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Agua de mote | 19/03/2026

Del silencio atronador al sonido de la confianza

Puka Reyesvilla
Puka Reyesvilla
Pese al consenso en sentido de que las recientes elecciones generales se desarrollaron de manera transparente y ordenada -en buena medida por el liderazgo del doctor Hassenteufel- no faltaron episodios deshonrosos que no llegaron a afectar el proceso, pero que dejaron mal sabor de boca en su momento: Cada aparición mediática del exvocal Tahuichi, por ejemplo, ponía en vilo la estabilidad de los comicios.

El caso más ingrato fue el de la sanción a varios medios por lo que el ente rector consideraba como publicaciones propagandísticas fuera del plazo legal. En tal categoría incluyó a algunas columnas, entrevistas y otros contenidos estrictamente periodísticos. Curiosamente, fue el entonces vocal, hoy presidente del TSE, Gustavo Ávila, quien comunicó este atropello; un exceso, cuando menos.

Lo menciono porque nos encontramos en medio del silencio electoral y queda el mal recuerdo de aquel exabrupto. En puertas de las elecciones autonómicas (prefiero este denominativo al de “subnacionales”) lo previsible sería abordar el tema; versar, por ejemplo, sobre los debates que, más allá de que es imposible entrar en profundidades programáticas, dada la cantidad de candidatos, que me recuerdan a las elecciones de Cotel de antaño,  son un indicador de la salud de la democracia.

Por ello las ausencias de dos candidatos es un gesto de desprecio a ésta: justamente aquello que criticábamos duramente al antidemocrático Morales Ayma. Puede ocurrir que tal desplante no haga mella en sus números, pero el ejercicio democrático tiene rituales que se deben respetar.

Me acojo, entonces, al silencio electoral esperando que sea lo suficientemente atronador para que no se repitan situaciones como las mencionadas. Esto me da la oportunidad para referirme a algo más amable: luego de un largo tiempo de escasa actividad, nuevamente la escena musical recibió, y lo seguirá haciendo, una oferta nutrida y variada en materia de géneros y trayectorias. Y, lo más destacable, un público que asiste masivamente a los conciertos, lo que da una señal de confianza y estabilidad más allá del espectáculo.

La producción de conciertos masivos de carácter internacional vivió entre 1988 y 2000 una época prolífica cuya lista de nombres es realmente impresionante, considerando las condiciones económicas del país. Precisamente fue la debacle económica la que llevó a restringir sensiblemente la visita de grandes figuras de la música; no es que se hubiera cortado su llegada, pero su presencia fue más bien esporádica.

Se pensará que pasada aquella crisis y ante la bonanza proveniente del gas se reactivó el negocio. Lo hizo, de algún modo, pero también fue el tiempo en el que se multiplicaron los fraudes, como en las elecciones, y la desconfianza del público creció debido a las suspensiones -no todas atribuibles a los organizadores- lo que supuso otro obstáculo para quienes, de buena fe, se arriesgan a producir esta clase de eventos. 

Más tarde, llegó la pandemia, lo que afectó a todas las actividades económicas. De la casi desaparición, primero tímidamente y ahora abundantemente, la producción de conciertos volvió recargada. 

Tal fenómeno me trajo a la memoria el comentario que me hizo Mauro Bertero, en junio de 1989, finales del gobierno de Paz Estenssoro y en puertas del de Paz Zamora, previo al primer concierto de Air Supply en La Paz (luego non visitaron dos veces más). Bertero, bien acomodado en la primera fila de una platea habilitada para el efecto en la curva sur del estadio “Siles” repleta de asistentes: “Esta es una muestra de confianza en la economía del país”.

Yo le llamaría “El sonido de la confianza”.

Puka Reyesvilla es docente universitario.


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