Es momento de volver la mirada a lo local, donde nace la verdadera salud de un pueblo. Vamos al nivel local y, desde allá, construyamos una Bolivia con desarrollo económico y respeto al trabajo individual y colectivo.
Brújula Digital|11|02|26|
Javier Torres
Después de tres meses de gestión del presidente Rodrigo Paz, Bolivia comienza a percibir un giro significativo. El optimismo que hoy marca las políticas económicas y administrativas debe reflejarse ahora en la gestión de la vida de los ciudadanos. Para avanzar, es imperativo rescatar las lecciones de la "época dorada" de la salud pública boliviana, previa a los 23 años de un modelo que priorizó la ideología sobre la epidemiología.
El legado de la participación y la democracia
La política sanitaria iniciada en 1983 demostró que la participación ciudadana es el mejor aliado de la salud. En aquel entonces, se priorizó el fortalecimiento del primer nivel de complejidad. Resultados históricos como la eliminación del bocio endémico a través de la yodación de la sal, y la casi erradicación del sarampión, la difteria y el tétanos, no fueron producto del azar, sino de las movilizaciones populares y campañas masivas de vacunación.
Asimismo, la mortalidad por deshidratación disminuyó dramáticamente gracias al manejo conjunto entre hospitales y centros comunitarios de las Sales de Rehidratación Oral (SRO). Fue una salud hecha por y para la gente.
Del DILOS al colapso del sistema actual
En 1994, la Ley de Participación Popular permitió la creación del primer seguro público materno-infantil de la región, que alcanzó su madurez en 2002 con el Seguro Universal Materno Infantil (SUMI). Este modelo consolidó la autonomía municipal y transfirió recursos directamente a las regiones, donde eran fiscalizados por la propia comunidad a través del Directorio Local de Salud (DILOS).
Un dato que no debemos olvidar: el financiamiento per cápita permitía que hospitales en quiebra lograran superávit. El Hospital del Niño en La Paz y en Santa Cruz, por ejemplo, no solo eran autosuficientes, sino que contrataban personal con fondos propios.
Hoy, la realidad es opuesta: bajo el modelo centralista, estos mismos hospitales enfrentan una saturación crítica y falta de insumos básicos, debido a que los recursos "duermen" en el nivel central o se pierden en burocracia.
Propuesta: El Modelo 50/50 y la Salud Local
El nuevo horizonte político tras octubre de 2025, bajo la premisa de "capitalismo para todos" y la fórmula administrativa 50/50, ofrece el marco ideal para reconstruir el sistema. Trasladar la planificación al nivel local es una necesidad prioritaria para que el sistema responda a la realidad nacional.
Hacia una mirada integral
La salud no termina en el hospital. La integralidad nos obliga a fortalecer la educación, la seguridad alimentaria, el cuidado de los ríos y la energía limpia. Estos aspectos solo pueden ser abordados con agilidad desde el nivel municipal, reduciendo la asfixiante burocracia central.
Si bien la transición epidemiológica nos plantea desafíos nuevos (cáncer, enfermedades metabólicas), los niveles de pobreza no han variado significativamente, por lo que las condiciones sanitarias de los años 90 siguen siendo una prioridad. La alta especialidad requiere una "ruta crítica" técnica, no el desorden catastrófico que heredamos.
Bolivia tiene la oportunidad histórica de construir un país saludable. Es momento de volver la mirada a lo local, donde nace la verdadera salud de un pueblo. Vamos al nivel local y, desde allá, construyamos una Bolivia con desarrollo económico y respeto al trabajo individual y colectivo.
Javier Torres Goitia Caballero fue ministro de Salud y Deportes.