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Sociedad | 31/01/2026   05:32

Dos iglesias casi idénticas unen a Chillán y La Paz a través de la arquitectura

Su parecido despierta curiosidad y ofrece una ventana para entender cómo las ideas arquitectónicas cruzaron fronteras en el siglo XX y dieron forma a templos que comparten una misma historia regional.

Fotos de las iglesias de Chillán (izq.) y San Miguel/Wikicommons
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Brújula Digital|31|01|26|

A más de 2.000 kilómetros de distancia, en dos países distintos, se levantan dos iglesias caracterizadas por su notable parecido. Una está en Chillán, en el sur de Chile; la otra, en La Paz, Bolivia. Sus grandes arcos de hormigón y su nave de líneas hacen que sean muy parecidas. La similitud entre ambos edificios no es casual y remite a un momento clave de la arquitectura religiosa en América Latina.

La Catedral de Chillán fue concebida tras el terremoto de 1939, uno de los más devastadores de la historia chilena, que destruyó gran parte de la ciudad. La reconstrucción incluyó la decisión de levantar un nuevo templo principal que simbolizara no solo la fe, sino también la resiliencia y la modernización urbana. El resultado fue una iglesia radicalmente distinta a las construcciones religiosas tradicionales: una estructura de hormigón armado formada por una sucesión de arcos parabólicos y coronada por una gran cruz exenta que se convirtió en uno de los hitos urbanos de Chillán.

Jorge Larraín Cotapos, obispo de la ciudad, le encargó a su sobrino Hernán Larraín Errázuriz el diseño de una propuesta, quién la elaboró como su proyecto de titulación como arquitecto de Universidad Católica de Chile.

La reconstrucción fue iniciada en 1941. La maqueta fue exhibida en la antigua Compañía de Teléfonos de Chillán y gran parte de la sociedad de la época criticó severamente el modelo arquitectónico, pues su estilo moderno difería totalmente con el usado hasta entonces. 

Tras su inauguración en la década de 1950, la catedral chilena adquirió rápidamente notoriedad fuera de su país. Publicaciones especializadas y circuitos eclesiásticos difundieron su imagen como ejemplo de una arquitectura moderna aplicada al culto religioso, en un momento en que el uso del hormigón armado comenzaba a expandirse en América Latina. Para muchos arquitectos y urbanistas, el templo representó una forma de conciliar simbolismo cristiano, funcionalidad y un lenguaje contemporáneo.

Esa influencia se refleja en la iglesia de San Miguel de La Paz, construida algunos años después. Aunque su escala y emplazamiento son distintos, el diseño presenta rasgos claramente emparentados con el modelo chileno: arcos sucesivos, una nave amplia y una marcada ausencia de ornamentos clásicos. Estas características han llevado a que el templo paceño sea frecuentemente comparado con la catedral de Chillán y, en no pocos casos, confundidas entre sí.

La construcción del templo paceño se inició en 1963, concluyéndose las obras en 1967, cuando monseñor Jorge Manrique, arzobispo de La Paz, consagró el templo con el nombre de San Miguel Arcángel.

La iglesia de San Miguel no replica de manera exacta el edificio chileno, pero sigue el diseño general. Especialistas coinciden en que forma parte de una corriente de modernismo religioso que se extendió por la región a mediados del siglo XX, cuando la Iglesia católica buscaba actualizar su imagen arquitectónica en ciudades que crecían y cambiaban con rapidez. La corriente arquitectónica es la del modernismo.

Tanto en Chillán como en La Paz, estas iglesias se levantaron en contextos de transformación. En Chile, la catástrofe natural aceleró la adopción de soluciones arquitectónicas modernas; en Bolivia, el crecimiento urbano y los cambios sociales impulsaron la construcción de nuevos referentes religiosos. 

En ambos casos, el hormigón armado permitió crear edificios de gran escala, sobrios y duraderos, capaces de convertirse en puntos de referencia dentro del paisaje urbano.

Hoy, la catedral de Chillán es considerada una de las obras más representativas de la arquitectura moderna en Chile, mientras que la iglesia de San Miguel ocupa un lugar destacado –aunque menos conocido– dentro del patrimonio arquitectónico de La Paz. 

Su parecido despierta curiosidad y ofrece una ventana para entender cómo las ideas arquitectónicas cruzaron fronteras en el siglo XX y dieron forma a templos que comparten una misma historia regional.

BD/RPU





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