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Ojo en tinta | 03/03/2026

La guerra de Trump empuja al mundo a una crisis energética

Javier Medrano
Javier Medrano
Ya estamos en una guerra regional en el Medio Oriente con consecuencias globales. Los analistas ya lanzaron la interrogante: ¿se viene la mayor crisis energética más importante de la economía mundial después de la gran crisis del 2022?

Los precios del petróleo y del gas se dispararon y las bolsas bursátiles cayeron por causa del conflicto en Medio Oriente desatado por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, que provocó una respuesta agresiva de Teherán a más de siete países del medio oriente. Tres barcos ya fueron atacados cerca del estrecho de Ormuz por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial. 

Las cifras ya tienen a más de uno con los pelos de punta. El precio del barril Brent llegó a dispararse a casi un 14% y el de West Texas Intermediate a cerca de un 12% en la apertura de los mercados tras el ataque que mató al guía supremo iraní, el Ayatola Ali Khamenei, y al alto mando militar iraní.

El precio del gas en Europa se disparó más del 20%, debido a que la guerra desatada por el desquiciado Trump y sus aliados israelitas ponen en peligro las exportaciones de gas natural licuado proveniente del Golfo, especialmente de las cataríes.

La repercusión es tan grande que la bolsa en Tokio terminó con una sesión con una caída de -1,4 % y Hong Kong, de -2,1 %. Todas las bolsas del continente cerraron en rojo, salvo la de Shanghái, que terminó la sesión con una leve subida de 0,5 %.

En Europa, los mercados también abrieron a la baja. París bajaba 1,96%, Fráncfort 1,99 %, Milán  2,13%, Londres  0,55% y Madrid  2,58%, al momento de escribir esta columna. 

Otro gran damnificado fue el sector aéreo y del turismo. Las aerolíneas japonesas ANA y JAL se hundieron más de un 5 %, la franco-neerlandesa Air France-KLM se desplomaba un 7,24 % y la alemana Lufthansa lo hacía en un 5,77 %.

Esta retahíla de datos y de damnificados ocasionados por la guerra en el medio oriente - para muchos no planificada y mucho menos organizada, bautizada bajo motes que sólo a los militares se les puede ocurrir tamaña imbecilidad, como si se tratase de juegos infantiles de barrio, como el “rugido del león” para israelí y “furia épica” por parte de Estados Unidos -, esta siendo justificada por la sangrienta represión que se estima sobre pasa la escalofriante cifra de 30 mil asesinados por parte del régimen autocrático de los Ayatolas y por su carrera nuclear que pondría en jaque a toda la región y al mundo entero.

Ya entre el 21 y 22 de junio, durante la operación militar norteamericana – otra vez con los calificativos desquiciados “martillo de la medianoche”, Estados Unidos atacó las tres principales instalaciones del programa nuclear iraní. Se trató del primer aviso y ataque directo contra el territorio iraní.

Antes de ese ataque inicial, según estudios de inteligencia, Irán disponía cerca de 9 mil kilogramos de uranio enriquecido, de los cuales 441 kilogramos ya habían pasado el 60%, un porcentaje que podría elevarse al 90%, el umbral necesario para fabricar una bomba atómica.

El principal responsable del Organismo Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi ya alertó que la mayor parte del material que Irán había acumulado hasta junio del año pasado, a pesar de los bombardeos, se mantenía casi intacto. Situación que puso en alerta a Israel y a Washington.

¿Qué cambió? De acuerdo con los primeros análisis, después del lanzamiento de más de dos mil bombas, el hundimiento de nueve barcos y la muerte de la cúpula militar y dirigencial de Irán, la operación no se habría limitado sólo a las instalaciones nucleares, sino que, esta vez, tuvo como objetivo destruir las infraestructuras militares, centros de mando y puntos neurálgicos en todo el territorio, incluidos los accesos marítimos de Irán al golfo Pérsico. 

Este ataque fue tan ambicioso que se apuntó a altos responsables militares y políticos iraníes, en particular al líder supremo Jamenei y al presidente Pezeshkian.

La represalia no se hizo esperar, tras flamear la bandera roja de la venganza en la principal mezquita de Irán, los reportes sostienen que los misiles iraníes cayeron en bases militares estadounidenses en toda la región, en particular la base aérea de Al Udeid en Qatar, la base aérea de Ali Al Salem en Kuwait, la base aérea de Al Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos y el cuartel general de la Quinta Flota estadounidense en Manama, en Bahrein. Incluso Chipre, al borde de Europa.

Por lo tanto, ahora la pregunta que circula es si esta nueva fase bélica iniciada por israelíes y norteamericanos realmente frenará la posible sobrevivencia del régimen autocrático y cuál será la magnitud de la respuesta de Irán. O peor aún, si Irán conseguirá infectar con la peste de la guerra a toda la región, incluida Europa. No olvidemos que Irán dispone de varias decenas de buques de superficie, así como de un arsenal de entre 3 mil y 6 mil minas navales que le permiten cerrar temporalmente el estrecho de Ormuz.

Esta es la verdadera ventana de crisis que el mundo enfrentaría: Una crisis petrolera por el cierre de ese estratégico estrecho para el mundo.

Sólo un dato de cierre, el precio del previo de barril de petróleo alcanzó los 73 dólares, su nivel más alto en los últimos siete meses. Un conflicto abierto prolongado en Irán podría reunir las condiciones para una crisis petrolera sistémica, no solo por la destrucción de la capacidad de producción, sino también por la aparición de una prima de riesgo geopolítico en los flujos mundiales.

Si Trump inició esta guerra por un cálculo político preelectoral (azuzado por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y por el desquiciado círculo rojo del mandatario republicano, frente a su bajísima caída de apoyo a su presidencia), el cálculo fue torpe, porque ya se habla de tres cazas norteamericanos derribados, de un impacto de bombardeo a un portaaviones y de varias bajas de soldados estadounidenses. En menos de 48 horas. 

Javier Medrano es periodista y cientista social.

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