra los movimientos ciudadanos –pititas les dicen ahora– que lo tenían atormentado.
El exjefazo, más realista, compraba cubanitos, venezolanitos, mexicanitos para que nadie se oponga a la re-re-elección, per el Ekeko no le hizo caso, fumó tranquilo su Astoria o Sucrense y miró a otro lado, con la certeza de que el jefazo, según el exministro Lima, es el culpable de las muertes del 2019.Muchos clientes del Ekeko le compran gallinas, sin aclarar si quieren esposa o solamente una mejor vida. Pero hay varias muchachas que compran gallo, pero no del MIR. Ese gallo estaba devaluado, pero por milagros del destino ahora está en el poder. Tan milagroso es el poder que en el recordatorio de la masacre de la Harrington se vio a centenas de miristas en el cementerio, cuando antes no pasaban de una decena.
Miles de personas se compran sus casitas o terrenitos, pero los loteadores no comprarán nada porque ya tuvieron arreglos con las autoridades anteriores para apropiarse de áreas públicas. Tampoco las Loritas comprarán nada, pues hace años que ya han construido en demasía.
El estuprador de Orinoca comprará dinamitas para seguir bloqueando, ahora aliado con Lara; se han puesto como meta sacar del gobierno a Rodrigo Paz.
Al Ekeko le han aconsejado que venda certificados de absolución de pecados, pues las exautoridades del MAS las necesitan para que les absuelvan de toda la corrupción que cometieron casi dos décadas, en especial las relativos al narcotráfico.
Un amigo me dijo que el llamado ”camión”, asociado al hermanito del exvisex, comprará certificado de propiedad del Hotel la Américas, porque ahí comenzó a hacerse las Américas.
Con certeza que en este 2026 habrá centenas de desesperados que se comprarán certificados de vacuna contra la mala “influenza”, aunque no tengan intención de vacunarse.
Pero ya nadie quiere comprarse el certificado de proceso de cambio, porque éste se ha “estido”. Los masistas se comprarán misilitos por si acaso a Trump se le ocurra sacar del Chapare al estuprador
La modernidad la impondrán los varios grupos de los movimientos LGBTplus, que se han empeñado en que el Ekeko venda carnets de identidad pequeñitos sin aclarar el sexo. También impondrán la moda de certificados de matrimonio para personas del mismo sexo.
Así avanza el mundo, pues si el Ekeko no se aggiorna puede desaparecer. Pero, con certeza, el certificado más comprado será el de despido del Lara.
Carlos Toranzo es economista.