La fe, los estudios y los primeros rituales marcan la experiencia juvenil en la feria paceña.
Brújula Digital|24|01|26
María Fernanda Pando
A las 12:00 en punto, cuando el sahumerio pasa de mano en mano y el humo se eleva como promesa, muchos jóvenes se detienen por primera vez frente al Ekeko, buscan convertir en realidad aquello que hoy solo cabe en una miniatura, en “esa hora exacta”, como repiten los amautas, cuando la fe encuentra su mejor momento.
Algunos llegan junto a sus padres, otros junto a hermanos o parejas, y varios admiten que nunca antes participaron en esta costumbre que cada enero reúne a miles de paceños. Entre ellos un joven que, acompañado de su madre, decide probar suerte con un vehículo en miniatura. Escoge el puesto que, según escuchó, “más suerte tiene”, atendido por el amauta que mejores augurios reparte.


Frente a la fila de sahumado, reconoce que es su primer acercamiento a la tradición. “Es la primera vez que hago esto (…) la esperanza es lo último que muere”, dice, convencido de que la fe puede abrir caminos en el año que empieza.
El estudio también es otro de los grandes pedidos de los jóvenes, desde títulos universatrios, hasta maestrias y doctorados. Un universitario, acompañado por su hermano y su mamá, sostiene un certificado simbólico con la esperanza de concluir su formación profesional. “Estoy comprándome certificado para salir titulado de la universidad”, comenta.

Esa misma expectativa también vive entre quienes no solo recorren la feria, sino quienes trabajan en ella. Desde su puesto de miniaturas y sahumerio, un joven amauta explica que los títulos académicos, los billetitos y los canastones encabezan los encargos en la feria.
A pesar de atender a los demás, él guarda su propio deseo: terminar sus estudios universitarios. “Quiero que el Ekeko me cumpla terminar mis estudios”, confiesa. Postergó su ingreso a la universidad para priorizar sus ingresos y sustentarse, pero no pierde la esperanza de que este año pueda concretar sus sueños.
No obstante, aclara que, según la tradición, él no puede sahumar sus propias compras; debe ser otro amauta quien se encargue de ello para que se puedan cumplir sus deseos.

La confianza en el Ekeko también nace de lo vivido, una estudiante de promoción del colegio sahúma su título de bachiller y recuerda que el año pasado obtuvo buenas notas y una mención de honor. Esta vez suma un nuevo deseo: un pasaporte para viajar al extranjero.
A pocos pasos, por uno de los típicos callejones de la feria, el amor joven también encuentra su espacio. Una pareja veinteañera realiza su primera compra conjunta con una casita en miniatura. Sueñan con un hogar propio, salud y estabilidad, con un poco de timidez y un poco ruborizados, contaron orgullosos que fue la primera vez que asisten en pareja a la feria.

Acto de inauguración
En un acto de inauguración cargado de cultura, baile y música, la Alcaldía de La Paz resaltó que la Alasita nace en Bolivia y vuelve a desplegar su identidad en 68 sectores, donde conviven los juegos, la comida, las miniaturas y el api, y donde este año, como novedad, también se abren paso los puestos de ropa entre los pasillos de la feria.
Aunque se esperó con ansias la presencia del presidente Rodrigo Paz, la ceremonia tuvo que iniciar sin su presencia a las 12:00, donde estuvieron presentes autoridades municipales, el viceministro de Culturas y Folklore, Andrés Zaratti, la vocera presidencial, Carla Faval ,entre otros.
La feria estará presente en el Parque Urbano Central hasta el 15 de marzo, una semana antes de las elecciones subnacionales.



BD/MFP