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Sociología espontánea | 12/02/2026

Ahora todos quieren ser latinos, no indios

Daniel Mollericona
Daniel Mollericona
Yo recuerdo el día que probé la Malta India. Una botellita pequeña y oscura, con una etiqueta roja, brillaba en una mesa con comida puertorriqueña.Fue a finales del año pasado. Estuve en la presentación del libro How Bad Bunny Became the Global Voice of Puerto Rican Resistance (Duke University Press), de Vanessa Díaz y Petra Rivera-Rideau. Fue una presentación maravillosa para mí, no solo por el sesgo de que me gusta Bad Bunny, sino por la puesta en escena en sí misma. La presentación estaba estructurada por fragmentos de canciones de la discografía de Bad Bunny.
Nos ponían un poco de cada canción y luego presentaban un eje del libro.

El libro es, en muchos sentidos, sobre Bad Bunny, pero es sobre mucho más. Sobre la dinámica de Puerto Rico con Estados Unidos, sobre la diáspora, sobre la isla. En algún momento nos quedamos más tiempo del debido en la música, y la emoción de las autoras hizo que la presentación corriera hacia el final. No nos quejamos. A todos nos encantaba la música.

La última pregunta fue de una niña, una wawita del público, que en ese escenario académico de la Universidad de Yale lanzó la pregunta más tierna que una audiencia pudo esperar:

¿Cuál es su canción favorita?

Las autoras se sonrojaron y, entre risas, sonrisas y Bad Bunny de fondo, cerraron la conversación (¡imposible decidir!)

Las autoras vienen trabajando en el tema desde hace tiempo. No es algo que simplemente apareció de repente. No es solo que aman a Bad Bunny, sino que lo colocan en un centro que nos abre a temas más importantes de la coyuntura actual. Si quieren seguir más el tema pueden revisar aquí. Tienen muchos recursos para leer, escuchar y entender a Bad Bunny y más allá a través de él. En Yale se ha dado históricamente el primer curso sobre Bad Bunny por el profesor Albert Laguna, que implica, si bien la centralidad de Bad Bunny, hablar en el trasfondo de la diáspora puertorriqueña.  

Vi con mucho entusiasmo la presentación del libro. Fue una de esas presentaciones únicas, como fue la presentación de Benito en el Super Bowl. En el contexto actual en el país del norte, ser latino cobra una dimensión política particular. Lo latino, Bad Bunny, es identificado como una forma de resistencia. Hablar español da esperanza. Por eso para un latinoamericano, que mencionan el país donde naciste eleva el corazón, genera solidaridad y da un calor de tranquilidad que, frente al hielo, ice si lo prefieren decir en inglés, de la indiferencia, nos da esperanza.

Al final de la presentación, en la otra sala, comimos deliciosa comida puertorriqueña cuidadosamente curada por el equipo del Centro RITM de Yale que organizó el evento. Y allí probé la Malta India.

Una bebida maltosa sin alcohol, que representa nostalgia, tradición, algo dulce como la pregunta de la niña al final de la presentación del libro. Una bebida que estuvo perfecta para acompañar el sazón de la comida puertorriqueña. Sazón del ser latino, dicen.

“Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón”, dijo Benito.

IIHay un montón de audiencias que reciben el mensaje de Benito en el Super Bowl en un mundo globalizado, y no pudo ser menos para Bolivia. Los medios de comunicación, creativos como siempre, se llenaron de titulares: “Bad Bunny menciona Bolivia” y similares. Las figuras políticas no faltaron en usarlo en sus discursos también.

Evo Morales, desde un bastión de la izquierda, dijo: “Aplausos para el show de @BadBunny. Desde el arte y la música se levantan las voces por la igualdad, la justicia y la paz en Nuestra América, la América de los pueblos.”

Su contrario, Rodrigo Paz, desde el bastión de la derecha, dijo: “Somos un gran continente. Vienen tiempos mejores o como Benito dice: ‘Mañana será bonito’.”

Si bien ha logrado armar sentidos de solidaridad, el mensaje de Benito en el sur se lee diferente. Lo latino se resume muchas veces en una esencialización del sentido de pertenencia nacional como único, como ideal de mestizaje. Lo que voy a denominar un “mestizaje escolar”.

El “mestizaje escolar” es un bien intencionado esfuerzo de igualdad, sin diferencias étnico-raciales, con ideas superficiales de igualdad como “nación”, que viene desde las formas de socialización como la familia, la escuela, el cuartel, entre otros. No es una política pública explícita, es una pedagogía sentimental de nación. 

El “mestizaje escolar” es como los “helados propicios”. Es eso que repetimos constantemente y al final no sabemos qué significa. Sabemos que todos lo cantan y que lo debemos cantar, pero no sabemos de qué sabor son esos helados, ni por qué son propicios.

Conocemos helados de canela, sabemos su color. Pero los “helados propicios” no tienen referencia más que al cantar el himno nacional. Así como los “helados propicios”, las ideas de nación boliviana mestiza, y por tanto igual, olvidan los clivajes reales de lo que llamamos Bolivia. Y lamentablemente eso significa caer en la misma ilusión constantemente.

Para salir del “mestizaje escolar” necesitamos entender que el mestizaje existió y existe, sí, pero como proyecto. Que no son helados. Que es el hado propicio. Es el destino, la suerte favorable. Como la nación boliviana, es un proyecto. Somos y no somos Bolivia .

Han salido manifestaciones de voces a favor de varios sectores de la sociedad en Bolivia a aplaudir el gesto de Bad Bunny. Hay quienes dicen que logró lo que Simón Bolívar nunca pudo. Otros dicen que dio un mensaje de “amor y unidad”, un mensaje de “diversidad y unión”. Y sí lo es.

Pero desde nuestras vivencias en el sur, en Bolivia, debemos pensar más allá. Que si somos latinos como Latinoamérica, ese latino es profundamente indio y afro. Latinoamérica es mestiza solo en sus ilusiones. Ni qué hablar de los proyectos de nación, algunos en el Cono Sur, que piensan en sus naciones como blancas. No hay nada más antitético a la profundidad histórica que negar la formación social afro e indígena.

Ojalá que todos podamos ser latinos, ser indios, ser serranos, ser kollas, ser afrobolivianos. Ojalá podamos dejar de usar esas palabras como frontera y empezar a usarlas como raíz.

Como cuando probé la deliciosa comida latinoamericana. Porque ese sazón viene de esas raíces, no de las ilusiones homogéneas de los estados-nación.

Y Benito lo sabe. No lo dijo, pero cuando todas las banderas corrían entre los arbustos humanos, yo también vi flameando la wiphala. Yo también vi flameando la bandera Ayuuk/Mixe, la bandera mapuche. Yo vi flameando la América del Norte, del Sur, del Este y del Oeste. Urinsaya y anansaya. Alax pacha y ukhu pacha. Abya Yala o Turtle Island, o como quieras. Todas flameando frente al cielo.

Y allí sentí el sabor de esa comida puertorriqueña de nuevo. De una Malta India. Bien malta. Y bien india. Como Bolivia.

“Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta ser indios.”. Eso no lo dijo Benito.

Daniel Mollericona estudia un doctorado en Yale.


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