La migración internacional de bolivianas no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que exige una mirada crítica y diferenciada por género. Según datos oficiales recientes, cerca de 1,8 millones de bolivianos viven en el exterior, y entre ellos las mujeres representan una parte significativa de quienes migran por motivos laborales y familiares, representando el 52%. El propio Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia ha señalado la importancia de proteger prioritariamente a las mujeres y la niñez en los flujos migratorios internacionales, reconociendo sus vulnerabilidades específicas.
Sin embargo, la experiencia de estas mujeres suele estar marcada por condiciones de precariedad laboral, discriminación, violencia, separación familiar prolongada y falta de acceso efectivo a derechos laborales y sociales. Lejos de conformar una “fuerza laboral invisible”, sus historias muestran las tensiones entre la aspiración de una vida digna y las barreras estructurales que enfrentan tanto en los países de destino como en las comunidades de origen.
En cuanto a la precariedad laboral y roles de género segmentados, estudios académicos demuestran que las mujeres bolivianas migrantes tienden a incorporarse a sectores laborales fuertemente precarizados e informales, como el trabajo doméstico, el cuidado de personas dependientes y la agricultura estacional, con condiciones laborales deficientes, horarios extensos y, en muchos casos, sin contrato formal. Este patrón no es exclusivo de Chile o Argentina, sino que se extiende hacia Europa y otros destinos donde, a menudo, la dimensión de género influye en la asignación de trabajos peor remunerados y con menor protección social.
Además de la precariedad, la literatura especializada identifica que las migrantes bolivianas no sólo trabajan en estos empleos, sino que también cargan con roles familiares tradicionales mientras están lejos de sus hogares. Esta “doble carga” — trabajo productivo en el destino y responsabilidad familiar en el origen — fortalece cadenas globales de cuidado, pero también reproduce desigualdades de género.
La vulnerabilidad legal y barreras al acceso de derechos se refleja en la falta de documentación o de permisos de trabajo adecuados que agudizan la vulnerabilidad de estas mujeres. A menudo, su estatus migratorio irregular las expone a explotación laboral, mayor riesgo de violencia y poca información sobre sus derechos. Organizaciones internacionales han señalado que las migrantes sufren diferentes tipos de violencia, difícil acceso a servicios públicos, carencia de información legal y obstáculos para reclamar derechos laborales o asistencia social.
En relación a los impactos en el tejido familiar y social, un alto porcentaje de mujeres migrantes bolivianas decide emigrar para enviar remesas a sus familias, muchas veces asumiendo trabajos con salarios bajos y sin descanso adecuado. Este sacrificio económico tiene un costo emocional y social: la separación prolongada de hijos e hijas y parentescos cercanos puede generar tensiones familiares y afectivas que no siempre se reconocen en los discursos oficiales sobre migración.
La migración de mujeres bolivianas en el exterior es un fenómeno con múltiples aristas: es una expresión de la búsqueda legítima de mejores oportunidades, pero también es un síntoma de la desigualdad estructural que margina a mujeres rurales, indígenas y de bajos recursos económicos. Para enfrentar estos desafíos, se requieren políticas públicas tanto, en los países de destino como, en Bolivia, que incluyan: Acceso efectivo a documentación y permisos laborales que protejan los derechos laborales básicos sin penalizar el estatus migratorio;
Programas de apoyo y formación con perspectiva de género, que reconozcan la doble función laboral y familiar de estas mujeres y fomenten su inserción en empleos dignos con protección social; y Redes de información y asistencia legal accesibles en comunidades migrantes, que reduzcan la vulnerabilidad frente a abusos y explotación.
En definitiva, reconocer la situación e importancia de las mujeres bolivianas migrantes y transformar las políticas migratorias con enfoque de género no sólo dignifica sus trayectorias, sino que aporta al desarrollo integral de sus familias y comunidades, tanto en Bolivia como en los países que las acogen.
Elizabeth Salguero es comunicadora social.