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Sin embargo | 29/08/2025

Un pie en la tumba y otro en la Asamblea

Jorge Patiño Sarcinelli
Jorge Patiño Sarcinelli

Por casualidad, he visto estos días dos entrevistas; muy interesantes ambas y más aún cuando puestas en contraste. La primera tuvo lugar en Santa Cruz, en el programa La Primera Mañana (LPM) de Carlos Valverde, que tuvo como atracción a Sayuri Loza y como entrevistado a Tuto Quiroga.

La segunda fue en el programa Suyunakasan Arupa de Red América TV de El Alto y tuvo como anfitriona a Ángela Layme e invitados a Hortensia Quispe de la Fejuve, Gonzalo Mamani Apaza, abogado y analista político, y Edgar Morales, ex oficial de la Fuerza Aérea, miembro del equipo de campaña del PDC.

Los escenarios no podían ser más distintos; mientras que el programa LPM tuvo lugar en un estudio moderno con mesas circulares y luces dicroicas, en el programa de Red América, la anfitriona y Quispe vestían como lo hace la mayoría de las mujeres alteñas, con pollera, manta y sombrero, y ellas y los dos entrevistados estaban sentados en un sencillo banquito y tenía como única decoración de fondo dos awayus.

Por si algún lector hace otra inferencia, hago las descripciones con el único objetivo de poner acento en el contraste entre ambos escenarios, cuyo mayor interés con miras a la segunda vuelta son los contenidos, como argumentaré abajo.

Primera entrevista

Comenzaré con la primera entrevista. El anfitrión principal, Valverde, es conocido por ser un hombre bien informado, como por su histrionismo sin pelos en la lengua, sus patillas anacrónicas y su incontinencia verbal, características todas que hacen de él un personaje ya emblemático de nuestro periodismo radial y televisivo.

Lo acompañaba en esta ocasión, en calidad de panelista, Sayuri Loza, quien, por su simpatía y género es una presencia regular en los debates de este tipo y gracias a su pedigrí político y mediático, se ha convertido en la diva del momento, papel que ella parece disfrutar con irreverencia.

El invitado principal era Tuto Quiroga, quien ya era el candidato más brillante entre los nueve y el que con más claridad expone sus ideas. Anfitrión y panelista le dieron amplia oportunidad de demostrar tales habilidades y conocimiento.

En la distinción entre el contenido de las reflexiones de Tuto y cómo estas son convertidas en mensajes para el gran público está una de las claves del contraste entre las entrevistas. Para Tuto parece haber un solo público. En esta ocasión y en casi todas las que lo recuerdo exponiendo sus propuestas, es el ilustrado de derecha. Esto no quiere decir que una persona ilustrada de otra tendencia política no sea capaz de comprender sus explicaciones, pero sospecho que el nivel de aceptación de los mensajes baja considerablemente.

Una consciencia aguda de la necesidad de llegar a otros públicos con los mensajes apropiados debería ser una preocupación constante en todas las ocasiones en que Tuto use la palabra en las semanas que quedan hasta el 19 de octubre, pero no la percibo.

Uno de los contrastes notables entre las entrevistas estuvo entre la sobriedad medida de la segunda anfitriona y la verborragia del primero; simpáticos y profesionales ambos, pero sus estilos son reveladores de la distancia entre lo andino y lo oriental; dos de nuestras Bolivias.

Segunda entrevista

Como otra nota de contraste, en la segunda entrevista, mientras se veía en mitad de la pantalla las intervenciones en un estudio modesto con diálogos en castellano y aymara, la otra mitad mostraba escenas de archivo de Tuto vestido de terno y corbata oscuros y camisa blanca; su look FMI. Hubo una cierta malicia en mostrar esas imágenes, pero el efecto era innegable.

El diálogo con Quispe, la primera entrevistada, fue todo en aymara; así que lamentablemente no puedo comentar nada al respecto, excepto lo interesante que resulta que tengamos diálogos de esta naturaleza que alternan con naturalidad aymara y castellano, como es propio de ese mundo paralelo de la bolivianidad indígena. Viendo la escena, me preguntaba si Sayuri, ciudadana por excelencia de esos dos mundos, no hubiera estado mejor ahí, pero, como dice el refrán, nadie es profeta (ni diva) en su tierra.

Después de Quispe, tomó la palabra el analista Mamani, quien expuso su visión del resultado de las recientes elecciones desde una visión alteña y rodriguista. Fue seguido en la palabra por Edgar Morales, diputado recientemente elegido del PDC. En sus primeras palabras, ya una nota reveladora. Según él, la campaña se ha movido en tres niveles: Rodrigo entre la élite a la que pertenece, Lara en la clase media y él -Morales- en las bases.

En su intervención, él cuestionó que tengamos que “importar” ideologías, ya sea socialismo, capitalismo o mileísmo, cuando los aymaras tienen sus propias ideas políticas e hizo alusión al concepto de qamiri, palabra clave en una nueva visión del desarrollo en estas tierras. Me llamó la atención que él quisiera negar un elemento clasista de este modelo, diciendo que en aymara existe una palabra para pobre, pero no para rico, cuando justamente qamiri quiere decir rico.

Quien quiera conocer un poco más de esta corriente de pensamiento, puede ver el post de Guido Alejo, Horizonte Qamiri, en FB.

Un pie en la tumba y otro en la Asamblea

Sería aventurado atribuir al diputado Morales una ideología a partir de unas cuantas frases, por coherentes que fueran, pero su visión me parece más cercana a ciertas ideas masistas, que muchos creen haber erradicado con esta elección -o las neomasistas por surgir- que a las propuestas libertarias not made in Bolivia de Dunn, que Rodrigo dice que quiere adoptar.

Estas contradicciones y la composición de la bancada del PDC, cuyas raíces están al parecer en los mismos movimientos sociales que apoyaron a Evo Morales, señalan una dificultad de gobernabilidad nada despreciable. Rodrigo tiene una sigla, pero no las lealtades que se espera de la coherencia ideológica de un verdadero partido. Algo similar se puede decir de Tuto, sin que se vean asomar los mismos peligros.

Rodrigo ha propuesto a Tuto y Samuel pactos de gobernabilidad. Los va a necesitar, pero antes de firmarlos debe demostrar que tendrá el respaldo de su bancada en el cumplimiento de los acuerdos, que tendrán que ser negociados ley por ley, según sus grados de aceptación para esas bancadas tan dispares.

Constatamos que, a pesar de haber derrotado a los candidatos del MAS, si Rodrigo es elegido, tendremos que lidiar nuevamente con el masismo, infiltrado en las filas de PDC, quizá con Evo Morales azuzando por detrás; un escenario nada alentador. En Bolivia ya hemos visto cuán triste es un presidente sin apoyo en las calles ni el Parlamento; es decir, sin poder real.

Ahí están tres Bolivias representadas por tres personajes: Rodrigo, Lara y Edgar Morales. El choque entre la Bolivia de Rodrigo y la de Lara ha sido atribuido en los días después de su victoria a una mera cuestión de estilos, con implicaciones ideológicas poco claras, pero una bomba de tiempo desarmable con Valium y cariño. Ojalá que sea así de fácil.

Por otro lado, la formulación ideológica de Edgar Morales delata otro mundo, cuya coherencia con las propuestas de Rodrigo plantea dilemas más complejos. Si las discrepancias con Lara tienen solución, las diferencias con la visión de las bases indígenas -si es que se puede decir que Edgar Morales las representa- son un abismo en el que se reflejan cuestiones todavía mal resueltas de la bolivianidad. Cabe preguntarse si alguien puede ser presidente de todos los bolivianos sin falsificar algo de sí mismo.

Reitero, este resumen es una invitación a ver y comparar las dos entrevistas y aprender de ellas, y no viene al caso cuestionar ni suscribir las posiciones de ninguno de los participantes.

Sobre la bolivianidad indígena

Ahora vuelvo a la cuestión de la bolivianidad indígena mencionada arriba.

El suplemento Especial del Bicentenario publicado por Brújula digital incluye el ensayo de Quya Reyna El indígena contemporáneo urbano. Recomiendo su lectura no porque esté o no de acuerdo con todo lo que ella dice, ni podría porque el ensayo ha sido escrito para adentro. Lo hago porque cuando la música es fuerte, también se la puede bailar afuera, y esta me provoca reflexiones sobre una de las cuestiones esenciales peor resueltas de la bolivianidad; la relación con el mundo indígena.

Es lógico que las cuestiones que plantea Reyna vengan desde donde más duelen, pero cualquier boliviano que se preocupe por la construcción de una bolivianidad inclusiva, puede decir que el problema le duele. “Ese es el verdadero desafío -dice ella en su cierre- avanzar hacia una identidad nacional que no niegue sus contradicciones ni su origen”.

Tiene mucha razón y me parece que estas contradicciones, o su negación, son evidentes en el discurso monocromático de Tuto, así como en las que he señalado entre los varios discursos mal ensamblados del PDC de Rodrigo. Ante su magnitud, incluso el resultado electoral es una cuestión menor, ya que en ese gran desafío que plantea Reyna se juega no solo la viabilidad política de corto plazo, sino la resolución todavía pendiente de nuestro mayor dilema existencial, el de la identidad.

Jorge Patiño Sarcinelli es escritor boliviano.



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