El alcalde Iván Arias entregó la ley municipal que reconoce a la tradicional gaseosa como parte del patrimonio cultural paceño. Autoridades y representantes de la empresa destacaron su legado centenario y su vínculo con la identidad de la ciudad.
Brújula Digital|27|02|26|
Este viernes se hizo entrega oficial de la ley que declara a la Papaya Salvietti como Patrimonio Cultural Inmaterial del municipio de La Paz a los empresarios de la emblemática bebida que hace más de un siglo acompaña la vida cotidiana de los bolivianos.
El secretario municipal de Culturas Américo Gemio resaltó el valor histórico y social de la marca. “Es un patrimonio cultural y alimentario. Cuando la Papaya Salvietti llegaba en cajas, en botellas de vidrio, era tan deliciosa que la compartíamos con plátano y pan de Coroico en mi pueblo”, recordó. La autoridad también subrayó el impacto productivo de la empresa. Señaló que la gaseosa beneficia a los productores de papaya del Alto Beni y destacó su resiliencia. “Es una empresa resiliente que en un momento dejó de funcionar y hoy se encuentran en El Alto; resurgieron de las cenizas y todo gracias al duende que los motivó y protegió”, expresó, en referencia a la mascota de la empresa.
Por su parte, el jefe de ventas de la empresa, Ronald Tellería, manifestó su orgullo por el reconocimiento. “Cada desafío dejó huellas y aprendizajes que dieron fruto. Es un honor ser patrimonio cultural; son 105 años en los que Salvietti fue protagonista en la vida de la ciudad de La Paz, acompañando a los paceños”, afirmó.
El alcalde Iván Arias también evocó recuerdos ligados a la bebida. “Me crié con la Papaya Salvietti, pero hay cosas cotidianas que se vuelven extraordinarias. Comencé como ayudante de albañil y nunca en mi vida llegué a desear más una Salvietti con su marraqueta”, señaló.
La historia de la gaseosa se remonta a la llegada del italiano Dante Salvietti a Bolivia en 1918. Tras recorrer el país, se estableció en Chulumani, en la región de los Yungas paceños, donde experimentó con la papaya local hasta lograr concentrar su pulpa y crear una bebida inédita en el mercado.
Aunque su primera fábrica enfrentó dificultades y cerró, Salvietti decidió continuar con su sueño y abrió una planta más grande en La Paz junto a sus hermanos, consolidando así una empresa familiar que con el tiempo se convertiría en sinónimo de tradición e identidad paceña.
FUe así que surgió la "leyenda de la Papaya Salvietti", que cuenta que, tras ser iberado en el bosquecillo de Pura Pura, el duende prometió a quienes lo soltaron que tendrían mucho éxito a sus emprendimientos. En agradecimiento, la imagen del duende acompañó la etiqueta de la Papaya Salvietti hasta 1995. Hoy, a más de un siglo del nacimiento de la marca, la ciudad reconoce oficialmente su lugar en la memoria colectiva.

BD/LE/MZS