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Buscando la verdad | 14/01/2026

Decretos 5503 y 5515: bloqueo físico y mental

Gary Antonio Rodríguez
Gary Antonio Rodríguez
Una vez más, Bolivia se halla inmersa en nuevos conflictos que provocan una alta inestabilidad, siendo la más afectada la gente pobre y necesitada. Tal parece que no se aprendió la lección al repetirse los brutales “bloqueos de caminos y esperanzas”.

El “bloqueo físico” de los desacreditados movimientos sociales identificados con el socialismo y el comunismo pone en vilo al país, encarece la vida, rompe cadenas productivas y castiga a quien vive de su trabajo.

Cada día de bloqueo implica menos pan en la mesa y menos empleos dignos. Sin embargo, a ello se añade otro bloqueo, no menos dañino, el “bloqueo mental”, protagonizado por los políticos que se empeñan en hacer las cosas mal.

Mientras el Órgano Ejecutivo intenta resolver los problemas estructurales de la economía, cuya solución exige actuar con sentido de patria para garantizar la gobernabilidad del país; quienes electoralmente juraban un “cambio verdadero”, frente a la intentona de llevar a Bolivia al socialismo, aquellos que debían jugarse por el DS 5503 y el DS 5515 son hoy una “oposición no colaborativa”, ya que en vez de apoyar y mejorar lo bueno parecen querer demolerlo todo.

Empezando por el Vicepresidente, secundado por fuerzas que dicen ser conservadoras pero que compiten en una actitud negativa, pareciéndose a los que llevaron a Bolivia a la crisis actual, es algo inaudito. La política se ha convertido en un campo minado donde pocos construyen y muchos actúan por intereses bastardos, buscando su lucro personal, egoísta y deshonesto, sin importar el bien común ni la moralidad.

¿Cuál la intención de los decretos? Que la inflación, no sufrida en 40 años y que erosiona los salarios, se combata enfrentando la causa principal, el déficit fiscal; que la escasez de combustibles, que afecta a todos, se solucione con un sinceramiento de precios para frenar el contrabando y la corrupción; que la falta de divisas, que encarece las importaciones y provoca la subida de costos y precios, se resuelva dando condiciones para producir, exportar y crecer mucho más, para lo que debe haber paz social;.

Que para revertir la pérdida de empleos dignos que lleva a un aumento de la informalidad, mayor pobreza y deterioro de la calidad de vida, haya más inversión nacional y extranjera, para lo cual las condiciones del entorno deben mejorar y haber gobernabilidad. Increíblemente, hay quienes se oponen a esto, ya sea por un bloqueo físico o un bloqueo mental.

Parece que de nada vale lo que pasa en Venezuela y Cuba, donde la planificación centralizada, las insostenibles subvenciones y el control de precios distorsionaron todo, provocando una escasez crónica, la emigración masiva de ciudadanos y la pobreza generalizada, por causa de recetas económicas fracasadas.

Parece que tampoco se recuerda que en 1985 nuestro país tocó fondo con una hiperinflación que pulverizó la moneda nacional, los salarios y los ahorros de la gente, impactando severamente en el sector productivo y en toda la sociedad, para superar lo cual fue necesario el DS 21060, una decisión dolorosa, realista y valiente para evitar el colapso total.

Es cierto que el sacrificio fue enorme, y aunque el ciudadano de a pie fue quien un mayor precio pagó, ese esfuerzo colectivo permitió estabilizar la economía, recuperar la esperanza y volver a crecer con otro modelo que vino a sustituir al de la UDP basado en el marxismo, el populismo, el prebendalismo y el sindicalismo, que pensándolo bien, era lo mismo…

Lo cierto es que las crisis no se superan con gritos, dinamitazos y bloqueos de calles y carreteras, tampoco con discursos rimbombantes y cálculos mezquinos desde una palestra legislativa, más bien, se resuelven con decisiones urgentes, oportunas y perfectibles, como los criticados DS 5503 y DS 5515.

El riesgo de hoy no es equivocarse al intentarlo, sino, el no hacer nada o ceder a presiones que ya demostraron su capacidad destructiva en los últimos 20 años: Sucumbir al chantaje de los bloqueos es condenar a nuestro país a un círculo vicioso de un mayor empobrecimiento y frustración.

Hay que decirlo sin pelos en la lengua: todo bloqueo físico a quien más castiga es al pobre, al hacer subir el precio de los alimentos y negarles ingresos por no poder trabajar; permitir esta “praxis” es algo peligroso porque deteriora la economía del país con un impacto negativo en fábricas, talleres, comercios, empresas de servicios, chacos y hogares.

El tiempo apremia: para superar la crisis de hoy, todos -gobernantes, empresarios, trabajadores, políticos y ciudadanos- debemos estar dispuestos a ceder algo para que Bolivia no caiga mañana en el abismo de lo que fue la UDP.

La oposición miope y el aturdido sindicalismo, que solamente sabotean, pagarán un alto precio por no apoyar las normas dictadas, sin olvidar que Dios, la Patria y el pueblo boliviano no solo podrán premiar, sino también, juzgar y demandar su accionar, más temprano que tarde: Persistir en el bloqueo físico y el bloqueo mental es condenar a Bolivia, al fracaso…

Gary Rodríguez es economista y magíster en comercio internacional.


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