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Sociedad | 20/09/2021

Saavedra recupera luchas por los territorios a partir de ocho defensoras indígenas y campesinas

Saavedra recupera luchas por los territorios a partir de ocho defensoras indígenas y campesinas

Brújula Digital|20|09|21|

El sociólogo José Luis Saavedra presenta su libro “Resistimos para existir” en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL), un documento basado en conversaciones fluidas con mujeres indígenas y campesinas, quienes en los últimos años se han visibilizado como consecuencia de las luchas territoriales en contra del avance del extractivismo.

A partir de la voz auténtica de ocho valientes mujeres como las describe a: Yenny Noguera, Paola Gareca, Amanda Colque, Barbarita Meza, Lourdes Miranda, Ruth Alípaz, Rosario Barradas y Cecilia Moroviri, quienes han alzado su voz en defensa de sus territorios, sus derechos y la vida, el autor introduce al lector en cada una de las luchas que se han librado desde los territorios y que continúan vigentes.

De la resistencia territorial en contra de las megahidroeléctricas en el estrecho de El Chepete y El Bala que se generó a partir de 2015, el autor visibilizó a las mujeres que lideraron esa resistencia como Ruth Alipaz Cuqui y  Rosario Barral Cuqui, quienes junto a otros varones se pusieron en frente de las intenciones gubernamentales. El autor tuvo la suerte de acompañar esa resistencia y conversar al calor de la lucha.

Alípaz Cuqui tuvo una intervención en el pleno de la 17 sesión del Foro de Cuestiones Indígenas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la que denunció la vulneración de los derechos de los pueblos indígenas por el Gobierno de Evo Morales, así como el desconocimiento de la consulta previa, libre e informada como un mecanismo de buena fe que debiera establecerse desde el Estado.

Otra resistencia histórica que rescata el autor en su reciente libro, es la del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) en contra de la carretera en medio del corazón de la selva. Ahí identifica a varias valientes mujeres como Nazaret Flores o Bertha Bejarano, pero es con otras lideresas destacadas como Marqueza Teco y Cecilia Moyuviri, con las que conversa. Actualmente senadora. De Matilde Loza, afirma que es otra líder destacada, pero que hoy está delicada de salud.

Otro ámbito de resistencia que afloró de un contexto anterior de lucha es del mundo guaraní que cuenta con varias mujeres líderes y que fue perfilando a una líder extraordinaria como es Lourdes Miranda, como lo destaca el autor, y fue en la lucha también en contra de la intromisión de las petroleras en el territorio guaraní, concretamente en la capitanía de Takovo Mora.

“Resultado de esa lucha es que hubo una represión tan o más sangrienta y cruel que la que se tuvo en Chaparina”, apunta el autor.

Una de las principales líderes guaraníes que identificó fue Lourdes Miranda, quien luego de la represión en Takovo, mira la necesidad de resistir a la construcción de la megarepresa Rositas, que es un complejo de ocho hidroeléctricas sobre la cuenca del Río Grande, siendo la más grande la del estrecho de Rositas. Vilma Arredondo es la principal capitana de la Capitanía Takovo Mora.

Lourdes Miranda grafica en uno de sus testimonios la situación durante el Gobierno de Evo Morales y dice textual: “Hasta ahora he podido estar en varias oportunidades en Brasil, en Perú, etc., donde la gente dice: pero, si ustedes ¡tienen el mejor presidente!”. Pero, ¿en qué sentido?. Va y dice una cosa en la ONU, pero viene aquí y firma para el fracking, para hacer fracking en Tariquía. Va a la ONU y dice que hay que defender la naturaleza, a todos los gobiernos les dice “hay que defender el tema ambiental” y viene y firma aquí los decretos para que las petroleras entren a las áreas protegidas”.

Saavedra conversó con las mujeres líderes de la resistencia de Tariquía en contra de las actividades petroleras, donde destaca a Paola Gareca, Amanda Colque y la más joven Barbarita, además de Yenny Noguera que es la líder contra la actividad petrolera en la Cordillera de Aguaragüe, quienes en el  desarrollo de la lucha han ido emergiendo.

Amanda Colque también dio su palabra y dijo  al autor: “no queremos los proyectos petroleros a cambio de nuestra vida, no queremos nada de ellos, simplemente queremos que nos dejen vivir en nuestro territorio como siempre hemos vivido, cuidando la naturaleza. Aunque restringidos de muchas cosas, nosotros no podemos cortar un árbol sin antes tener el permiso del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap)”.

Una de las tareas más difíciles en propia voz del autor, fue ganarse la confianza de las mujeres indígenas y campesinas que tienen una natural desconfianza hacia “la gente con un aspecto urbano clase-mediero tan manifiesto”.

Paola Gareca le habría dicho al autor durante la primera marcha en contra de la actividad petrolera en abril de 2017, que fue elegida ejecutiva de la Subcentral Tariquía debido a que el anterior ejecutivo “fue comprado” por el Gobierno.

Ella le dijo: “Hemos llevado un voto resolutivo expresando que no vamos a aceptar la exploración hidrocarburífera en nuestro territorio. Pero, justamente esa vez las autoridades se lo compraron (al dirigente), a nuestro dirigente, que era el ejecutivo de aquí, de la Subcentral”. De ese modo también hizo notar que las mujeres son menos corruptibles.

El libro pone sobre el tapete temas tan vigentes como hace unos años como es el caso de las hidroeléctricas de El Chepete y El Bala que pretende ser reactivado sobre la base de un cuestionado acuerdo firmado entre la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) y la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (CPILAP)  o el anuncio de actividades de exploración y explotación hidrocarburífera en zonas tradicionales y no tradicionales.

Si bien, la única profesional de las ocho mujeres lideresas con las que conversó el autor es Ruth Alípaz, Saavedra al momento de abordar este tema no categoriza la formación, sino que destaca la integridad de las estas mujeres  valientes, quienes en su mayoría no han culminado ni siquiera la secundaria e incluso llevaron la primaria incompleta.

Ellas gozan de un nivel de conciencia y de dignidad tanto por su identidad como por sus derechos. Para el autor, el escuchar a las mujeres lideresas fue un proceso impresionante de conocimiento que no se lo encuentra en los libros, sino que surge de la propia conciencia y libertad que tienen las lideresas indígenas y campesinas.

“Fue un proceso muy rico por cuanto supuso entender diferentes niveles estos diferentes niveles, tradición organizativa”, señala el autor al momento de destacar la capacidad de articulación que tuvieron a nivel nacional las diferentes luchas encaminadas por las mujeres hasta el punto de crear una propia coordinadora.

Las mujeres de Tariquía no se consideran indígenas, sino que se asumen como campesinas, en cambio las guaraníes asumen la identidad de indígenas como una visión reivindicatoria.

Una de las dirigentes cuestiona en uno de los capítulos referidos a la represión de Chaparina y a Evo Morales: ¿Yo me pregunto será que él no nació de una mujer?.

El libro también muestra que las mujeres indígenas surgieron con mayor fuerza en el Gobierno de Evo Morales. Una muestra clara es la participación de Ruth Alípaz en la 17 sesión de la asamblea de pueblos indígenas de la Organización de Naciones Unidas, donde desmintió  las versiones del entonces presidente, respecto a supuestos avances en temas de derechos.

Fue ese escenario internacional que sirvió para alertar de la grave situación que atraviesan los pueblos indígenas en Bolivia y la violencia ejercida desde el Estado en contra de las mujeres defensoras de sus territorios.

BD JMC





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